Ahí va el relato del tercer día: Barbados. La verdad es que me enrrollo como una persiana, como siga así no voy a acabar nunca...
Día 3: miércoles 10 de octubre de 2007. Barbados: la isla de las Tortugas.
Hoy, como ya es rutina, quedamos para desayunar entre las nueve y cuarto y las nueve y media en la Terraza Clipper. Nosotros siempre somos de los últimos en llegar, porque se nos pegan las sábanas. Es que cerrar la discoteca todos los días no es un trabajo sencillo. Bueno, entre bostezos y más bostezos, nos ponemos a ello. Hoy además de los bocadillitos para la comida tenemos que llevarnos jamón york para darles a las tortugas y pan para los peces. El plan ya lo teníamos claro desde España, ninguno de los del grupo quería perderse el famoso nado con Tortugas en la paradisíaca Barbados, así que a las 10 ya estamos en recepción con todo el equipo preparado: gafas y tubo de snorkel, toalla, bocadillos para la comida, dólares, toalla, el bañador puesto, la cámara acuática, mucha protección, un pañuelito para cubrir la cabeza del sol mientras buceamos…. Y por supuesto toda la información de lo que haríamos en Barbados. A la salida del barco nos esperan unos músicos tocando esas latas que emiten un sonido típicamente caribeño. No sé cómo se llaman, pero suenan estupendamente, nos quedamos un rato escuchándolos paralizados…sólo de pensarlo me entra un cosquilleo por todo el cuerpo. Un cartel gigante nos da la bienvenida a Barbados. La foto es obligada. Atravesamos nuevamente un centro comercial (que dejamos para la vuelta) ya con sus adornitos de navidad y en la oficina de información turística pedimos un mapita e información de cómo llegar a la terminal de autobuses. De todas las opciones que teníamos para hacer en Barbados la que más nos atraía era la de ir en los autobuses públicos, mezclarnos con sus gentes y vivir una pequeña aventura. A la salida del centro comercial nos asaltan millones de taxistas, casi no nos dejan ni caminar, y nos persiguen hasta la salida. Pero no picamos. Hemos de abandonar la zona del puerto, pasar el control de pasajeros, y seguir caminando recto unos 10 minutos. Detrás del Pelican Craft Centre, encontramos la terminal de autobuses. Hemos de coger la línea amarilla, un autobús que indica Speighstown en dirección a Paynes Bay. Somos 24 personas, así que sólo con nosotros el autobús ya está repleto y emprendemos camino. Algo que nosotros no hicimos, y sí es recomendable, es comentarle al conductor o a su ayudante (siempre van dos personas en los buses, uno conduce y el otro cobra) que os avisen al llegar a Paynes Bay. Nosotros no se lo dijimos y por los pelos nos pasamos. Os daréis cuenta de que estáis llegando porque veréis el hotel Tamarind Cove (al parecer aquí también se puede ir a la playa de las Tortugas), nosotros nos paramos en la siguiente parada, justo al pasar el Blue Monkey. El Blue Monkey no sé muy bien qué es, parece como un restaurante o un complejo hotelero que ya no está en funcionamiento, pero se puede pasar a través de él a la playa. Nada más asomar la cabeza a la salida del Blue Monkey nos asaltaron los hombres que en la playa se dedican a vender de todo. Claro éramos muchos y llamábamos la atención. En cinco minutos movilizaron dos lanchas con fondo transparente para llevarnos a ver las tortugas, el precio era de 20$ por cabeza. Otro chico nos ofrecía el mismo recorrido por 15$ por cabeza, pero en cuanto lo vieron aparecer los demás comerciantes se encararon con él y salió corriendo. Mientras llegaban los botes estuvimos refrescándonos en la playa, que es preciosa y tomando un poco el sol. Enseguida llegó nuestro nuevo medio de transporte y en grupos de 12 nos fuimos rumbo al barco hundido. En principio subimos en el segundo piso del barco, se estaba de muerte, pero nuestro capitán nos vino a avisar para que bajáramos a ver el fondo marino. Hay muchos peces y coral, pero no del más bonito, es coral marrón (Brown Coral, me dijo el capitán, así que supongo que esta será la traducción). Para mirar durante un rato está chulo. El cristal acerca el fondo, y parece que estamos a punto de encallar. Pero tranquilos, no hay riesgo. En 10 minutillos estábamos en las inmediaciones del barco hundido. Nuestro capitán empezó a lanzar pan y en cuestión de segundos millones de peces se arremolinaron a nuestro alrededor. Nos tiramos enseguida, era genial nadar rodeada de tantísimos peces, que además no tenían ningún miedo, hasta