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El entretenimiento en ese barco también fue bastante pobre. Creo que los animadores o estaban cansados, o enfermos, o aburridos, pues lo cierto es que la diversión no era realmente divertida; apenas lograba hacernos pasar el rato fuera de la cabina, aunque en ocasiones hubiésemos preferido refugiarnos en una buena película en la televisión. La discoteca estuvo casi siempre vacía, con música más propia para ambientar ascensores que para bailar y sólo dos de los espectáculos presentados en el teatro tuvieron una calidad excelente.
De las excursiones y los puertos, pues acá cambia el panorama para nosotros. Encontramos que los puertos valieron toda la ilusión que pusimos en ellos. Copenhague, Estocolmo, Helsinki son ciudades preciosas, con gente linda y amable, y atractivos para todos los gustos. Sentimos que el tiempo que pasamos en cada una de ellas fue muy poco para nuestro deseo. Todas esas ciudades se pueden hacer con los buses turísticos de la ciudad, que ofrecen una panorámica muy completa y son menos costosos que las excursiones del barco, pues los billetes cuestan alrededor de 22 euros por persona y se pueden usar el día entero.
En Copenhague pudiera llegarse caminando al centro pero en realidad es un poco lejos, tomaría cerca de 1 hora y se llegaría muy cansado para continuar. Esta ciudad es un poco más cara que las demás, (por ejemplo, una tarjeta postal puede llegar a costar hasta 2 euros, cuando en las demás se obtienen por menos de la mitad); sin embargo vale la pena recorrer todo lo que se pueda de ella haciendo las paradas obligadas del bus (y deteniéndose un rato en Nyhavn, en la calle Stroget, en el Icebar) y probar sus especialidades, como el smorrebrod o el polser callejero; los autobuses turísticos nos llevaron hasta el mismo barco al finalizar el día, a pesar de no ser parte de su ruta, lo cual fue bastante agradable para nosotros que ya habíamos caminado muchísimo.
Helsinki la hicimos caminando, luego de tomar un autobús público hacia el centro (Senate Square) y una vez allí, siguiendo a pies juntillas las instrucciones del brochure "Helsinki on foot" (se puede bajar de Internet o comprar en estafetas turísticas por 2 euros) que está muy completo y bastante fácil de comprender. Allá almorzamos en un Restaurante de comida finlandesa excelente llamado Aino, el cual, aunque no es muy económico, recomiendo mucho, y una vez allá, probar su muy buen pan de centeno, su vodka y la famosa sopa de salmón finlandesa que es extraordinaria. La cerveza típica Sahti no nos gustó mucho.
Estocolmo es también necesario recorrer en el autobús, porque muchas personas se limitan al Gamla Stan, (que es la bellísima parte medieval y donde está el palacio Real y la Catedral, además de tiendas y cafés), y se pierden del encanto del resto de la ciudad, obviando atractivos maravillosos como el museo del Vasa, que para nosotros fue lo mejor de ese día, o el raro pero agradable Tunnbrod callejero (alimento bastante completo y sabroso compuesto por pan, papas, salchichas, ensalada y aderezos). Lamentablemente nos resultó imposible probar alguna bebida Sueca. Nos gustaron especialmente las horas que pasa el barco atravesando los archipiélagos de Estocolmo a la llegada y a la salida, con miles de islas preciosas que te dan ganas de visitar.
De Tallin, pues fue la sorpresa del viaje, pues es una ciudad acogedora, hermosa, con un ambiente de brazos abiertos para el turista. Se puede recorrer perfectamente caminando, no es necesario tomar ni siquiera el bus turístico pues todo lo que tiene interés está concentrado en la parte medieval que se encuentra bastante cerca del puerto, y donde se pueden encontrar, además de las edificaciones de interés histórico, todas las tiendas, restaurantes, cervecerías que se quiera. Los hombres que componían nuestro grupo incluyeron, como parte de los atractivos de Tallin, el contraste entre los ojos muy azules y el pelo oscuro de las chicas, realmente bonitas. Nosotros quisimos tomar el autobús turístico para ver qué había más allá de la parte medieval, y luego de hacerlo nos convencimos que para el que dispone de poco tiempo lo mejor es quedarse en el casco antiguo, donde se encuentra todo lo interesante.
De Warnemuende, aunque es lindo, realmente sí vale la pena ir a Berlín desde allá, si se cuenta con alguna compañía que les ofrezca el tour completo con transporte (los del barco son demasiado costosos y no tan completos). Nosotros contratamos una que se llama "a friend in Berlin", que nos proveyó de un guía de habla castellana extraordinario (se llama Carlos y es peruano) y nos costó menos que las excursiones del barco. Éramos 6 personas en un vehículo muy cómodo y con ellos vimos todo lo que quisimos en Berlin, lo antiguo y lo moderno, las tiendas y los monumentos, todo en breves horas, con tiempo incluso para almorzar algo típico y comprar algunos recuerdos. Al regreso tuvimos hasta tiempo para pasar en las tiendas junto al puerto de Warnemuende, que son encantadoras.
Rusia, sin embargo, es otra cosa. Por caras que puedan ser las excursiones del barco, creemos que es necesario contratarlas. Hubo personas que sacaron visa rusa, que contrataron tours independientes y lograron ver San Petersburgo, pero el trato de los oficiales e inspectores de migración rusa es mejor para los que poseen excursiones del barco. Además de pedirte tu pasaporte, te exigen documentos que prueben que vas a hacer tours y excursiones. Las del barco pasan sin mayores problemas y ágilmente. Los que no tienen excursiones del barco o los que tienen otro tipo de excursiones son inspeccionados por mayor tiempo y hasta con mayor desconfianza. De hecho, escuchamos (en una versión que no pudimos confirmar) que hubo una pareja que a pesar de haber tenido la visa rusa, fue impedida de entrar a territorio ruso