Nuestro camarero se llama Santos, es de Ecuador, su mujer estaba trabajando en otro barco y tienen dos niños: uno de 8 años y otro de 5. Estaba encantado pues sólo le faltaban "9 semanas" para descansar en su casa. Confío en que no sea el camarero que dices, pues él se llevaba muy bien con su encargado, bromeaban mucho y parecía que tenían bastante confianza, me imagino que siempre con la distancia de jefe-empleado.
Nada más llegar por la noche al restaurante y presentarse empezamos a hablar toda la familia con él. Nos decía que aunque era muy duro estar tanto tiempo fuera de su casa y lejos de la familia, cada semana las personas que se sentaban en sus mesas eran su familia. Y realmente os digo que nos trataba como tal. Con mucha profesionalidad pero con un trato muy muy humano.
En casa nos acordamos mucho de todos, pues nos demostraron ese trato especial. No me gusta que me pongan la servilleta en la falda. Eso ya lo puedo hacer yo, pero sí me gusta hablar con las personas, que me cuenten sus costumbres, su forma de vida, que puedas hablar con ellos de tú a tú. Eso sí lo echamos de menos.
Recuerdo con mucho cariño a Santos, pues coincidió en el barco el cumpleaños de mi hijo (15 años) y mi madre (69 añitos)que cumplen el mismo día. Cuando cantaron, rieron y demás, Santos cogió a mi madre y le dió un abrazo: "Señora, deje que le dé un abrazo por que se lo merece". La abrazó como si fuera su propia madre. Esos detalles, no tienen precio, y todo lo que se les pague me parecerá poco, pues cuando una persona tiene esos buenos instintos...
Bueno espero que no sea él y quien sea lo tenga solucionado. Lo deseo de todo corazón.