Comparto todas tus observaciones, Sumocal.
En mi crucero en noviembre también constaté la bajada de calidad generalizada respecto a otros cruceros anteriores y que la compañía ha dejado de ser para españoles. También que sólo los camareros siguen siendo muy atentos (los de los bares, no, por cierto) y merecen ser exceptuados de la crítica, etc.
Lo que más que ha interesado de tu intervención es ver que lo que me pasó a mí no fue ocasional sino que ya puede considerarse definitivo: Iberocruceros ha dejado de ser lo que era.
Para facilitarte la lectura, te copio mis impresiones, que están en otro hilo(”Hemos evaluado el Grand Holiday”, de este mismo foro), así podrás darte cuenta que tus apreciaciones son compartidas por más cruceristas y conocer el resto de mis comentarios sobre el barco por si también quieres dar tu opinión:
He entrado en este foro de Iberocruceros para saber si alguien había efectuado ya alguna observación o queja respecto a lo ocurrido en el crucero que este mes de noviembre he hecho a bordo del “Grand Holiday”, con la intención de aprovechar un tema ya abierto para añadir mi opinión al respecto. Pero no he encontrado nada todavía. En cambio sí he descubierto este reportaje del maestro Keltic, sobre su también reciente estancia en el barco.
Lo he leído con gran atención. Como siempre en sus escritos, se dan las condiciones más interesantes para que un trabajo sea de provecho para sus lectores: claridad, amenidad y concisión.
Pero detecto discrepancias, cosa normalísima, claro está. La principal, al leer en el segundo párrafo una transcripción de las declaraciones del nuevo director general de Iberocruceros. Como contradicen abiertamente mi última experiencia de viaje con la compañía, no puedo resistir la tentación de intervenir.
Se trata de la citación sobre la vocación de orientación claramente española de Iberocruceros. Indiscutiblemente lo ha venido siendo, y yo mismo lo he podido constatar en los cinco cruceros que anteriormente había hecho con esta compañía. Tanto por la gastronomía como en el tipo de espectáculos o la animación podía afirmarse que Iberocruceros estaba enfocada a las preferencias del cliente español.
Pero después de mi último crucero ya no lo veo tan claro, si lo que me pasó viene ocurriendo también en algunos o en todos sus cruceros.
Me explicaré: solicité tener primer turno de cena, como hago siempre que viajo con Iberocruceros y a diferencia de cuándo lo hago con las demás compañías de horarios más “europeos”. Y ello debido a que comprobé que en Iberocruceros si coges segundo turno puedes acabar saliendo del comedor más allá de las once de la noche, que considero es demasiado tarde. Hay que señalar que el servicio de mesas no es especialmente rápido y que entre plato y plato puede trascurrir un tiempo variable, que en ocasiones es considerable.
Pues bien, como la adjudicación del turno de cena solicitado no está garantizada, no me extrañé de encontrarme con que no habían satisfecho mi demanda de tener primer turno y, siguiendo las instrucciones para efectuar cambios, acudí el primer día al restaurante asignado con la intención de solicitar al “maître” la posibilidad de cambio de turno.
Podéis imaginar mi sorpresa cuando la contestación a mi petición fue que no era posible complacerla debido a que TODOS LOS ESPAÑOLES ESTÁBAMOS ASIGNADOS AL SEGUNDO TURNO DE FORMA SISTEMÁTICA, para poder satisfacer adecuadamente a la masiva presencia de pasajeros de nacionalidad inglesa en el barco, para los cuales se había reservado el primer turno. Y la explicación de tan extraña decisión era la siguiente: el espectáculo teatral diario ligado al turno de cena y correspondiente al primero de ellos estaba destinado a ese público inglés y era distinto del que se representaba para los del segundo turno. Por ejemplo, no tenía ni los monólogos humorísticos de El Club de la Comedia ni otras actuaciones que tuvieran la necesidad de comunicación hablada en español.
