Tengo que explicar que tuvimos un cambio de planes a última hora, porque nuestra primera intención era ir a Malmo, por eso de visitar Suecia y cruzar uno de los puentes más largos de Europa. Pero resulta que leí en muchos foros que solo tienes que coger el tren para ir, pero en realidad son dos, ya que hay que hacer transbordo en el aeropuerto y esperar casi media hora entre trenes. Ese plan yendo con niños es poco realista. También está la posibilidad del autobús, línea 999, que se coge junto a la estación Central y que vimos al llegar a la estación, pero tampoco queríamos meter a los niños 1 hora para ir y otra para volver. Así que pasamos al plan B, nos fuimos a Hillerod a visitar el castillo de Frederiksborg.
Entramos en la estación y sacamos los billetes en la maquina, unos 30€ los tres (Pablo no paga), sin problema. El problema fue que faltaban 5 minutos para salir el tren. Buscamos el andén (spor en danés) y no lo encontrábamos, hasta que nos dimos cuenta que hay andenes a un nivel inferior. Los ascensores tampoco los veíamos (con la sillita del niño siempre dependes de los ascensores, complicándolo todo). Como el tren estaba a punto de salir bajamos por las escaleras automáticas. Todos corriendo, con Pablo en la sillita a volandas, empujando a Daniela que nunca tiene prisa y se quedaba atrás. Así que de un salto conseguimos entrar en el tren que partió nada más entrar. Hay trenes cada 20 minutos, pero nadie quiere perder ese tiempo por echarse una carrerita ¿no?
El vagón era muy curioso porque era especial para sillitas de bebés, bicicletas y minusválidos, y estaba vacío, sólo disponía de unos asientos plegables a los lados y debajo de estos una especies de mangueras con forma de lazos. ¿Para que será eso? Me preguntaba yo. Al principio íbamos solitos, pero en las siguientes paradas se fue llenando de gente con sus bicis y resulta que estos lazos eran para sujetarlas por la rueda. Así que el vagón se fue quedando lleno de bicis que lo ocupaban todo y echándonos la gente miradas de la muerte porque estaba las sillita de Pablo y les costaban colocarlas (en fin, no se si esto será normal por aquí, por que como en Marbella el tren nunca ha llegado. Somos la única ciudad de España de más de 140.000 habitantes que no tenemos tren. ¡Algún año llegará!).
Vagón con las bicis.
Continuamos, tras unos 40 minutos llegamos Hillerod con un cielo muy nublado cayendo las primeras y únicas gotas de lluvia de todo el viaje. ¡Sin problemas! Nos enfundamos los chubasqueros y tomamos rumbo al castillo.
Hillerod es un pequeño pueblo con mucho encanto. Atravesamos una calle peatonal repleta de comercios que te lleva directamente al castillo en unos veinte minutos. Como la lluvia apretaba nos tomamos un cafelito mientras los niños jugaban. Las camareras fueron muy simpáticas y le regalaron chocolatinas. Al rato apenas llovía y llegamos al castillo.
El castillo de Frederiksborg es un impresionante edificio de la ladrillos rojos y tejados verdes del Renacimiento danés. Se encuentra sobre una isla rodeado de un gran lago y unos inmensos jardines estilo Versalles, llenos de fuentes donde se respiraba una paz, tranquilidad y silencio increíbles. Visitamos el interior del castillo (150 DKK, unos 21€) y después paseamos por los jardines donde los niños pudieron correr un rato en el bonito día que se había abierto. Para mí, la estampa del castillo en el lago con los magníficos jardines es una de esas imágenes que se te quedan grabadas en la retina para toda la vida. Me encantó.
Castillo de Frederiksborg.