Volvió a amanecer un día más, esta noche tampoco dormí bien, note un montón el movimiento del barco. No vimos como atracaba el barco en el puerto Pointe-á-Pitre, pero a las nueve subimos a popa para desayunar con nuestros amigos y ver a qué hora emprendíamos nuestra nueva ruta en esta isla. Los últimos en llegar fueron Patricia y Alex, con sus albornoces blancos, uno con el logotipo naranja y el otro dorado, ja,ja,ja,…. Qué guapos estaban!!!! Pero hoy Alicia y Manuel, no nos iban a acompañar, tenían que prepararlo todo para el gran día. De verdad, qué emoción!!!!
En Guadalupe, se habla francés, aunque no hay problema en comunicarse en inglés como luego pudimos comprobar, gracias a Alex, una vez más (y no sería la última….) y por lo tanto se paga en euros, aunque como dijo Patricia, es más rentable negociar en dólares.
El día anterior, Juanjo compró en Martinica unas postales para enviar a casa, y preguntamos en el barco que nos costaba enviarlas, y nos cobraban 2.50€ por cada postal, así que ni se os ocurra!!!. Como cada mañana cogimos en recepción el plano fotocopiado de la isla, y vi que no quedaba muy lejos la oficina de correos de la terminal de cruceros, así que pensamos que podíamos escaparnos antes que los demás terminaran de desayunar e ir a correos, y volver a juntarnos con ellos para emprender la marcha. Así que eso hicimos, le dijimos que nos dieran 15-20 minutos, que nos veíamos abajo. Pues salimos del barco, nos topamos con unos puestecitos que venden de todo y que te obligan a atravesar para abandonar el recinto portuario, y a unas chicas de información que te hacen entrega de unos mapas en condiciones (como en los anteriores puertos, que se me había olvidado decirlo). A la margen izquierda del puerto y a la orilla de la carretera, había un montón de puestos más, pero un montón, no tuve tiempo de poder verlos como me habría gustado, íbamos justos de tiempo, y nos dispusimos a buscar “la poste”, y andando, andando, (tuvimos que preguntar a la gente varias veces, porque según el mapa nos los deberíamos de haber pasado ya, y cada vez nos mandaban más lejos,…luego me di cuenta que había mal interpretado el mapa, je ) llegamos. Por si alguno quiere enviar correo como nosotros, se encuentra en el Boulevard Hanne, al lado del Centro de Arte y Cultura. Llegamos justos de tiempo, pero la cola que tuvimos que hacer para poder comprar los sellos y enviarlas postales, fue lo que nos hizo llegar tarde. Bueno, así al menos pudimos ver algo del centro de la isla, ya que pasamos por delante del Museo St. John Perse, también pasamos por delante Plaza de la Victoria, vimos la oficina de turismo que hay antes de llegar a la Plaza, donde nos quedamos que había una parada de taxis, pasamos por delante de una iglesia,… en fin, que lo vimos todo corriendo, fue una pena, porque estaba bonito y limpio lo que veíamos. Bueno, después de pagar 2€ por el envío de las postales, volvimos corriendo al barco, y cuando llegamos nuestros amigos aún nos estaban esperando. Qué buenos fueron, si hubiesen sido otras personas, seguro que se habrían marchado sin nosotros, de nuevo os volvemos a pedir disculpas y mil gracias por esperar!
Alex habló con un taxista, y no nos convenció lo que nos quería cobrar. Les comentamos que habíamos visto una parada de taxis no muy lejos de allí, y cuando nos disponíamos a salir, se nos acercó otro taxista, de nuevo Alex le propuso lo que queríamos. Al principio no estaba convencido, pero aceptó. Así que de nuevo teníamos un taxista para los seis por todo el día y por el mismo dinero de los días anteriores (120$). Aquí nos echó una mano, hay que reconocerlo, un chico de información, que nos recomendó una playa a la que el taxista nos podía llevar al finalizar la ruta, y este estuvo de acuerdo con él. Pues nos subimos los seis en la furgoneta de Jean Pierre (este es el nombre de nuestro taxista, de éste no cogí la tarjeta) y empezamos la nueva aventura!!!
Primero nos llevó a visitar una destilería que se llama “Domaine de Sèverin”, (aquí Juanjo y yo terminamos por arrepentirnos totalmente de la excursión que habíamos hecho con el barco el día anterior a la destilería). Esta destilería, estaba en funcionamiento, y aunque se veía un poco más modesta y rústica que la de Martinica, tenía muchísimo más encanto. Después de unas compras por parte de Patricia y Alex, nos dispusimos a irnos, pero antes queríamos comprar agua. En la máquina de la tienda estaba agotada, la señora nos dijo que fuera había un pequeño bar, y allí podríamos comprar. El hombre que estaba haciendo zumo con la caña y además hablaba español, nos cobró por cada botella de 1,5litros 3€. Aquí coincidimos con el autobús del crucero, y una pareja que Patricia conocía, les dijo que estaban cabreadísimos con las excursiones que el barco les estaba haciendo, ya que no cumplían con lo que ponían en el programa…más tarde volvimos a hablar con ellos.
