Mayo 27, 2026
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Breve relato de un crucero trasatlántico

08 May 2007 15:28 #419981 por drago
<blockquote id="quote"><font size="1" face="Verdana, Arial, Helvetica" id="quote">quote:<hr height="1" noshade id="quote">Originalmente enviado por JOTAEME
<br />Hola drago, ¿como van las cosas? ¿que tal la nueva vida? A nosotros también nos hubiera gustado compartir no horas sino días con vosotros. Pero ese deseo frustrado es el que debe hacer que en una proxima ocasión sea complacido con creces y terminemos conociendos profundamente.

Un abrazo y besitos para Ana,


<hr height="1" noshade id="quote"></font id="quote"></blockquote id="quote">

La nueva vida bien [:D], y en el pais las cosas marchan igual, con las mismas cosas...que le vamos a hacer ya estamos acostumbrados.

Saludos a victor y a las respectivas esposas de ambos.
[:)]

Celebrity Millennium 2002
Celebrity Constelation 2005
Costa Atlantica 2007
Legend OTS, Royal Caribbean 2008

"No se hacia donde voy, pero sé que voy a llegar"

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08 May 2007 15:28 #419910 por drago
<blockquote id="quote"><font size="1" face="Verdana, Arial, Helvetica" id="quote">quote:<hr height="1" noshade id="quote">Originalmente enviado por JOTAEME
<br />Hola drago, ¿como van las cosas? ¿que tal la nueva vida? A nosotros también nos hubiera gustado compartir no horas sino días con vosotros. Pero ese deseo frustrado es el que debe hacer que en una proxima ocasión sea complacido con creces y terminemos conociendos profundamente.

Un abrazo y besitos para Ana,


<hr height="1" noshade id="quote"></font id="quote"></blockquote id="quote">

La nueva vida bien [:D], y en el pais las cosas marchan igual, con las mismas cosas...que le vamos a hacer ya estamos acostumbrados.

Saludos a victor y a las respectivas esposas de ambos.
[:)]

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08 May 2007 19:28 #420125 por JOTAEME
JUEVES, 19 DE ABRIL. ANTIGUA.

