Acabo de llegar del crucero 4-11 de Septiembre, en el Splendour of the Seas y esto es lo que me pareció:
-La documentación del viaje es lo más cutre que he visto en mi extensa vida de crucerista. Unos papeles impresentables, largos y estrechos, escritos casi todos en inglés y sin separación entre palabras ni ningún signo de puntuación de forma que era casi imposible leerlos sin arriesgarse a un mareo. Ningún folleto del barco, fotografía, mínima información...; nada de nada.
-El embarque fué más ó menos rápido, aunque no hubo mostradores especiales para los cruceristas de suites, cosa que ocurre normalmente. Tampoco ofrecieron ni una cerveza durante el tiempo de espera.
-El barco es bastante espectacular en sus zonas comunes, tanto interiores como exteriores, especialmente el "Centrum" y aledaños, el Teatro, la discoteca del Observatorio, el Casino, el restaurante King & I, la zona de tiendas, las piscinas (interior y exterior), el gimnasio, Spa...,. Nada que objetar en éste apartado.
-El camarote 8076 me produjo una profunda decepción. Se trata de una Junior Suite de más de 3.000 euros que deja más que mucho por desear. Es pequeño y con un equipamiento casi de "patera". La cama ancha pero con un colchón blando y la colcha debe llevar puesta desde el día de la botadura; el armario no es más que un hueco en la mampara, lleno de perchas, sin la más mínima distribución interior; los cajones muchos y repartidos por doquier, pero de una medida tan especial que dentro no cabía ni una camisa doblada; la nevera vacía y sin funcionar (suplida ésta carencia increíble con unas cuantas latas de Coca-Cola y Sprite amontonadas encima del mueble "tocador" y un cubo con hielo; todo de pago, naturalmente). Juro que no lo había visto en mi vida. La moqueta, fea, vieja y sucia. Algunos de los muebles, llenos de arañazos y señales. El aire acondicionado pobre, húmedo y sin regulación posible. La televisión no tenía ni un sólo canal en español. El "hilo musical" no funcionaba, por supuesto. En cuanto a la terraza, era amplia, éso sí, pero con la barandilla (de cristal) absolutamente opaca de la mierda y el suelo de un metal verde rugoso donde más valía no pisar descalzo, consistiendo su mobiliario en dos sillas de plástico y una tumbona medio rota. El baño normalito tirando a cutre; sin un albornoz, ni champú, ni gel, ni colonia, ni frasquito de nada; sólo una mini-pastilla de jabón. La presión del agua de la ducha, de risa. El único aliciente era esperar a la noche para ver qué animalito era capaz de hacer el camarero doblando habilidosamente las toallas encima de la cama. Ah!, y tomarte la chocolatina que te dejaba encima de la almohada. Si éstas son las "suites", puedo imaginarme los camarotes "normales".
-A los niños se les impedía sistemáticamente el uso de la piscina interior y de todos los "jacuzzis", tanto exteriores como interiores. Hablo de niños de 13 años no especialmente "revoltosos". Las actividades para ellos eran casi inexistentes y apenas había información sobre las mismas. Menos mal que tenían el mini-golf y el muro de escalada.
- Respecto a las excursiones, la cosa ha sido de juzgado de guardia. Nunca he estado en un crucero (y llevo diez) en que hayan sido peores, más caras y peor organizadas. Menos mal que en Marsella y Roma nos movimos por nuestra cuenta y gracias a ello vimos algo, porque en Mónaco la visita duró menos de lo que tardan los Fórmula 1 en atravesar el túnel y en Florencia lo que sí conocimos muy bien fué el trayecto, andando por supuesto, desde donde nos dejó el autobús hasta la Catedral, que no visitamos, ida y vuelta; total más de media hora de "paseo". Lo de Pisa fué todavía peor: como tuvimos que andar la consabida media hora desde el autobús hasta el "Campo de los Milagros", dió tiempo justo para hacer dos ó tres fotos. Y ésto sin contar la "preparación" de alguno de los guias, que informaron a un viajero cuando éste preguntó,¡¡en Florencia!!, que si ibamos a poder visitar el Moisés de Miguel Angel y que si ésta escultura estaba en alguna calle, que probablemente no íbamos a tener tiempo y que sospechaba que ésta obra no estaba en ninguna calle sino que, al tratarse de Miguel Angel, seguramente, estaría en algún Museo.
-Del personal de a bordo, en general, cabe decir que el comportamiento ha sido simplemente correcto y que deberían saber mucho más español. Mención especial para Virgil Ivanovici, del restaurante. Un tipo simpático y complaciente.
-En el apartado gastronómico, la nota es buena. La comida ha sido, como por otra parte lo es en todos los cruceros, abundante y de una calidad media-alta. Lo único horroroso era el café (americano), y los refrescos de "grifo".
-Los espectáculos han tenido buen nivel en general, y han sido entretenidos.
-No he usado ni la piscina, ni el gimnasio ni el spa, por lo que no puedo decir nada sobre ellos salvo que tenían buen aspecto.
-Los cruceristas, en general, eran gente correcta y de aspecto ciudado en las ocasiones de gala. Sólo me llamó la atención un sujeto que dos noches en el Casino organizó sendos incidentes al tratar de cobrar apuestas que no eran suyas ó que había colocado, en un despiste del crupier, después de caer la bola. No sé si lo echaron.
-En el apartado de propinas, exigibles por día y persona, no puedo dejar de comentar que me parece una costumbre absolutamente inadmisible. La propina es una gratificación voluntaria para remunerar la prestación de un servicio exquisito más allá de la obligación de quien lo realiza. Pero como ocurre que el personal que trabaja en todos los cruceros, generalmente de paises del tercer mundo, lo hace por cuatro duros, la Compañía de turno considera que el pasajero debe pagar la diferencia. En éste Crucero se ha dado el caso de un bebé de 10 meses que viajaba con sus padres en una de las suites más lujosas, que no sólo ha pagado su pasaje religiosamente y sin ningún descuento, sino que también se ha considerado que debía pagar propina. A éso se le llama hacer clientela.
Pues nada, si sirven éstas impresiones, para mal ó para bien, a algún futuro cruceristas del Splendour of the Seas, me alegraré.
E.P.B.