Después de dos días de navegación hemos llegado a Nueva Zelanda en la que realizaremos dos escalas. Esta primera nos ha llevado a Auckland una preciosa ciudad de algo más de un millón de habitantes es la ciudad más poblada de Nueva Zelanda a pesar de que la capital es Wellington a la que llegaremos tras otros dos días de navegación. Es una de las pocas ciudades del mundo que dispone de dos puertos en dos mares distintos (el Mar de Tasmania y el Océano Pacífico)
La excursión era la de las incluidas en el crucero y nos ha llevado a un recorrido por la ciudad. En primer lugar fuimos a uno de los parques que posee la ciudad que se llama Auckland Domain con magníficos árboles, jardines y estanques con patos por el que paseamos algo más de una hora, también en este parque hubo unas danzas típicas neozelandesas y nos dio tiempo a disfrutar de un maravilloso invernadero. Los árboles como os comentaba son enormes y uno de ellos al que véis abrazado a Rafael es muy típico de esta zona y se llama kauri.
Del parque nos llevaron a un barrio (Parnell) de casas victorianas transformadas en tiendas coquetas y especializadas en las que compramos poco, poco no admitían el dólar y querían su propia moneda.
El tour sigue por algunas playas de la ciudad que no eran nada especial, si no era el estar a pie de calle y casa que ya es un auténtico placer; playas como Mission Bay y Bastion Point que tiene un bonito puerto lleno de veleros; según nos comentaba la guía dice que hay un velero por cada tres habitantes.
Ha sido un buen paseo que nos ha dado mucha idea de esta rica ciudad, también recorrimos sus barrios residenciales y se nota que tienen un alto nivel de vida.
Y antes de llevarnos al barco aún pudimos pasar por el famoso Bridge Harbor.
Y una comida rápida para seguir callejeando por sus magníficas calles para ver también muy buenas tiendas. Y antes de volver al barco nos dimos el gusto de subir a la Sky Tower de 328 metros de altura para ver impresionantes vistas de la ciudad incluidas las vistas de nuestro crucero. Se nos antojó hacernos una foto como si estuviéramos cayéndonos de la torre y no veáis la que armamos y lo bien que se lo pasaron el resto de los mirones (la mayoría cruceristas) que de hecho algunos repitieron “pose” viendo el éxito de nuestra foto.
Y rendidos hemos llegado al barco y ni ganas de arreglarnos para la cena, así que una escapadita al buffet para picar algo y ya estamos tan a gustito en nuestra cabina.