Corfú es mitología, es historia griega: su nombre griego, Kérkyra, recuerda a Poseidón, dios del mar, y a Asopo, río de la Grecia continental. Y entre los capítulos que conforman su historia, Ulises aparece como protagonista en mayúsculas en alguno de ellos, pues eligió a la Isla de Corfú para realizar la última parada en su viaje de regreso a Ítaca.
A priori, Corfú resulta una de las islas griegas más desconocidas. De partida es de las menos mediática. Pero tras la visita, Corfú confirma las sospechas minoritarias sobre su consideración como una de las más bellas de las islas griegas del Mar Jónico.
Los cruceros han situado a la Isla de Corfú en el mapa internacional. Las escalas de casi todos los cruceros que recorren las islas griegas suelen incluir una visita a la isla, sí o sí. De hecho, hay épocas del año en que la mayoría de los visitantes de Corfú lo hacen, tal y como comentábamos, a través de su puerto, como parada y excursión de un día del recorrido de su crucero. Y muchos repiten visita a Corfú posteriormente, tras esa primera toma de contacto que les permite el crucero.
Corfú recibe a sus visitantes con una estampa inigualable, una postal que comparten su Fortaleza, el mar y el entorno natural que la envuelve, destacando el paisaje de olivos que cubre gran parte de la isla, resultado de los altos índices de lluvia que registra, los más elevados de toda Grecia.
Su extensión se reparte entre naturaleza, patrimonio e historia. Destacando especialmente dos espacios: la ciudad vieja de Corfú, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2007 y sus playas de agua cristalina, principal reclamo a nivel internacional.
Relax, desconexión, naturaleza, sabor mediterráneo, modernidad
y tradición, son algunos de los calificativos que transmite Corfú en su totalidad. La isla cuenta con un rincón asociado a cada uno de ellos, con un motivo de visita para conocer una cara distinta de esta isla griega.
Las zonas más concurridas son las ciudades de Gouvia, Komeno y Gastouri, gracias al famoso Palacio Achilleion de Sisí Emperatríz, y, sin duda, su capital, Corfú.
Un paseo por alguno de estos lugares más visitados permite identificar a primera vista dos colores que no son el azul y blanco clásicos de las islas griegas, y que raramente se puede encontrar en la arquitectura tradicional de las islas jónicas, pero que identifican dos souvenirs que casi todos los visitantes llevan consigo el amarillo y el naranja. El primero relacionado con las esponjas naturales, provenientes del Mar Jónico; y el segundo con Kumquat, un licor de mandarina muy típico de la isla.