La mañana en Rodas era radiante, algo calurosa, casi agradable para gente del sur como nosotros pero más cañera para los amigos del norte.
El sol es el gran protagonista de Rodas, él(en la mitología) concibió la isla, se notó. [

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El taxista, nada más subir nosotros, comenzó a vendernos los productos de su oferta turística.
Varios álbumes me pasó el tío. En vez de mirar “palante” pasaba las paginas, me miraba muy fijo y todo era “cheap, very cheap and nice ”; gesticulaba mucho y soltaba el volante. [V]
Las ofertas eran:
Rule, apretaito, de una hora u hora y media, rodeando la muralla de la ciudad antigua, parando a sacar fotos y rapidito para otro punto. Esto eran, creo recordar, unos 30 o 40 euros. Pasamos de ir en ese plan.
Lo otro, un viaje, de 3 horas al menos con ida y vuelta, no recuerdo el nombre, tampoco le préstamos mucho interés al asunto; teníamos que papear en el barco ( A bordo a las 16 h decía el diario).
Le soltamos los cinco y nos dejó en una de las puertas de esta ciudad, también amurallada como la croata.
La vieja ciudad está muy bien conservada.
Mussolini, cosa extraña, se gastó un pastón en su reconstrucción y dicen algunos que no lo hizo mal del todo. Sería de lo poco decente que hizo en la vida semejante descerebrado.
Lo cierto es que la ciudad está tan integra y tan.. tan..... entera, que sorprende.
Había exceso de gente por sus calles, claro que nosotros también formábamos parte del “problema”, pero el paseo fue agradable.
Una hora, más o menos, empleamos en el recinto. Parece grande pero no lo es tanto.
Me gustó el paseo por unos jardines cercanos, extramuros, donde los isleños disfrutaban del sábado.
Se notaba, en el ambiente y en la arquitectura, la proximidad del turco, nuestra siguiente y última singladura.
En una de las calles, que tenían en las aceras unas altas galerías y estaban cercanas al lugar donde dice la historia-leyenda que estuvo el Coloso, había unas tiendas con un puntito moruno, que olían a especias de oriente, donde me percaté de que el próximo embarque sería el último y que Rodas era el extremo, al sur y levante, de nuestro viaje.