Si hoy es jueves esto es Antigua. Exceptuando La Romana, la escala en la que se disponía de más tiempo: 9 horas.
De nuevo el despertador hizo su función y nos levantamos a las 7 para poder desayunar en el restaurante. A las 8 y media el barco ya estaba en Saint John’s la capital de Antigua. Mientras desembarcábamos llegó otro crucero que se unió a los dos que ya estaban atracados. Sucedió lo mismo que en el resto de escalas: una perfecta organización de taxis y microbuses se encuentra a la espera de los cruceristas que no han optado por ninguna de las excursiones que se ofrecen en el barco. Lo primero que te enseñan es un mapa con los recorridos que hacen y luego te señalan un panel donde están reguladas las tarifas. Si se quiere regatear hay que salir de la zona portuaria y encontrar (lo más fácil del mundo) un taxista que quiera hacer lo que nos interese a un precio algo inferior. En realidad no creo que merezca la pena, por 30 $ por persona estuvimos unas 5 horas con el decano de los taxistas de Antigua, digo decano porque su licencia era la número 1 y tenía pinta de estar esperando la jubilación.
Dejamos la lujosa zona portuaria y en dirección sur abandonamos la capital. Pronto me percate de que conducen igual de mal que en Tórtola, aunque curiosamente todos se ponen de acuerdo en lo de ir por la izquierda y así no se provocan accidentes. Pasamos por All Saints y Liberta, el taxista iba contando detalles y anécdotas y supertec hacía la traducción simultánea al resto del grupo. En un suspiro atravesamos la isla y paramos en un estratégico mirador, con tiendas de recuerdos incluidas, que nos ofrecía una magnifica panorámica de English Harbour. Continuamos hasta Nelson’s Dockyard, monumento histórico ubicado en la más importante base naval que los ingleses construyeron en el Caribe, recorrimos sus dependencias durante más o menos una hora y seguimos hasta Shirley Heights, una fortaleza que domina English Harbour y que la protegía de los ataques piratas y que constituye un perfecto mirador de la bahía completa.
Por un camino algo distinto regresamos hasta Saint John’s, haciendo una parada en un supermercado donde nos abastecimos de ron “Cavalier”, seguimos luego hacia el norte hasta Dickinson Bay, allí el taxista nos dejó el tiempo que quisimos en una playa que disponía de bar y duchas. En la zona del bar había algo de gente pero a la que nos desplazamos unos 100 metros disfrutamos de una zona exclusiva para nosotros. Cuando nos hartamos de arena, sol y agua, nos tomamos unas cervezas. Buscamos al taxista y regresamos al puerto.
Tras un rápido tentempié en el buffet, bajamos de nuevo para aprovechar el tiempo disponible y callejear un poco por la ciudad. Ya se sabe que no es oro todo lo que reluce. A la que nos alejamos de la zona portuaria el lujo fue siendo sustituido por calles mal asfaltadas, aceras irregulares y casitas modestas, las joyerías se convirtieron en pequeñas tiendas de comestibles. Llegamos hasta el mercado, dividido en tres edificios: uno dedicado al pescado, otro para la carne y el tercero y mayor para frutas, verduras, resto de comestibles y cosas varias. Todo tenía su encanto, resultaba modesto pero no mísero y nos dio la impresión de que conocíamos un poco la Antigua real. A medida que nos alejábamos del puerto destacaba más nuestro pálido color y cuando vimos que éramos los únicos turistas de la zona decidimos regresar (no porque tuviéramos ninguna sensación de temor sino porque nos estábamos alejando demasiado).
Llegamos al centro y seguimos andando hacia el otro lado. Las calles estaban mejor asfaltadas, las aceras perfectas, se notaba que era una zona más rica que la que rodeaba el mercado. Alrededor de las cinco de la tarde, después de comprar los obligatorios recuerdos (no se trata de un puerto franco por lo que no había oferta de cámaras de video ni con disco duro ni sin el), regresamos al barco de nuestros amores.
Esa noche actuaba Van Pressley Jr., anunciado como cantante de “The Platters”, no se si se trataba de un componente del grupo original o alguien que se había añadido con posterioridad a su época famosa, la cuestión es que hasta la hora de la cena asistimos a sus cantos y a sus intentos de hacerse el cómico.
Después de cenar no podíamos eludir nuestra cita con Vicky aunque al poco de llegar fue sustituida por el grupo de animación que organizaba un karaoke. Es de admirar el poco sentido del ridículo de algunas personas, fue patético ver como un francés (llamado Patrick y que se apuntaba a todas las actividades) masacraba canción tras canción, “Oh sole mío” incluida, para desgracia de los italianos. Pero si no hubiéramos asistido al karaoke no nos habríamos reído tanto como nos reímos.
De camino hacia la discoteca nos cruzamos con el buffet sorpresa de media noche, dedicado está vez a lo rústico y a las frutas. Después de mover un poco el esqueleto nos retiramos para, como no, tomarnos el cubata y acostarnos.

Continuará ...

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08 May 2007 20:28 #420160 por drago
y los lectores vociferaban: Martinica...Martinica...Sigue ...Sigue [:D]

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Legend OTS, Royal Caribbean 2008

"No se hacia donde voy, pero sé que voy a llegar"

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08 May 2007 20:28 #420255 por drago
y los lectores vociferaban: Martinica...Martinica...Sigue ...Sigue [:D]

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09 May 2007 10:00 #420571 por JOTAEME
Un poquito de paciencia, por favor. [:D]
Escribir exige un esfuerzo y un tiempo que no puedo dedicar tanto como quiero. Además si lo soltara, al final, todo de golpe, pudiera ser que resultara indigesto y perdiera algo de interes (si es que lo tiene)

Un abrazo,

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09 May 2007 10:00 #420477 por JOTAEME
Un poquito de paciencia, por favor. [:D]
Escribir exige un esfuerzo y un tiempo que no puedo dedicar tanto como quiero. Además si lo soltara, al final, todo de golpe, pudiera ser que resultara indigesto y perdiera algo de interes (si es que lo tiene)

Un abrazo,

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09 May 2007 12:25 #420649 por JOTAEME
VIERNES, 20 DE ABRIL. MARTINICA.