te dejaban que los tocases (eso sí, tenías que pillarlos despistados). En el barco tienen chalecos para quien los necesite y equipo de snorkel, aunque nosotros ya llevábamos el nuestro por temas de higiene. El barco hundido, no es verdaderamente un barco, más bien parece como una especie de plataforma. Le pregunté al hombre el motivo del hundimiento, pero si os digo la verdad no le entendí nada de nada, aunque hice como si fuese una historia super interesante. Allí estuvimos nadando entre pececitos y restos del naufragio una media hora, fue muy gratificante. El pan que te traes del desayuno has de gastarlo aquí, porque a las tortugas el pan no les gusta. Son muy sibaritas ellas. El barco parece que está cerca, pero nada de nada. Varios de mis compañeros, buenos buceadores, intentaron bajar, pero les pitaban muchísimo los oídos de la profundidad enorme que había, y tuvieron que desistir en su intento. De todos modos desde arriba lo ves perfecto: tiene unas torretas, hay varias escaleras… todo rodeado por cientos de peces de todos los tamaños. Tuve que racionar las fotos de la cámara acuática, ya que me emocioné y casi no dejo para las tortugas. El capitán nos avisa de que hemos de seguir viaje. Así que todos arriba. Parece mentira, pero estamos todos agotados. Incluso a uno de nuestros compañeros del otro barco, lo tuvieron que ir a buscar porque se cansó tanto nadando que no era capaz de volver. Y no penséis que los barcos se alejan, se quedan todo el rato a nuestro ladito. Finalmente todo quedó en un susto. Todos a bordo, 10 minutos y ya estamos nuevamente en la zona de la playa. Toca el turno de nadar con las tortugas. No hace falta que nos digan que nos tiremos porque ya estamos todos cabeza en el agua, con las cámaras preparadas para inmortalizar a las tortugas gigantes. Yo nada más tirarme me encuentro con una tortuga enorme. La persigo, pero ella es mucho más veloz. Como me pilló desprevenida no me dio tiempo a sacarle la foto. A partir de este momento nos costó muchísimo volver a ver tortugas. Veíamos peces gigantes, tipo atunes, muy, muy grandes, incluso nos asustamos un poquitín, pero de las tortugas ni rastro. Entonces nuestro capitán se tiró al agua, con su bolsa de gambas con gabardina congeladas y nos reunió a todos. Nos explicó que iba a coger a las tortugas, que lo siguiéramos pero que no las persiguiésemos ni nos abalanzáramos sobre ellas. Asentimos. No sé por qué, porque luego no le hicimos ni caso. No veas que imagen. Se mete el hombre al agua, buceaba de miedo, y 24 cabezas con sus tubos y sus gafas, y cada uno con una cámara de fotos acuática, siguiendo cada uno de sus movimientos. Primera tortuga, entonces todos como locos, detrás de la tortuga para sacar la foto, nos chocábamos con los pies, con los cuerpos, nos hacíamos líos…bueno simpatiquísimo. Al capitán no le hizo tanta gracia como a nosotros, pues a la pobre tortuga le dimos un buen susto y huyó despavorida. Os he de decir que excusáis llevar Jamón York del desayuno, porque a las tortugas lo que les gustan son las gambas con gabardina. A mis lonchas de jamón no les hicieron ni caso. Eso sí, el resto de los peces me estaban muy agradecidos. Bueno, más gambas con gabardina y aparece una nueva tortuga. Esta era muy agradable, salía incluso a fuera a respirar, y se acercaba mucho, tanto que pudimos tocarla. De todos modos, son bastante huidizas. El tiempo pasaba y la excursión llegaba a su fin. Las fotos ya se nos habían acabado a todos hacía un rato y algunos ya estaban de nuevo en los barcos, así que el capitán nos llamó para subir nuevamente a bordo y acercarnos a la playa. Esta vez sí que fuimos obedientes. Nos acercó a la playa y allí nos esperaba el jefe para cobrar. Era la una del mediodía, y queríamos quedarnos en la playa dos horitas, descansando. Nos ofrecieron tumbones, a 5$ cada una. Por cada dos te regalaban la sombrilla (bueno, no para llevar a casa, eh, que luego hay malentendidos). Quien quiso las cogió y quien no, en la arenita, que también se estaba de vicio. Nos sacamos nuestros bocatas y comenzó el ir y venir de cervezas, del chico que te ofrece las motos de agua (40$ 30 minutos, si regateas menos, pero poco menos), las trencitas, el otro que esculpe piñas (un hombre, que trae su propio book, que os enseñará encantado, con sus clientes y sus piñas esculpidas) y te pide 20$ por cada una, el señor que vende una botellita de aloe vera que te hace al momento, otro