¿Excursiones programadas? Nunca, nunca, nunca.
Quiero levantarme cuando Dios quiera (que suele ser cuando me apetece y no a hora impuesta), desayunar tranquilamente, fumar el primer pitillo relajadamente y examinar la situación, una vez despejada la incógnita sobre donde atracará el buque, antes de desembarcar. Por lo general, llevas un plan hecho con tanta aplicación como interés, con sobrada antelación, y tan estudiado que apenas necesitas consultar tus notas, pero —y eso no es malo— hay que contar con los imprevistos. Por ejemplo, al salir del buque y hollar el pequeño muelle de Honfleur, amenazaba lluvia. Fue una suerte topar con el único taxi que allí había porque, repentinamente, comenzó jarrear como yo no recordaba ni siquiera en las tormentas tropicales. Tuvimos que meternos dentro del taxi antes de haber cerrado un destino y los precios.
Antes de proseguir, conviene decir que yo esperaba que el barco atracara en Le Havre, pese a que finalmente lo hiciera donde estaba previsto. ¿Por qué?, porque en Le Havre atracó dos dias antes de llegar a Guecho en el viaje anterior (Copenhague-Bilbao) y tenía sentido que utilizara el mismo punto de atraque porque es lo que suelen hacer todas las navieras. Aquel muelle, el mas exterior de dicho puerto, no quedaba lejos de la estación marítima y de la estación central de trenes de Le Havre. Desde ésta estación el flujo de trenes es mucho mayor que los que parten de Trouville-Deauville, la estación ferroviaria mas cercana a Honfleur (a unos 12 Km), para llegar a la cual era inexcusable tomar un taxi. En todo caso, tenía claro que, de tomar un taxi en Honfleur, sería para que me llevara a la estación de Le Havre, que queda algo retirada del llamado puente de Normandía, que cruza el Sena no lejos de Honfleur. Por tren, los destinos previstos eran Yvetot y Rouen, dependiendo de la hora de llegada, porque no todos los trenes pasan por Yvetot, al N. y algo distante de Rouen.
Una vez en el taxi, pedí al taxista que nos llevara a la estación del Havre, pero enseguida le pregunté cuánto nos costaría ir a Rouen. Nos dijo que ida y vuelta, con detención de 3/4 horas para ver la ciudad, 250 euros. Entonces le pregunté si podríamos visitar tambien Caudebec y Pont-Audemer, pueblecitos que quedan cerca de Rouen, y al decirnos que no habría problema y todo por el mismo precio, cambié de planes sobre la marcha, algo que no puedes plantearte nunca en excursiones programadas, donde todo consiste en sota, caballo y rey. Como sé que habrá mucha gente que prefiera no dejar cabo por atar ni nada al azar, solo añadiré que para gustos hay colores y que cada cual tire por donde quiera.
Con todo, la cosa salió bien casi milagrosamente. Poco después de partir, el taxista comenzó a recibir llamadas requiriendo sus servicios, que excusaba diciendo que iba a Rouen y no estaría disponible hasta las 6 de la tarde. Luedo nos dijo que en Honfleur solo había tres taxis, pese a que el pueblo recibe más de 3,5 millones de turistas al año. Si a Pitupo le interesa conocer de primera mano las experiencias de los cruceristas que hicieron la excursión con la naviera, yo quisiera saber cómo se las arreglaron quienes tuvieran los planes por hacer y necesidad de un taxi porque, con solos dos taxis disponibles, imagino que estarían muy disputados.
Como curiosidad añadiré que, aun a pesar de que llovía con fuerza y circulábamos por autopista, el taxista ni se puso el cinturón ni nos pidió a nosotros que lo hiciéramos. Nosotros nos los pusimos, aunque nos recalcó que no era obligatorio. Otra curiosidad es que el taxímetro no dejaba de devorar euros. Mi mujer reparó en ello y, viendo que sin llegar a Caudebec ya superabamos el precio fijado, le pedí al taxista confirmación de los términos de nuestro acuerdo, por si hubiera habido alguna mala interpretación. No la había, pero nos dijo que debía llevar el taxímetro activado por si le paraba la policía.
Como esto se alarga, dejaré el final para otro rato. Saludos.