Luego supe por los propios pasajeros ingleses, con los que tuve el placer de dialogar ampliamente durante los quince días que duró el crucero, que Iberocruceros había hecho una publicidad masiva en los “newspapers” con la intención de captar clientes de dicha nacionalidad, ofreciendo unos precios muy competitivos y incluyendo los viajes de ida y vuelta desde Gran Bretaña hasta el puerto de Barcelona.
Conclusión: no sé si tiene actualmente mucho sentido, o incluso si no es propaganda engañosa, hacer gala de ser una compañía de "orientación netamente española" si, como es el caso, en los barcos de Iberocruceros se va a generalizar, y además sin anunciarlo previamente, que sólo uno de los turnos de cena permite asistir al espectáculo teatral que se realiza en idioma español.
Sobre el barco en general: una herencia de Carnival reformada con buen gusto pero con hándicaps inevitables
Para evitar una decepción a quienes hayan viajado ya alguna vez con los antiguos barcos de
Iberocruceros (Mistral y Voyager, ahora en manos de la propietaria Costa) pero todavía no
en las herencias recibidas de Carnival (Celebration y Holiday) lo primero que deben saber es
que “viajarán hacia atrás en el tiempo”. Me explico: los antiguos buques –más elegantes, para
mi gusto- eran más modernos que los actuales, es decir, fueron botados con posterioridad,
entre diez y quince años después. Ello, además de en el diseño y en la imagen exterior, se nota
mucho en ciertos detalles importantes e imposibles de subsanar con una reforma, por lograda
que esta haya sido, como es el caso.
El primero de ellos es la altura de los escalones, algo imposible de subsanar y que notarán más
las personas mayores, sobre todo con ocasión de los obligados simulacros de evacuación o al
salir en tropel desde el lugar de reunión hasta la puerta de salida del barco en las excursiones
organizadas por la compañía, o cuando desesperen de usar los ascensores en las “horas
punta”, que son por añadidura algo lentos en este buque.
Además, aunque haya muchos ascensores y estén en perfecto estado de funcionamiento,
sabemos que en cualquier barco acabaremos subiendo y bajando muchas veces por las
escaleras. La especial altura y poca profundidad de los escalones del Grand Holiday hace que
ese ejercicio sea, y especialmente para quienes no sean jóvenes y ágiles o tengan algo de
sobrepeso, bastante más pesado que en la mayoría de buques, e incluso más peligroso, sobre
todo en los momentos en que el barco se mueve más por condiciones de viento o estado de la
mar, que es otro de los detalles que también denotan la antigüedad del barco. Consejo: no es
el barco más adecuado para personas con especiales dificultades de movilidad.
En cambio hay otra consecuencia inevitable que también conlleva la vejez del buque y que los
pasajeros no notarán, en principio. Pero no por ello es menos importante, sino tal vez todo
lo contrario. Y digo que no la notarán “en principio” porqué sólo se pondrá en evidencia en
casos que es de desear no ocurran nunca. Me refiero a la ubicación de los botes salvavidas
en la cubierta más alta, algo que ya no veremos nunca en los barcos más modernos, por el
mayor riesgo de inutilidad cuando el barco queda escorado, que es la más habitual de las
consecuencias de un accidente, como se demostró en el naufragio del Costa Concordia, donde
no pudieron llegar a mar algunos de los botes situados en el lado de babor (a pesar de estar
situados en la cubierta cuatro y no en la más alta como en el Grand Holiday).
Y ya que sale el tema de la seguridad me gustaría señalar mi extrañeza de que no esté
más presente en los foros, a pesar de su importancia. Yo tardé en saber que, aunque
todos los barcos de crucero son muy seguros (porque la normativa de seguridad marítima
es muy estricta) no son idénticamente seguros: los más modernos lo son más, ya que
determinada normativa de seguridad reciente está implementada en ellos y no en los botados
anteriormente.