Por último, en la principal cima de la ciudad, en el seno del inmenso pulmón verde de Monsanto, en la terraza de los Montes Claros; de allí, se puede des dificil acceso de cuantos existen en Lisboa, el de Cristo Rei, que se alza a 200 m. sobre la orilla izquierda. A su pie, un récord mundial (imbatido desde 1.966): los 2.000 m. de tramo metálico de una sola pieza del puente del 25 de Abril, cuyo tablero franquea el estuario a 70 m. por encima de las aguas.
Pero no queda prácticamente nada de la ciudad: el 1°de noviembre de 1.755, día de Todos los Santos, una sacudida de una violencia inusitada hizo que la ciudad se desplomara como un castillo de naipes. Luego, vendría el maremoto, que en tres minutos, ahogó a diez mil personas. Y, por último, el incendio, que arrasó por completo una ciudad construida, en lo esencial, con madera. Se estima en más del 10% las víctimas inmediatas de la catástrofe (la capital de Portugal contaba entonces aproximadamente con 250.000 habitantes). Todas las riquezas artísticas desparecieron, salvo las de Belém, barrio parcialmente salvado del fuego. La reconstrucción sería pronto emprendida por un ministro riguroso, Carvalho e Melo, futuro marqués de Pombal: de sus planes saldrá una ciudad trazada en ángulo recto. Desde la terraza superior del elevador de la Belle Époque, la mirada desciende hacia el Rossio, que muestra la fachada en peristilo del teatro. En dirección al Tajo, entre las calles paralelas de la ciudad construida por los urbanistas de Pombal, se elegirá la más concurrida, la rua Aúrea (del Oro), que fue en su origen la de los banqueros, los cambistas y que ha sido siempre la de los joyeros. En el extremo Sur, la praça do Comércio fue, durante largo tiempo, considerada como una de las más hermosas realizaciones del urbanismo europeo del siglo XVIII. Se abre en el cais das Colunas (muelle de las Columna s), sobre el mar de la Paja. Quien disponga de poco tiempo se beneficiará de los servicios del tranvía «histórico», que parte de la plaza del Comercio (de junio a septiembre todos los días de 10 a 15 horas, así como tres noches a la semana, a las 21 horas) para dar una vuelta por los alrededores de la ciudad durante dos horas. De la plaza de los Restauradores, donde se inicia el gran tapiz de la avenida da Liberadade, tomar, en la esquina del palacio Foz, el funicular: al Norte de la estación superior, la terraza de los jardines de Sao Pedro ofrece una vista impresionante de todo el centro de Lisboa, con la colina que lleva al castillo, como telón de fondo. Hacia el Norte, el parque botánico; al Sur, es preciso detenerse en Sao Roqae: la capilla San Juan Bautista constituye allí una de las extraordinarias realizaciones del arte barroco en Portugal: un museo de Arte sagrado está contiguo. Más abajo, prestar atención al barrio del Chiado y, hacia el Oeste, al Bairro Alto, teatro de la vida nocturna. De la praça do Comércio, se subirá a la terraza de Santa Luzia a pie, o en tranvía (n° 10, 11 o 28), pasando primero delante de la iglesia Santo António da Sé (patrón de Lisboa, donde nació en 1.195, San Antonio es fiesta en junio en todo el barrio), deteniéndose luego en la Sé, catedral-fortaleza románica construida en el siglo XII por arquitectos franceses, al igual que la de Coimbra. En la cima de la cuesta, la terraza florida de Santa Luzia es el más agradable de los miradores de la ciudad: más abajo, el barrio de Alfama, el único de la ciudad que se salvó en parte del terremoto de 1.755. Antes de llegar allí, por las escaleras, efectuar un recorrido por el museo de las Artes decorativas (praca das Portas do Sol: vista sobre los barrios E; cerrado domingo tardes y lunes). De la praça, los escalones descienden hacia el lugar de la ciudad que ha conservado el aspecto de la Lisboa de comienzos del siglo XVIII: la fachada noble de una iglesia románica reconstruida en la época barroca: la de Sao Miguel y, en el otro extremo del barrio, Santo Estevao. Al pie de la Alfama, y abriéndose sobre el antiguo campo das Cebolas (de las Cebollas), la casa dos Bicos, con su fachada en punta de diamante (siglo XVI, restaurada y excesivamente ampliada en 1.982), alberga un centro cultural. El castillo ocupa el sitio de un emplazamiento precéltico, luego