Entrar en la historia. Sabia que hay momentos en nuestra existencia, que son irrepetibles, y que solo el azar nos ofrece la ocasión de ser testigos de su acontecer. No había dormido, ante la cita mas importante de mi vida, ni más ni menos que la ultima gran dama de los nos esperaba. El día perecía aliarse con el acontecimiento, y el atardecer en la ría más privilegiada del mundo propiaciba algo grande. Con mariposas en el estomago, los dedos pegados en las cámaras, y cegados por el sol, nos acercábamos al principio de la ria, oteando una silueta mágica. De repente, entre las Cies, aparecía de forma difusa, parada, como dormida, y de momento como un barco fantasma en alta mar. A medida que nos acercábamos, un enjambre de embarcaciones se dirigía a dar la bienvenida a la reina, como abejitas ante la abeja reina. Contemplar al Queen Mary 2 por primera vez, produce un éxtasis difícil de superar. Ante nosotros medio parado, se colocaba, cual modelo coqueta, de una y otra postura, mostrándonos sus cara mas hermosa. Parecía que la naturaleza, estuviese de fiesta. La luz lloraba lagrimas doradas, e iluminaban al casco negro de nave que adquiría un mágico tono rosa, las aguas se mantenían inmutables por miedo a molestar a la dama. Minutos y minutos clavados en su fisonomía, en un silencia de celebración, de calma, luz y magia irrepetible, trae ante mi algunas observaciones. El mundo se había convertido en algo mas elegante a partir de hoy. Es difícil que un barco pueda ser tan condenadamente hermoso. Por fin, la Cunard había construido estética pura, algo que avanzaba de forma mallestática. Nada de pragmáticas cajas de zapatos, que se habían convertido los últimos buques de cruceros. Con rasgos de su madre, que como toda buena hija había superado la belleza ajada de su madre: frontal redondeado, distintivo casco negro, fiel a la tradicción Cunard, chimenea Queen Elizabeth I y sobre todo unas líneas depuradas. Un perfecto adorno para las aguas del mar. Poco a poco, el atardecer fue cayendo en la ría, y navegando a su lado, la nave fue acercándose iluminado a un puerto plagado de personas, ansiosas de vivir uno de los momentos más importantes de la historia marítima. El mundo ya no será igual. Obviamente, hay que navegar, y dejarse seducir por sus encantos. Puedo morir tranquilo.