Hola a todos
Bueno, pues si, lo de la aventura en Atenas, me toca a mi explicarlo, aunque me parece que en algún momento ya lo conté, pero ahora al completo y con todo detalle...
Siempre que voy a algún sitio, me gusta buscar información para conocer un poco la zona, llevar planos, mapas detallados, etc. En este viaje, esto lo preparé para todas las paradas, menos para Atenas, allí íbamos con un autocar, por lo que solo me preocupe de mirar el Partenón y poca cosa más
Una vez allí, hicimos la visita correctamente, y al terminar, como aún quedaba mucho para que salieran los aviones, decidimos continuar la visita por nuestra cuenta, la idea era al terminar el paseo, coger taxis para ir al puerto. Hasta aquí todo correcto, miramos por aquí, por allá, medio nos liamos, reímos, nos lo pasamos en grande, en fin lo de cada día, y llegó la hora de volver, con mucho, mucho tiempo.
Empezamos a buscar taxis, y no es que no hubieran, los habían a montones, lo que pasa, es que no nos hacían ni puñetero caso, algunos no paraban, y los que paraban no nos querían coger, yo ya me empecé a poner nervioso, mi inglés no es que sea malo, simplemente no es, y aquellos bichos amarillos seguían sin parar, y cuando Carmen y Marisy… consiguieron montar en uno, tan solo quedábamos dos grupos, y yo ya me veía quedándonos los últimos y toda la tarde acordándome de la familia de los taxistas atenienses, y sin que ninguno considerase oportuno cumplir con su obligación , que es la de llevar unos pasajeros a un destino, en fin, me plantee ir en metro, pero sin planos, sin itinerarios y con la que llevaba encima, la opción era un poco liada, por suerte un taxi paro, y gracias a Andrés, nos montamos en él, y salimos hacia el puerto, aunque durante todo el recorrido y hasta que no vi los barcos no confiaba en que aquel individuo cumpliese con el recorrido pactado, por suerte si lo hizo.
Hoy lo recuerdo, y aún me cabreo, pero todo tiene su lado bueno, ahora ya se que si alguna vez vuelvo a Grecia (opción poco probable), a Atenas (menos probable aún) y decido ir a visitar por libre la ciudad (opción pero que muy, muy poco probable), jamás y bajo ningún concepto consideraré los taxis como un vehículo de transporte, se les puede considerar, ladrones (por sus precios arbitrarios y abusivos) impresentables (por su nula seriedad), mobiliario urbano de diseño (porqué están por todas partes, aunque no sirven para nada) incluso animal de compañía (siempre hay alguno aparcado al lado de una farola, o comiendo en algún rincón), pero un sistema rápido, cómodo y profesional para ir de un lugar a otro, esto jamás.
En fin una más para contar, ahora solo espero una cosa, que algún día, en alguna calle, carretera o lugar, un turista griego, a poder ser ateniense y si es taxista mucho mejor, necesite alguna información, se la pienso dar con la misma profesionalidad, la misma eficiencia y el mismo rigor con que me trataron a mí.
Mira que me lo llegue a pasar mal, y encima en Vilanova miré los planos y la estación de El Pireo, está como mucho a un par de kilómetros del barco, es decir, a unos veinte minutos andando, quien me mandaría a mi, intentar coger un bicho amarillo de aquellos, con lo bien, y lo a gusto que se va en el metro, porqué como mucho has de vigilar la cartera, y no me imagino un metro pasando de ti, porqué no le gusta el sitio donde quieres bajar.
Y esta es la historia del taxi griego, a partir de ahora para mí, las palabras Grecia y taxi son incompatibles, o voy a Grecia o voy en taxi, pero las dos cosas a la vez nunca más.
Y siguiendo con “momento griegos”, otro día contare las aventuras con los burreros de Santorini, no tiene nada que ver con los bichos amarillos de Atenas, pero también demostraron que profesionalidad y honradez son conceptos que no acaban de tener nada claros.
Bueno, y esto es todo, otro día más