con una guitarra que canta canciones de Bob Marley, el de los pendientes, el de las conchas…. Y así, un sin fin de gente que viene una y otra vez a las tumbonas, te asaltan cuando estás en el agua... en definitiva, que lo de que en el Caribe se toman la vida de otra forma, es verdad hasta cierto punto. Resultan muy pesados, pero como son tan buena gente pues no te lo tomas a mal. Te ríes y pasas un poquitín de ellos. Comimos, bebimos (cervezas y aguas a 2$, más el viaje 1$), tomamos el sol, nos bañamos… las horas pasaron volando. A las tres y media emprendimos rumbo a Bridgetown, porque teníamos la intención de visitar la ciudad. En la parada donde nos habíamos bajado, pero en el lado contrario nos pusimos los 24 a esperar el bus. Ahí empezó la odisea, era surrealista. Lo habíamos estado hablando en la playa y pensábamos “a la vuelta no tendremos problema, porque quién va a coger el bus a las tres y media del mediodía”. ¡Ja!. Es la hora a la que terminan los niños el cole, así que todos los buses iban repletos. Lo surrealista es que los buseros paraban igual y a gritos nos decían que subiéramos que cabíamos. Nosotros entrábamos y veíamos que ni de coña, bajábamos de nuevo, y ellos insistiendo. Paraban varios a la vez y se peleaban por llevarnos. Nosotros no dábamos crédito. Una mujer del lugar que esperaba en la parada junto a nosotros se reía. La cosa no termina ahí, es que paraban también los buses que iban en la otra dirección y querían dar la vuelta para llevarnos. Muy fuerte, en serio. Menuda organizamos en un momento. Bueno, el caso es que nos dimos cuenta de que sería imposible meternos los 24 en un mismo bus, tal y como habíamos hecho a la ida, así que decidimos separarnos y encontrarnos en la terminal de autobuses. Nosotros cogimos el primer bus, que iba hasta los topes, todos de pie, casi sin espacio para respirar, pero bien, sin lujos, pero un viaje divertido. Al llegar a Bridgetown nos para la policía, porque al parecer los buses no pueden llevar más pasajeros que asientos tienen. El busero les comenta que nosotros somos pasajeros del crucero y que llegamos tarde, que nos tiene que acercar al puerto sea como sea. Bajan a la gente del lugar y a nosotros nos dejan seguir. ¡Increíble!. Llegamos a la terminal de autobuses y empieza la espera de nuestros compañeros. Tomamos las primeras cervezas en un bar típico del anuncio de Malibú que había en la parte de atrás de la terminal. Esperamos, esperamos, más cervezas, se pone a diluviar, y nuestros compis que no vienen. Lo cierto es que empezamos a preocuparnos. Los llamábamos al móvil y nadie lo tenía operativo. Bueno, tras mucho esperar, y hablo bien de hora y media, al fin llegaron. Ellos sí que vivieron su particular odisea en el Caribe. Resulta que se subieron en un bus que iba hasta los topes, todo tuneado, con la música tipo caravana de Pocholo, neones y demás. El conductor debía de ser fan de Alonso, porque al parecer iba a una velocidad fuera de lo común, tanto que en la curvas tumbaban. Las caras de nuestros compis en los vídeos que grabaron son de película. Bueno, el caso es que en una de estas que casi tocan con la oreja en el suelo los paró la policía. No tuvieron tanta suerte como nosotros, o sí, ¿quién sabe?, y todos para abajo. Al conductor le pusieron una multa y a ellos les recomendaron coger a partir de entonces sólo los buses azules, que al parecer son los oficiales. La diferencia es que los azules son el medio de transporte oficial, con unas carreras pactadas, que cobran su sueldo a final de mes y no por los viajes que hagan. De este modo son más fiables. Los amarillos son privados y sus conductores cuantas más carreras hagan más cobran, así que eso repercute directamente en la velocidad de crucero. Los amarillos cuestan 1.5 $ por persona y trayecto (3$ por pareja), y los azules creo que sólo 1$ trayecto. Mi recomendación es que para ir cojáis el amarillo (ya que los azules son lanzaderas y creo que no os pararán en el Blue Monkey) y a la vuelta os decidáis por los azules, ya que todos paran en Bridgetown. Bueno, nos tomamos una cervecita, y como la gente estaba mareadilla y con mal cuerpo nos volvimos para el barco. De todos modos yo os recomiendo dar una vueltecilla por la capital. Nosotros era la segunda vez que estábamos en Barbados, y Bridgetown es una ciudad muy bonita, con una arquitectura muy ordenada. Merece la pena perderse por sus calles y mezclarse con su gente.