De aquí fuimos a la cascada de Lamentin, donde nos dejó unos 15 minutos antes de continuar con la ruta. El sitio es precioso, en medio de la vegetación encontrar una pequeña cascada, seguido de su río sin mayor ruido que el del agua… hay que verlo. El primero en bañarse fue José Luis, pero detrás fue Patricia y luego fuimos el resto a excepción de Ángeles, que prefirió no bañarse. Hizo bien, porque el agua estaba HELADA, muy limpia y tenía muchísima fuerza el agua al bajar. Recuerdo que estaban todos en el agua y poco a poco me fui metiendo, me resbalaba al pisar las piedras y me tuve que tirar de cabeza. No pude exhalar aire de la impresión! (Después de esto me salió una pupa de fiebre en el labio, tanto calor fuera y el agua tan fría….) Se pasó el tiempo y teníamos que volver con Jean Pierre. Al regreso coincidimos con otros pasajeros del crucero, que habían decidido hacer también la excursión por libre. Lo que no estoy contando, es que durante el camino, Alex iba hablando con Jean Pierre, y éste nos iba contando un montón de cosas de la isla. Nos paró al lado de un puesto típico de fruta, también nos paró al lado de una casa para que pudiésemos ver el “fruto del pan”, (al parecer, es una fruta típica de la zona del Caribe, dice que lo comen en las comidas igual que si fuera pan), también nos paró al lado de una plantación de piñas, muy curioso… Hasta que al final nos dejó en la playa recomendada, Le Gosier, que estaba muy cerquita del puerto de cruceros. Le dijimos que nos volviera a recoger, si mal no lo recuerdo sobre las 15:30h para llegar al barco y poder comer antes que cerrara el grill.
Antes de continuar, tengo que hablar de la furgoneta de Jean Pierre. Estaba limpia, íbamos cómodos, pero no sabemos que le pasaba, cada X kilómetros, se tenía que apartar al arcén porque se le paraba, tardaba unos segundos y volvía a arrancar poniéndonos en marcha de nuevo. Las tres o cuatro primeras veces, nos quedamos un poco sorprendidos, pensábamos que terminaríamos volviendo al crucero en otro taxi, o subidos a la grúa. Al final terminamos riéndonos cada vez que pasaba pensando que terminaríamos por empujar la furgoneta, pero a pesar de las veces que se le paraba, conseguimos llegar a tiempo de vuelta al barco.
La playa. Esta playa al igual que las anteriores, era de arena blanca y aguas claras, parecía como una calita, ya que tenía forma de semicírculo. Parecía una playa privada. De hecho, para poder acceder a la misma, teníamos que pasar un torno, y luego había muy, muy poquita gente en la misma. Esta es la única playa de las islas en las que hemos estado, donde he visto hacer top-less. Le echamos un ojo por un lado y por otro hasta que decidimos cual era el mejor sitio para dejar las cosas y poder meternos de cabeza al agua que estaba de película, aunque un poco movida. A la izquierda de donde nos habíamos puesto, se encontraba un restaurante de madera, que tenía una pasarela que daba a un pequeño montículo de arena con palmeritas y césped. Patricia y yo nos imaginábamos de noche, totalmente vestidas de blanco cenando con nuestras respectivas parejas a la luz de unas velas, qué bonito estaba el sitio. Patricia y yo nos llevamos del desayuno un par de manzanas para desayunar y cuando salimos del agua para ir secándonos, nos las comimos. Empezó a llover, pero llovió muy poco, aunque ya habíamos puesto nuestras cosas bajo una sombrilla para evitar que se mojaran. Pues tocó la hora de marcharnos, prácticamente era la hora a la que habíamos quedado con Jean Pierre. A la vuelta, pillamos atasco en la carretera y tardamos algo más en llegar, pero no nos preocupaba, ya que íbamos bien de tiempo.
Una vez que llegamos al barco y tras despedirnos y pagar, fuimos sin pensarlo al grill a comer. Había hamburguesas, morcillas, para preparar una ensalada,… Todos nos pusimos una hamburguesa, pero más que comer devoramos la comida. El día nos había abierto el apetito, ja,… La única que no comió nada, fue Patricia, a la pobre le sentó mal la manzana (para que luego digan que la fruta es sana!) Lo malo de dejar que pase el tiempo para contar las experiencias, es que hay cosillas que se mezclan entre sí, y después de comer no recuerdo bien qué hicimos. Pero fuera lo que fuese, se que nos marchamos pronto al camarote para ponernos nuestras mejores galas, ya que íbamos de boda!!!!