De la fortaleza a la catedral, tenemos 10 minutos caminando. Al llegar, ya no aguanto más, la espalda me puede, me tumbo en un banco, hago estiramientos varios, luego me siento, procurando que el sol me de en ella, mientras me como una manzana, entre tanto, Juan ha ido al baño. Cuándo regresa, me dice que a las 14:00 cierran la catedral, así que no hay espalda que duela, rápidamente a sacar las entradas, después de estar aquí, tenemos que entrar, por fuera se ve majestuosa.
Son las 13:30, tenemos los tickets (120kr- 15,268€ / por los dos). Le damos el ticket al chico de la entrada, ni tan siquiera se molesta en mirarlo, nos manda pasar, luego me doy cuenta, aunque también nos lo dicen, que por un lateral, entra la gente sin pagar. Novatadaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
En su interior, la Catedral de Nídaros, tiene una nave inspirada en la de la catedral de Lincoln y de la abadía de Westminster, también cabe destacar el Crucifijo de Plata, donado en 1930 por los noruegos de EEUU por el 900 aniversario de la catedral.
Es el edificio medieval más grande de Noruega, mide 102m de largo X 50 de ancho. Combina rasgos de estilo normando, románico y gótico. Aunque todo está en la oscuridad y apenas se puede apreciar nada. Para nosotros resulta una decepción, acostumbrados a las catedrales francesas.
Eso sí, os aconsejo, sentaros y observar tranquilamente el Rosetón, está inspirado en el de Chartres.
No se pueden hacer fotos, pero todo el mundo las hacía, aunque el monje sólo debió de verme a mí, no veas, que bronca me echó, no le entendí nada, pero se le notaba enfadado.

Su exterior, es monumental, nos sentamos y la observamos tranquilamente.
Después de hacerle un montón de fotos, continuamos por la Munkegata, dejamos a un lado la residencia real Stifsgarden, la cuál se puede visitar, pero con guía obligatoriamente.
Nos sentamos en un banco, un par de pitos y aprovechando que estamos en tierra firme, llamo a mi hermana.
Juan, quiere que le gaste una broma, consiste en :
-Ro, esto se hunde
Vamos, según me descuelga el teléfono, la digo eso y se me muere. A Juan, no se le ocurre ninguna cosa buena, mira que nos conoce, sabiendo cómo somos, ay Juan.