romano. Reemplazando la alcaçova musulmana, fue, residencia de los reyes de Portugal. Se puede contornear por el N para alcanzar, primero, la blanca iglesia da Graça (decorada con azulejos), luego, para el paisaje, la explanada de la Senhora do Monte. De allí, hay que dar media vuelta: la gran fachada de Sao Vicente da Fora (Extramuros) es debida al italiano Terzzi. Próximo se halla el convento de los Agustinos (nave y claustro, cerrado domingos), rico en una original colección de azulejos. Por último, el campo de Santa Clara alberga todos los martes y sábados la feira da Ladra (feria de la Ladrona), «mercado de las pulgas» de la capital portuguesa. Santa Engracia es un panteón de celebridades portuguesas. Bastante lejos de allí, al Este (yendo con el tranvía n° 3, 16 y 27), el convento de Madre de Deus alberga el museo histórico del Azulejo (acceso a los claustros, cerrado los domingos por la mañanas, lunes y días festivos). Ver también las pinturas de la iglesia. El parque Eduardo VII es fácilmente accesible desde el centro de la ciudad por el metro. Desde la calzada superior, se descubre toda la hilera de la ciudad reconstruida y construida, entre las colinas, en los siglo XVIII y XIX. Por el lado 0, se entrará en la penumbra de la estufa fría (sierra fría) y su bosque tropical de helechos arborescentes, que prolonga, por una galería, la estufa quente (sierra caliente), donde se hallan reunidas raras plantas exóticas. En el lado Este, la avenida desemboca en la gran arteria perpendicular N-S (António Augusto de Aguiar) por la cual, en 1/4 de hora a pie hacia el N se alcanza, el museo de la fundación Calouste-Gulbenkian. Este ocupa dos edificios, uno al Norte reune el arte oriental de la ed ad media, la pintura clásica y el arte decorativo moderno, el pabellón S alberga colecciones de pinturas, obras maestras de artistas del período 1.930-1.955. Del mirador de Santa Catarina al ángulo S del Bairro Alto (barrio alto), descender por el funicular hasta la plaza Dom Luís, donde se tomará el tranvia n° 18 (hacia Belém), para detenerse a lo largo del camino en el museo de Arte antiguo (de Arte Antiga). Si no se desea dedicarle más de una hora, es preciso al menos ir a admirar el gran poliptico de la Veneración de San Vicente, atribuido al maestro de la escuela de los primitivos, Nuno Gonçalves: ejecutado muy poco tiempo antes de la muerte de Enrique el Navegante (1.460). Los Montes Claros constituyen el principal de los numerosos emplazamientos panorámicos del parque forestal de Monsanto Bordeando su límite occidental, una vía desciende hacia el Tajo y se prolonga por la empinada calçada de Ajuda. Esta pasa precisamente por delante del antiguo palacio real de AJuda, constituido hoy en museo de las Artes decorativas del siglo XIX. Al pie de la colina, Belém constituía la puerta de los reyes del renacimiento. En el siglo XVI, la célebre torre ocupaba todavía un islote rocoso en medio del lecho del río. El maremoto que siguió al terremoto de 1.755, cambió por completo el paisaje. Río arriba, el monumento de los Navegantes (1.960) y, no lejos de allí, el museo de Arte popular. La torre, cuya construcción (finales del siglo XV) fue confiada por dom Manuel al arquitecto de la Kutubiyya de Marraquesh, era una fortaleza destinada a proteger la entrada del puerto y de los Jerónimos. Al Norte de la explanada, las construcciones del siglo XIX, en la prolongación de los Jerónimos albergan un planetario y dos museos de gran interés: el museo de Etnografía y de Arqueología, y el museo de la Marina y de los grandes descubrimientos. La iglesia de los Jerónimos fue la mayor obra emprendida por domingo Manuel a finales del siglo XV. En el punto culminante del arte del renacimiento colaboró, en particular, Nicolás Chanterène. Al Este, el museo de las Carrozas (dos Coches, cerrado los lunes y días festivos). Se han conservado los setenta vehículos que se guardaban allí. Principales festejos: La segunda quincena de junio, marchas (desfiles populares) en los barrios en que se honra a los santos. Espectáculos: Deportes náuticos en Belém; golf y todas las actividades deportivas en la Costa do Sol; temporada teatral de octubre a mayo; espectáculos taurinos de Pascuas a septiembre, en las arenas de Campo Redondo.