Hola foreros: yo he estado este año en Junio/Julio en el Gran Palladium Bávaro de Punta Cana (de la cadena FIESTA HOTELES), y puedo decir que ha sido mi peor experiencia en un viaje que se suponía de placer.
Hemos viajado 6 personas: unos amigos que hacían su 25 aniversario de boda, mis 2 hijos de 11 y 15 años, mi mujer y yo.
Ocupamos 3 habitaciones dobles (los niños pagaban como adultos).
La primera situación desagradable nos ocurrió al ocupar las habitaciones: a mis amigos les otorgaron una habitación calamitosa (higiénicamente hablando): había restos de comida por toda la habitación, cascos de cerveza y refrescos por el suelo, todo el suelo encharcado de agua, ... ¡¡cualquiera se quedaba en esa habitación!!, tuvieron que regresar a recepción y tardaron como 2 horas en darles una nueva.
Ante el sofoco del viaje y la duchita correspondiente, decido tomarme una cervecita fresquita del minibar, no me fue posible porque estaba vacío. Llamo a recepción y lo comunico para que me lo repongan y pregunté qué días concretos reponen el minibar y me dijeron que tres veces por semana, aunque eludieron mi pregunta y no me concretaron los días.
Llamé a recepción en varias ocasiones porque no me llevaban la bebida, y siempre me decían que estaba en camino y que no tardaría.
Como no llegaba, decidimos ir a cenar, a ver el espectáculo (por cierto nefasto), discoteca y regreso a la habitación. Al regreso fui a beber agua (ya que la del grifo sabrás que no es potable), y el minibar seguía aún vacío, no teníamos ni siquiera agua para beber. Llamé a recepción de nuevo, y como eran horas atípicas, me dijeron que me enviarían agua. Tuve que estar despierto “haciendo guardia” a que me llevaran el agua, que por cierto, estaba ¡¡caliente, caliente!!.
Mi hijo de 15 años (aparenta físicamente más de 20) es deportista, practicando de forma regular baloncesto y waterpolo. Llevaba sus tablas de ejercicio que le habían aconsejado en el gimnasio en el que está inscrito en Madrid para mantener su forma física, pero cual fue nuestra sorpresa cuando no se le permitía la entrada en el gimnasio por ser menor de edad (pulsera morada clara), con lo cual, durante estos días no ha podido practicar sus ejercicios, a pesar de mi insistencia ante los empleados de recepción, que hacían de correo con los directivos (que no me atendían personalmente).
Con el pequeño (11 años, que sí los aparenta) nos fuimos a realizar las diferentes actividades lúdicas de entretenimiento (tiro con arco y carabina, entre otras); pues de nuevo otra sorpresa, ya que no le estaba permitido realizar muchas de las actividades a los niños, ni siquiera estando en compañía de un adulto. De nuevo queja ante el hotel. Esta vez sí que accedieron a que el niño pudiera realizarlas, ¡¡menos mal!!.
La segunda mañana, como la primera, decido hacerme un café en la cafetera que hay en la habitación. Lo primero que tuve que hacer es quitar los restos del café del día anterior que estaban aún el al cafetera. Las tazas estaban limpias y las cucharas también, pero si hay café en las tazas, se supone que la cafetera ha sido utilizada.
Llegó nuestra primera cena temática ó a la carta. Fuimos al Restaurante Arrecife, que es el restaurante del complejo especializado en mariscos. Se nos niega la entrada del pequeño porque no tenía pantalón largo. El niño llevaba unas bermudas por debajo de la rodilla, de tergal (no iba con ropa deportiva), vestido con total corrección. Sabíamos que los caballeros tenían que llevar pantalón largo (como así lo llevábamos), pero un niño de 11 años no entiendo que sea un adulto y que haya que aplicarles ese tipo de normas. Eso sí, entraban las señoritas con pantalones de sport hasta las ingles y no había ninguna objeción para acceder a dicho restaurante. Ante mi indignación llamaron a una señorita de relaciones públicas, que en lugar de facilitar el acceso del niño, llegó a aplicar la ley con todo su rigor.
Se nos invitó a volver al día siguiente y como comunicamos que el niño no disponía de pantalón que cubriera los tobillos, que el hotel le facilitaría uno de cortesía. Le dije que mi hijo tiene una talla especial, y que no se encuentran pantalones para él, con lo cual dudo que el pantalón que tengan de cortesía en el mismo, fuera el adecuado. Como todo eran normas y negativas ante la entrada del niño, decidimos disfrazarle, eso sí, advirtiendo antes a la relaciones públicas que el niño pasaría disfrazado, ya que no hay ninguna norma que lo impida y que todo ello iba a ser grabado. A pesar de la advertencia, la señorita en cuestión no tuvo ningún reparo en consentir que tuviese que disfrazarse. El niño se disfrazó y pasó.
Una vez dentro observamos la presencia de un niño de mayor edad que el mío con unos piratas de sport que incumplían mucho más esa norma. ¡¡para caerse de espaldas!!.
Responsables del hotel contactaron posteriormente conmigo para pedirme disculpas y ofrecerme algún tipo de compensación por ese desagradable suceso. Me ofrecían disponer de 2 horas más de mi habitación (de las 12:00 a las 14:00 horas) el último día de mis vacaciones, y llevaron a nuestras 2 habitaciones una bandeja de fruta con una botella de ron. Como les dije, no quería volver más a ningún restaurante a la carta (que no fui) y no quería ninguna compensación, pero que sí me parecía justo que tuvieran "algún detalle” con el niño) que fue a quien se negó la entrada, ya que el niño no tomaba el ron de cortesía con el que fuimos obsequiados. Me dijeron que sí, que hablarían con el equipo de animación para que así fuese.
Con el minibar ha sido una lucha, ya que no lo reponen. El minibar solo se repuso en esta semana 1 sola vez.
El último día de permanencia en el complejo, a las 11:30 horas, al niño no le habían ofrecido lo que a mí me habían prometido, con lo cual llamé al responsable y dije que si lo único que pedíamos (que podía ser cualquier cosa que pudiera hacer ilusión al niño) no le había sido entregada, que en la habitación quedaban las 2 botellas de ron y que la habitación quedaba libre a las 12:00 horas, que las compensaciones no debían ser para mí, sino para el niño.
Hasta las 14:00 horas que nos tuvimos que marchar del hotel tuvieron la oportunidad de enmendar el error o el posible olvido, pero no fue así. Si así hubiese sido, hoy no estaría yo en los foros contando esta mala experiencia.
Es un hotel en el que los niños no tienen actividades adecuadas. Todo son normas, restricciones y negativas para los clientes, aunque ellos no cumplen con sus obligaciones. Son sexistas, puesto que las normas que rigen a unos y a otros se rigen en función del sexo y aprovechan al máximo estas normas para aplicarlas en niños de 11 años.
Es un hotel que en conjunto no está mal para aquellos que no sean exigentes.
No todo ha sido malo, la comida estaba bien y los jardines y el entorno también.
El personal, en general, muy simpático.
Como íbamos acompañados de amigos y además conocimos a otros chavales con los que hicimos muy buena amistad, al final hemos disfrutado mucho (a pesar de las adversidades).
Si al final decides ir, pásate por el restaurante Behique (el de las cristaleras que está situado junto a las piscinas grandes del Bávaro) y pregunta por Oscar, que estará elaborando uno de los maravillosos arroces que él sabe cocinar. No te olvides darle recuerdos míos (el español de la barba canosa que tanto le gustaban sus arroces), seguro que te responderá con una sonrisa.