Regresamos al puerto dando un paseíto por la costa. Paramos en las tiendas del puerto y compramos cositas típicas. Encontraréis muchos souvenires relacionados con los piratas, ron, tabaco, adornos navideños…. En casi todas las tiendas del puerto de las escalas hay detalles similares, pero no te cansas de mirar. A mi me encantaron unos pendientes de tortugas hechos en bronce. Compramos postales, algún regalito, tabaco (el Malboro nos costó 17$, en el barco no recuerdo el precio del cartón pero el paquete costaba 2,50€, el Camel en el barco cuando llegamos costaba 13 euros, luego lo subieron hasta 17 €. Por cierto Camel sólo lo encontrarás en la tienda del barco (que abre sólo cuando el barco está navegando, en puerto lo tiene prohibido) no lo hay ni en las escalas del crucero ni después en Isla Margarita). Una vez que lo teníamos todo mirado, para el barco. Hoy partíamos a las 19.00 horas, así que aún teníamos tiempo para darnos un bañito en la piscina y estar un ratito en el jacuzzi. El ratito se prolongó a un buen, buen rato. Nos quedamos todos arrugados. Queríamos ver el desafío pirata, pero al final entre tanto Jacuzzi y tanto Mojito, no nos dio tiempo. Nos fuimos a cambiar corriendo, esta noche tocaba disfrazarse.
Datos útiles:
El Holiday llega a Barbados a las 08.00 y a las 18.30 hr. debemos de estar TODOS A BORDO.
La isla, tiene 34 Km. de largo por 23 de ancho. Está localizada en un punto un poco más alejada del resto de las islas, ya en el Océano Atlántico.
El clima es tropical. A nosotros nos diluvió a última hora del día, pero nada, fueron 15 minutos y paró. Sólo llovió para refrescar.
El idioma oficial es el inglés.
La moneda el Dólar de Barbados, pero nosotros pagaremos todo en dólares. También aceptan el euro, pero no merece la pena pagar en euros, porque lo equiparan al dólar, por lo tanto salimos perdiendo.
Compras: lo típico de Barbados es el ron Malibú y dicen también que el picante. Hay también joyería.
Distancia del puerto al centro de la ciudad: 7 minutos caminando. El taxi cobrará unos 5$. También hay buses (mucho más baratos).
Ojo porque está prohibido vestir ropa militar o de camuflaje.
Noche Pirata: “Los Piratas del Caribe”
Cuando estaba en España preparando el viaje no estaba muy convencida de que hiciera bien llevándome el kit para la noche Pirata, tenía miedo que me mirasen las maletas por llevarlo (al fin y al cabo ellos no saben si el trabuco es de verdad o no al verlo por los rayos, ¿no?) o que el resto de la gente no fuese disfrazado, pero ahora, arreglándome en el camarote estaba contentísima. Así que pantalones piratas, trabuco, espada, parche en el ojo, ojos super pintados, garfio y pañoleta negra. Ángel hizo lo propio con su camiseta de marinero, sus pantalones piratas, y su parche, su espada y su trabuco. A las diez habíamos quedado todos en la cubierta 7 a la salida del Gran Restaurante para entrar todos juntos disfrazados. Llegamos casi de últimos, como siempre, y ya estaban allí todos, algunos sin disfrazar pero otros, muy, muy disfrazados. Pepe, Paula y Marian iban geniales, con sus trajes auténticos de piratas, bueno, el de Pepe era más bien de Napoleón. La gente hasta se sacaba fotos con él, fue genial. Vane y Mario iban como nosotros, con accesorios varios. Lo mejor vendría después de la cena. El karaoke hoy no habría, lo cual era una pena, porque subir al Karaoke significaba éxito seguro de la noche, pero tampoco la disco Starlight nos iba a decepcionar. Esta noche era la elección de Mr. y Miss Holiday Dream. Entre las chicas no nos presentamos ninguna pero de los chicos se presentaron (alguno más obligado que otro) cuatro: Pepe, Manu, Mario y Luis. Pasaron a la final Pepe y Manu. Qué risas, sus streptease, sus orgasmos y demás, pasarán a la posteridad, por lo menos, nosotros los recordaremos siempre. Finalmente el ganador fue Pepe, Manu también estuvo a la altura, pero claro, competir con el mismísimo Napoleón Bonaparte no es nada fácil. La noche, como ya iba siendo costumbre, se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Pedro Mucho Loco, como siempre, nos acompañó largo rato en la disco…. Es uno de los animadores del barco, una persona tremendamente amable y maravillosa.