A punto de completar una semana y de realizar la última escala caribeña.
La hora prevista a de llegada era a las 12 del mediodía, por lo que le dimos libertad al reloj biológico que nos despertó a las 8 y media, lo que nos permitió llegar a tiempo al restaurante para desayunar.
El tiempo libre lo pasamos tomando el sol en la piscina de popa, no en la misma piscina pues cada día resultaba más difícil encontrar tumbonas libres y nos acostumbramos a subir una cubierta y tumbarnos cerca del tobogán. Íbamos bordeando la costa y supusimos, como efectivamente pasó, que atracaríamos antes de las 12. A las 11 y media ya estábamos pisando Fort de France en espera del resto del grupo. La noche anterior habíamos quedado en buscar un catamarán que nos paseara por la costa y nos dieran de comer en alguna paradisíaca playa.
Salimos del muelle y después de andar unos quince minutos llegamos al lugar desde donde partían pequeñas embarcaciones para descubrir que solo hacían trayectos de ida y vuelta hasta playas cercanas. Como siempre de lo que menos íbamos sobrados era de tiempo, así que rápidamente cambiamos el chip y volvimos al proyecto original que consistía en dar una vuelta en taxi por la isla para terminar en alguna playa. La persona que nos informó del trayecto de las barcas se ofreció para buscarnos un taxista y en menos de 5 minutos ya habíamos negociado trayecto y precio: 20 € por persona para recorrer el sur de la isla pasando por la playa de Les Salines para finalizar antes de las 5 de la tarde en una zona de tiendas que habíamos pasado viniendo del muelle del Costa Atlántica. Habíamos descartado la opción del norte que incluía Mont Pelee y Saint Pierre por tener constancia de que las carreteras eran malas, estrechas y con muchas curvas.
Por primera vez nos encontramos con una gran ciudad, bulliciosa y con atascos, lógico si se tiene en cuenta que su población supera los 100.000 habitantes. La salida se hizo a través de una autovía que pronto quedó colapsada hasta que superamos un punto en obras y pudimos seguir a buen ritmo.
Al llegar a Riviere Salée nos desviamos en dirección a Les Tríos Ilets, para entrar en un nuevo paisaje exuberante, recorrido por una estrecha carretera que ascendía y bajaba por las colinas. En Les Anses d’Arlets hicimos una pequeña parada para hacer fotos de su playa y de su bonita iglesia de la que parece que parte el embarcadero. Seguimos, por una maravillosa ruta bordeando acantilados, hasta Le Diamant, que recibe su nombre por una roca que surge en el mar frente a la costa y que seguro que a alguien le recordó la forma de un diamante. El mirador, como no, está dotado de una pequeña tienda de recuerdos. De camino a Ste. Luce parada obligatoria para fotografiar la Maison du Bagnard, pequeña cabaña que construyó el presidiario Médard Aribot. Nueva parada en el Memorial de l’Anse Caffard, monumento levantado en memoria de los fallecidos en un naufragio y a los desaparecidos en la trata de esclavos en general.
Bordeando la costa, una breve parada en un supermercado para aprovisionarnos (se trataba de la última escala en varios días), para llegar a la playa de Les Salines. La lastima es que llegamos con el tiempo justo de tomar unas fotos e iniciar el camino de regreso. Nos quedamos con las ganas de pasar un par de horas en esa idílica playa, típicamente caribeña, de arena blanca, en forma de una extensa media luna y con los cocoteros rozando el agua.
De camino a Fort de France intentamos hacer una parada en un destilería de ron, pero nos daba la impresión de que las sirenas del Costa Atlántica sonaban anunciando su partida, así que lo dejamos para mejor ocasión. Los minutos iban pasando inexorablemente, el taxista hacía su trabajo de forma correcta y los kilómetros iban cayendo. Quedaba tiempo suficiente pero había quien ya empezaba a ponerse nervioso.
Por fin llegamos a la autovía, la velocidad aumentó y con ella el sentimiento de que llegaríamos bien de tiempo. Hasta que nos sumimos en un nuevo atasco. El taxista que intuía nuestro nerviosismo (entre otras razones porque entendía el español y había estado oyendo nuestros comentarios) buscaba el carril más rápido (ese que yo nunca logro encontrar) incluso se salió de la autovía para volver a entrar ganando con ello unos metros. Cuando descubrimos y superamos el motivo del atasco (un pequeño accidente) todos respiramos mejor (incluso los que manteníamos a capa y espada que no pasaba nada y había tiempo de sobras).
Llegamos al punto acordado en el puerto para descubrir que las tiendas estaban ya cerradas, así que contraorden al taxista para que nos dejara lo más cerca posible del barco. De todas formas aunque las tiendas hubieran estado abiertas habríamos tenido el tiempo justo para comprar el primer recuerdo que nos hubiéramos encontrado y a la carrera hacia el barco.
A las 18:15 mientras degustábamos unas porciones de pizza, el Costa Atlántica empezó a moverse para dejar atrás el Caribe que durante una semana habíamos disfrutado.
El espectáculo de ese día se trataba de un recital de piano y decidimos quedarnos directamente a dormir la siesta en el camarote (es más cómodo que el asiento del teatro). No obstante a la hora de la cena estábamos aguardando a que abrieran las puertas del restaurante. Pasamos la velada con nuestra amiga Vicky y nos dejamos caer por la discoteca.
El cambio horario es un coñazo pero algo ineludible si se atraviesan varios meridianos. El golpe de adelantar o atrasar el reloj cinco o seis horas me parece muy brusco, así que presupuse que sería mucho mejor, al volver en barco, ir cambiando la hora de forma escalonada en varios días. Esa noche adelantamos el reloj una hora, sería la primera noche de una serie de seis que aunque no de forma continuada (hubo un par de noches que no adelantamos el reloj) nos iban a ir haciendo perder una hora cada vez. Ahora sé que es mejor pasar el trago de una vez y cambiar de golpe que ir haciéndolo día a día.
A la 01:30 adelantamos el reloj hasta las 02:30 y nos acostamos. Llevábamos más de siete horas de navegación, estábamos en pleno Océano Atlántico y hasta dentro de cinco días no volveríamos a pisar tierra. O eso era lo que creíamos en ese momento ...

