<font color="purple">DIA 1 (3 DE ENERO) BARCELONA-LUXOR</font id="purple">
Ante tal actividad decidimos que era hora de ir a buscar nuestra terminal. Así que desafiando el frío mañanero que hacía en BArcelona el 3 de enero salimos de la terminal en la que habíamos pasado la noche y nos dirigimos a la de al lado que es desde la que salía nuestro avión.
Nos costó un poco encontrar nuestros mostradores porque la verdad es que estaban muy escondidillos pero finalmente lo logramos y para asombro nuestro... YA HABIA GENTE HACIENDO COLAAAAAAAAAAAAA.
Cuando nos tocó pues dejamos nuestras maletitas y salimos de aquel rincón apartado de la mano de Dios. Entonces vimos a los matrimonios del día anterior (en el tren), jajajaj. Las mujeres iban buscando a sus maridosssssss, se ve que se habían perdido (si queriendo o sin querer eso ya no lo se)[

]). Nos preguntaron si sabíamos donde estaba el mostrador X (no recuerdo el numero) y justo era el nuestro (también se venían a Egipto, jejej). Se lo indicamos y nos lo agradecieron mucho porque estaban bastante perdidos. La verdad es que eran 2 matrimonios totales, jajajaj.
Y bueno, a esperar un poco más hasta que embarcamos. En esos momentos aún no teníamos a nuestro querido SUDOKU para matar ratos (ahora ya nos lo llevamos a todas partessssssssss).
Y puntual salió nuestro avión hacia Luxor. Tuvimos suerte con los asientos y nos tocó bastante hacia adelante. Yo como siempre en ventanilla porque me gusta mirar el paisaje (aunque solo haya que mar no me importaaaaaaaaaaa). Jose como siempre pasillo para estirar sus piernecitasssssss (ese es otro de los problemas de ser alto, jajajaja).
Después de 4 horas (más o menos) y del desayuno llegamos al aeropuerto de Luxor. Realmente impresiona mirar desde el avión porque durante mucho, mucho tiempo solo ves que desierto, arena arena y mas arena. Se perciben las dunas incluso pero el paisaje es de un marrón claro infinito. Todo lo que alcanza tu vista es un manto inmenso de arena. Y de pronto, como asfixiado, acorralado entre 2 eternas cortinas de arena se dibuja el río más largo del mundo, el río gracias al cual surgió Egipto entre cuyos márgenes discurre la vida y la muerte: el NILO.
Y es maravilloso el contraste que se aprecia entre los cultivos, la tierra robada al desierto que va aumentando poco a poco a lado y lado, de un verde intenso y la implacable visión de ese desierto que sigue ahí y que se resiste a que le sigan robando porciones de arena.
Con esos pensamientos seguí la maniobra de aterrizaje en lo que me pareció la mitad de ninguna parte. Parecía que allí no había nada más que arena y alguna que otra montaña rocosa de rojas piedras.
Cuando salimos del avión ya notamos el cambio de temperatura y es que en Egipto en enero también hace calor, jajaja. Pero antes rellenamos el visado y todo lo que se tiene que rellenar antes de bajar (pero eso ya te lo indican, como en Cuba, NO PROBLEM!!!)
El aeropuerto de Luxor es total. 4 tiendas estilo haima con los sueños hechos a trozos de maderas que se mueven a medida que uno avanza, jajajaj. Desembarcamos y parecíamos burros todos en manada y amontonados porque no sabíamos qué teníamos que hacer. Al primero que vimos nos dirijimos para darle el dichoso papelillo, jajajaj. Y nos indicó que teníamos que ponernos en otra cola que había que allí ya era la aduana.
Allí nos dirijimos y después de pasar el control (que ni por casualidad tan riguroso como el cubanooooooooo) y después de que nos pusieran el sello (ahí te lo ponen sin pedirlo y es muy chuli[

]) salimos del aeropuerto-tienda de campaña. Ya había gente esperando con los guías de Iberojet (que fue la cia con la que contratamos el viaje) y allí esperamos a que nos dijeran en qué bus teníamos que montar. Y ya hacía un calorrrrrrrr. Empezamos ya a sacarnos capitas, jejej. Y yo pues seguí haciendo fotos para inmortalizar al aeropuerto.
Cuando estuvimos todos nos fueron agrupando según el recorrido que teníamos. Y en el que nos dijeron nos subimos.
Nos llevaron hacia donde estaba la motonave en la que pasaríamos los 7 días restantes y ya nos hicimos una idea de cómo era todo. Pasamos por los templos pero no pudimos ver mucho desde el autobús.
El autobús nos dejó justo delante del embarcadero por el que se accedía a nuestra motonave. Nos dijeron que dejáramos las maletas allí abajo porque te las entraban ellos. La verdad es que lo agradecimos porque el acceso al barco era chungo, chungo, chungooooo. TEnías que bajar por una escalera que tenía más agujeros que el gruyere y el emmental juntosssssssssss. Si hubieseis visto lo ágiles que cargaban ellos con las maletas[:0] y yo sufría por esa pobre gente. Además las cogían de 2 en 2 para no tener que hacer tantos viajes, y yo que me quejo siempre de dolor de espaldaaaaaaaaaa.
Y tras la peligrosa escalera allí teníamos al NILO. Delante de nosotros fluía majestuosamente. Y rodeados de exótica vegetación lo observábamos todos como el niño que ve algo por primera vez. Y es que es indescriptible la sensación que te embarga!.
Egipto era uno de los sitios a los que siempre había querido ir. Y el hecho de haberme encontrado con este viaje sin comerlo ni beberlo aumentaba la incredulidad, el alucine que cada una de las cosas que veía me provocaba. Estaba allí y no me lo creía. Pero sí, esa noche me mecerían, hasta dormirme, las aguas en un barco anclado en la orilla derecha del Nilo.