BARI
Bari, capital de la región de Apulia, se encuentra bañada por las aguas del Adriático. A un excepcional emplazamiento geográfico se suman la fertilidad de las tierras que la rodean y un activo puerto, todos ellos ejes de su secular prosperidad.
El trazado sinuoso de las calles del casco antiguo, junto a sus poderosas construcciones medievales, son testigos del pasado histórico de Bari, que contrasta con el nuevo esquema urbanístico del siglo XIX.
Esta dualidad hace fascinante el paseo por las calles de la capital, sólo contrariado por la elevación de algunas fábricas textiles e industriales que se interponen en el paisaje.
Las actividades culturales que ofrece Bari se enriquecen con la celebración de la popular Feria del Levante. En la actualidad, Bari es una próspera ciudad del Mezzogiorno, que, aunque conocida fundamentalmente por ser la puerta de entrada a Europa de la emigración ilegal de Albania, Turquía y los países balcánicos, esconde auténticas joyas de la historia de la arquitectura y una vida cultural resumida en sus celebradas editoriales y universidad.
Historia de Bari
Los ilirios fundaron la primitiva Bari junto a lo que hoy es el puerto. Ocupada más tardes por griegos y romanos, la antigua Barium pasó de ser un pequeño puerto comercial a una gran metrópoli a partir del siglo IX, cuando Bizancio la convirtió en su capital en el sur de Italia.
En el siglo XI fue sometida al poder de la dinastía normanda de los Altavilla, y en el siglo XII, en el pleno desarrollo de las cruzadas, Bari va a conocer una época de auge constructivo bajo el dominio suabo, prueba de ello son la iglesia de San Incola y el Duomo. En 1215, Federico II se alza con el poder en todo el sur italiano, y en Bari actúa fundamentalmente en construcciones militares. Poco después la dinastía angevina declinó la fructuosa situación de Bari hacia un período de decadencia provocado por las disputas de los gobernantes locales y la inquietante presencia del ejército veneciano.
Aragoneses, españoles y napolitanos mantuvieron un cierto aislamiento de la ciudad, interrumpido durante el reinado de Joachín Murat (1815), con quien la expansión de la ciudad moderna. Este bienestar se prolongó hasta la unificación, en el siglo XIX, y con el gobierno de Mussolini, que erigió la universidad.
Muy castigada durante la II Guerra Mundial, Bari es sin duda la ciudad más próspera del sur de Italia, sólo comparable con Nápoles, y su puerto, uno de los más importantes del Mediterráneo Oriental.
Basílica di San Nicola
La ciudad se muestra claramente dividida en dos sectores, Bari Vecchia, de trazado sinuoso y calles estrechas en una península que se adelanta entre los dos sectores del puerto, y Bari Nuova de urbanismo en retícula y amplias avenidas, que se une a la parte antigua con respeto patrimonial y armonía estilística.
En los dos sectores abundan las grandes arquitecturas y las obras maestras del arte, pero debemos empezar nuestro recorrido por la ciudad antigua.
En Piazza San Incola se erige la basílica de San Incola, ocupando el centro de la llamada “cittadella nicolaiana”. Su construcción se llevó a cabo a partir de 1087, cuando llegaron a la ciudad los restos de San Nicolás de Bari, nacido aquí y obispo de Mira, en Asia Menor.
Las obras arquitectónicas de la basílica, que obedecen a la estética del Románico, se dilataron hasta 1197. Su fachada presente una división tripartita a través de pilastras adosadas al paramento, a ambos lados se levantan dos campanarios.
El interior, muy sobrio, se estructura en tres naves cubiertas por un artesonado que data del siglo XVII. En la cabecera, junto al altar mayor, se exhibe una custodia del siglo XII que antecede a la cátedra marmórea del obispo San Elías, fechada en 1105.
Además, el visitante puede advertir la presencia del monumento de Bona Sforza, realizado en las últimas décadas del siglo XVI, la pintura del Vivarini Virgen con Santos, compuesta en 1476, y el altar en plata de San Nicolás de 1684.
Bajo el transepto se encuentra la cripta que alberga los restos de san Nicolás.
Su interior presenta unas destacadas columnas coronadas por capiteles de época bizantina y románica. La basílica exhibe desde 1966 un excelso conjunto de pinturas, esculturas y restos arqueológicos procedentes de las excavaciones llevadas a cabo durante su restauración. Además guarda el famoso tesoro que cuenta, entre otras piezas, con un cobre esmaltado del siglo XIII en el que se representa a san Nicolás coronando a Ruggero III.
DUOMO DI SAN SABINO
En la plaza que antecede a la basílica se encuentra la iglesia de San Gregorio, una pequeña construcción fechada en los siglos X y XI, realizada en románico pullés y de planta rectangular articulada interiormente a través de tres ábsides. A continuación, por la Strada delle Crociate, se llega a la iglesia de San Marcos, edificación veneciana del siglo XII, y más abajo el Duomo di San Sabino, cuya fachada principal vierte a la Plaza Odegitria. Su proceso constructivo se inició en estilo románico durante la primera mitad del siglo XI, aunque fue reconstruida en las últimas décadas del siglo XII tras la demolición protagonizada por Guillermo el Malo en 1156.
En su exterior se observa una fachada de tres calles con unas portadas rehabilitadas en el siglo XVIII y coronadas por un frontón triangular en el que abre un destacado rosetón.
Su perímetro exterior se caracteriza por la sucesión de esculturas románicas de temáticas fantásticas, ventanas bíforas y arquillos ciegos que se distribuyen con homogeneidad por su paramento. El interior, que destaca por su sencillez, se divide en tres naves separadas por columnas y triforios. En la cabecera se conserva un fastuoso púlpito de los siglos XI y XIII, además de restos de pinturas al fresco del siglo XIII. Bajo el transepto se sitúa la cripta, en la que se disponen las reliquias de San Sabino. En uno de los laterales de la catedral tiene su sede el Museo Diocesano que cuenta en su colección con el Sarcófago del obispo San Elías, y numerosas escrituras miniadas del siglo XI.