Continuará ...

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09 May 2007 12:25 #420737 por JOTAEME
VIERNES, 20 DE ABRIL. MARTINICA.

A punto de completar una semana y de realizar la última escala caribeña.
La hora prevista a de llegada era a las 12 del mediodía, por lo que le dimos libertad al reloj biológico que nos despertó a las 8 y media, lo que nos permitió llegar a tiempo al restaurante para desayunar.
El tiempo libre lo pasamos tomando el sol en la piscina de popa, no en la misma piscina pues cada día resultaba más difícil encontrar tumbonas libres y nos acostumbramos a subir una cubierta y tumbarnos cerca del tobogán. Íbamos bordeando la costa y supusimos, como efectivamente pasó, que atracaríamos antes de las 12. A las 11 y media ya estábamos pisando Fort de France en espera del resto del grupo. La noche anterior habíamos quedado en buscar un catamarán que nos paseara por la costa y nos dieran de comer en alguna paradisíaca playa.
Salimos del muelle y después de andar unos quince minutos llegamos al lugar desde donde partían pequeñas embarcaciones para descubrir que solo hacían trayectos de ida y vuelta hasta playas cercanas. Como siempre de lo que menos íbamos sobrados era de tiempo, así que rápidamente cambiamos el chip y volvimos al proyecto original que consistía en dar una vuelta en taxi por la isla para terminar en alguna playa. La persona que nos informó del trayecto de las barcas se ofreció para buscarnos un taxista y en menos de 5 minutos ya habíamos negociado trayecto y precio: 20 € por persona para recorrer el sur de la isla pasando por la playa de Les Salines para finalizar antes de las 5 de la tarde en una zona de tiendas que habíamos pasado viniendo del muelle del Costa Atlántica. Habíamos descartado la opción del norte que incluía Mont Pelee y Saint Pierre por tener constancia de que las carreteras eran malas, estrechas y con muchas curvas.
Por primera vez nos encontramos con una gran ciudad, bulliciosa y con atascos, lógico si se tiene en cuenta que su población supera los 100.000 habitantes. La salida se hizo a través de una autovía que pronto quedó colapsada hasta que superamos un punto en obras y pudimos seguir a buen ritmo.
Al llegar a Riviere Salée nos desviamos en dirección a Les Tríos Ilets, para entrar en un nuevo paisaje exuberante, recorrido por una estrecha carretera que ascendía y bajaba por las colinas. En Les Anses d’Arlets hicimos una pequeña parada para hacer fotos de su playa y de su bonita iglesia de la que parece que parte el embarcadero. Seguimos, por una maravillosa ruta bordeando acantilados, hasta Le Diamant, que recibe su nombre por una roca que surge en el mar frente a la costa y que seguro que a alguien le recordó la forma de un diamante. El mirador, como no, está dotado de una pequeña tienda de recuerdos. De camino a Ste. Luce parada obligatoria para fotografiar la Maison du Bagnard, pequeña cabaña que construyó el presidiario Médard Aribot. Nueva parada en el Memorial de l’Anse Caffard, monumento levantado en memoria de los fallecidos en un naufragio y a los desaparecidos en la trata de esclavos en general.
