Ayer regresamos del Navigator OTS, donde tuvimos una grand suite, concierge club card y gold sea pass. Ignoro si, como afirma Patrick, ésta es la mínima acomodación que permite acceder a los beneficios del concierge club, pero en tal caso, resultaría ser la mínima acomodación imprescindible para sobrevivir a bordo de un buque de clase Voyager, sobre todo —como fue nuestro caso— si va completo. Por sobrevivir hay que entender lo que literalmente significa, salvar el viaje, porque difrutarlo es difícil, vayas en grand suite o en royal suite. Dada la amistad que, desde el primer día, hicimos con nuestros compañeros de mesa, alojados en R.S., en los dias sucesivos fueron tan frecuentes las visitas que nos hicimos en nuestros camarotes, casi contiguos, que podría decirse que casi medio crucero discurrió en R.S.; al menos la parte del crucero que pasas en tu camarote. Claro que dos parejas fumadoras en un buque abarrotado y concebido básicamente para no fumadores, acaban por pasar más tiempo en el camarote en que en los salones públicos.
En todo caso, no he entrado aquí para hablar de mi crucero, sino para contribuir a elucidar las cuestiones planteadas en el hilo.
En la barra del bar (G.S.), además de cubitera con pinzas, hay cafetera y calentador de agua para infusiones, una gran fuente de frutas, un plato con quesos variados, galletas saladas y frutos secos. En R.S., además de lo anterior, botella de champán y fuente de quesos como en G.S., pero acompañada con snacks variados. En grand suite la reposición es cada dos dias y en royal cada dia. El mini bar esta bien surtido de agua, cervezas, colas y otras bebidas refrescantes, además de cajas de chocolatinas diversas. No se nos aplicó ningún cargo y eso que un dia tuvimos una inesparada invasión infantil que agotó todas las existencias. Aquel fue el más simpático incidente que yo haya tenido a bordo, pero explicarlo aquí me alejaría del objetivo propuesto. Eché de menos, respecto del VOTS las botetillas de licor, también ausentes en R.S. A cambio, en el concierge club, disfrutábamos gratis de una copa de champán antes de la cena y de un Courvoisier Napoleon tras ella, antes de subir a fumar a nuestro balcón, prácticamente de camino. (El concierge club está en el balcón que mira a la Royal Promenada en la cubierta 9ª y nuestras suites estaban en la 10, pero prácticamente contiguas a la escalera; es decir, a unos peldaños de distancia). Carlos nuestro concierge o butler, solo habla inglés (es decir, no habla ni francés, ni alemán, ni español, ni italiano), pero es muy eficiente. Estoy convencido de que es capaz de conseguir imposibles y fue de gran utilidad durante la travesía; presta servicios a 35 suites y sólo 3 estaban ocupadas por no angloparlantes nativos. En el concierge-club no se permite fumar.
En cuanto al piano de la G.S., debo decir que cumple solamente una función decorativa. ¿No suena? Casi no lo hace y prácticamente hay que aporrear las teclas para conseguir resultados audibles en las octavas graves. Mi mujer toca muy bien y se vió en serias dificultades porque un piano de cola precisa de un mantenimiento y una afinación que el ejemplar de marras hace años que no recibe. Los pedales no cumplen ya ninguna función y la descompensación entre graves y agudos la puso en serios aprietos para completar el «für Elise» a petición de nuestros anfitriones. En la fiesta de despedida, otros dos invitados —elegidos ex profeso para sacarle algún soniquete al instrumento— hubieron de desistir y, para mi desconsuelo, mi mujer fue la única capaz de amenizar musicalmente la velada.
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