La tarde se presentaba apasionante, y divertida. Nos íbamos de tour por la ciudad de Luxor, no un tour cualquiera, sino uno en el que íbamos a conocer el auténtico día a día de sus habitantes y no el devenir de los turistas y sus compras compulsivas en los bazares. Saliendo por el laberinto que os he descrito antes decidimos aventurarnos a pie por las calljuelas. En principio nos encontramos en una zona demasiado turística, a medida que avanzabas el ambiente cambiaba radicalmente. La pobreza nos empezaba a invadir por todas partes, la carne se exhibía delante de nosotros en un estado...., las mujeres y sus burkas negros en los que no se le veían ni los ojos nos impresionaban a su paso, los hombres con sus ropas tradicionales aposentados en las aceras de lo qeu debían ser casas de beber y fumar la famosa cachimba. El ambiente, personalmente, desolador, cuantísima pobreza.
Decidimos entonces girar y cambiar rumbo. Nos atrevimos a coger una calesa. Pobre caballo, el grado de desnutrición era alto, luego comprendimos el motivo, nos pedían dinero para darle de comer a su caballo, la pena era grande y accedes, aunque en el fondo te des cuenta de que es parte del juego para los turistas, el caballo seguiría en ese estado por mucho tiempo, por lo menos mientras turistas como nosotros apenados por su aspecto piquemos y les demos dinero. La experiencia, aún así, fue excitante. Recorre las calles en la calesa, pidiéndote marihuana para fumar, dinero, los problemas evidentes del caos rodante que sufre todo Egipto en general, si, fue una experiencia excitante. Más tarde decidimos unirnos a un grupo del barco y nos fuimos a fumar la cachimba y tomar un té típico. Estuvo bien, además que , como ya la noche se adentró pudimos admirar el templo de Luxor completamente iluminado. Y como siempre fotitos para ilustrar el tema.