Bordeando la costa, una breve parada en un supermercado para aprovisionarnos (se trataba de la última escala en varios días), para llegar a la playa de Les Salines. La lastima es que llegamos con el tiempo justo de tomar unas fotos e iniciar el camino de regreso. Nos quedamos con las ganas de pasar un par de horas en esa idílica playa, típicamente caribeña, de arena blanca, en forma de una extensa media luna y con los cocoteros rozando el agua.
De camino a Fort de France intentamos hacer una parada en un destilería de ron, pero nos daba la impresión de que las sirenas del Costa Atlántica sonaban anunciando su partida, así que lo dejamos para mejor ocasión. Los minutos iban pasando inexorablemente, el taxista hacía su trabajo de forma correcta y los kilómetros iban cayendo. Quedaba tiempo suficiente pero había quien ya empezaba a ponerse nervioso.
Por fin llegamos a la autovía, la velocidad aumentó y con ella el sentimiento de que llegaríamos bien de tiempo. Hasta que nos sumimos en un nuevo atasco. El taxista que intuía nuestro nerviosismo (entre otras razones porque entendía el español y había estado oyendo nuestros comentarios) buscaba el carril más rápido (ese que yo nunca logro encontrar) incluso se salió de la autovía para volver a entrar ganando con ello unos metros. Cuando descubrimos y superamos el motivo del atasco (un pequeño accidente) todos respiramos mejor (incluso los que manteníamos a capa y espada que no pasaba nada y había tiempo de sobras).
Llegamos al punto acordado en el puerto para descubrir que las tiendas estaban ya cerradas, así que contraorden al taxista para que nos dejara lo más cerca posible del barco. De todas formas aunque las tiendas hubieran estado abiertas habríamos tenido el tiempo justo para comprar el primer recuerdo que nos hubiéramos encontrado y a la carrera hacia el barco.
A las 18:15 mientras degustábamos unas porciones de pizza, el Costa Atlántica empezó a moverse para dejar atrás el Caribe que durante una semana habíamos disfrutado.
El espectáculo de ese día se trataba de un recital de piano y decidimos quedarnos directamente a dormir la siesta en el camarote (es más cómodo que el asiento del teatro). No obstante a la hora de la cena estábamos aguardando a que abrieran las puertas del restaurante. Pasamos la velada con nuestra amiga Vicky y nos dejamos caer por la discoteca.
El cambio horario es un coñazo pero algo ineludible si se atraviesan varios meridianos. El golpe de adelantar o atrasar el reloj cinco o seis horas me parece muy brusco, así que presupuse que sería mucho mejor, al volver en barco, ir cambiando la hora de forma escalonada en varios días. Esa noche adelantamos el reloj una hora, sería la primera noche de una serie de seis que aunque no de forma continuada (hubo un par de noches que no adelantamos el reloj) nos iban a ir haciendo perder una hora cada vez. Ahora sé que es mejor pasar el trago de una vez y cambiar de golpe que ir haciéndolo día a día.
A la 01:30 adelantamos el reloj hasta las 02:30 y nos acostamos. Llevábamos más de siete horas de navegación, estábamos en pleno Océano Atlántico y hasta dentro de cinco días no volveríamos a pisar tierra. O eso era lo que creíamos en ese momento ...

Continuará ...

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09 May 2007 13:02 #420670 por sandri
Pues ahora si que nos has dejado con la intriga en el cuerpo [:0]

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