Continuo con el relato. Este corresponde a nuestro primer dia en Dubai. Burj Al Arab y Madinat Jumeirah.
28 de enero de 2011
Hoy es viernes, el día festivo de los musulmanes. De 1 a 4 tenemos reservado para tomar el brunch, en el Burj Al Arab, uno de los edificios más emblemáticos de Dubai. Es un hotel de 7 estrellas, el único en el mundo que ostenta esta categoría, donde todas las habitaciones son suites y la mas pequeña tiene una superficie de 160 metros cuadrados y su precio es de unos 1.500 euros por noche. Está construido sobre una isla artificial a 300 metros de la playa con unos cimientos a 40 metros de profundidad y una altura de 321 metros. Su fachada se asemeja a la vela de un barco. Durante el día es de color blanco. Por la noche se convierte en un espectáculo de colores, debido a la iluminación que cada 30 minutos cambian y es visible desde cualquier punto de la playa de Jumeraih, tanto de día como de noche. Su interior es tan espectacular como su exterior o más, la decoración exquisita, por lo menos las zonas visitables para los no huéspedes.
Nos levantamos tarde, sobre las 10 y entre que nos duchamos, desayunamos y nos ubicamos, en el hotel recorriendo sus diferentes servicios, restaurantes, piscina, gimnasio, etc... nos dieron cerca de las 12 de la mañana.
Tomamos un taxi y nos llevó derechos al Burj Al Arab. Solo para entrar en el complejo de la isla, hay que atravesar una cabina de control donde nos pidieron el papel de la reserva porque si no es imposible entrar. Llegamos al hotel. Entramos y aunque no tiene una hall espectacular, la gran fuente bailarina que nos dió la bienvenida nos anunciaba una visita espectacular. Como así fue.
Nosotros habíamos reservado por internet,
www.burj-al-arab.com para el brunch de los viernes, que es un buffet espectacular, tanto en calidad como en presentación de los platos. Este descubrimiento se lo tenemos que agradecer a unos amigos de mi hijo que vivieron allí, por motivos laborales durante una temporada y son los que nos aconsejaron que a pesar del precio un tanto elevado pero no exagerado, merecía la pena. Nos encantó. La bebida era aparte del precio del brunch y nosotros escogimos agua mineral, 10 euros por botella. Pero así y todo mereció la pena.
De la decoración interior, remarcar, sus muebles modernos de diseño, preciosos, las sillas del restaurante, el piano transparente que nos acompañó con música suave mientras comíamos. Sus fuentes con luces y bailando al son de la música en su halla de entrada. Sus techos, sus columnas doradas. Las portadas de los ascensores. Sus lámparas. Sus alfombras con preciosos dibujos y bonitos colores , sus peceras con peces de colores a lo largo de las escaleras mecánicas., etc…etc…. Creo que por caro que salga merece la pena. Cuando terminamos de comer y de ver todo, no sin antes visitar los cuartos de baño, cuya decoración también merece la pena, así como las vistas que se observan desde el buffet, que está en el piso 27 del edificio, con pena abandonamos el lugar no sin antes de atravesar la puerta giratoria, volver la cabeza para vislumbrar por última vez algo que nos había dejado boquiabiertos.
Dimos una vuelta por los alrededores y cuando terminamos nos fuimos al Madinat Jumeirah, que se puede ir andando desde el Burj Al Arab. Al pasar por el hotel Jumeirah que está todo en el mismo recinto, vimos unos cochecitos como de paseo para trasladar clientes. Paramos uno de ellos que iba vacío y le dijimos al conductor que si nos podía dar una vuelta por los alrededores hasta llegar al zoco de Madinat, le dijimos que acabábamos de comer en el Al Arab, y nos dijo que si. El conductor fue super amable, nos dio una amplísima vuelta y nos fue explicando por todos los sitios que íbamos pasando, Hasta paró el coche en un sitio estupendo de la playa de Jumeirah, donde se dibujaba la silueta de la burj AL ARAB de forma majestuosa y nos invitó a bajarnos y a hacernos unas fotos, que el mismo nos sacó, desde el punto exacto que sabía quedaban perfectas, como así fué. Por fin llegamos al Complejo Madinat Jumeirah. Un complejo artificial formado por un hotel, un zoco, un teatro y muchos restaurantes. Los no huéspedes podemos visitar todo excepto el hotel. Tanto sus fachadas como su zoco y decoración es de estilo puramente árabe. Posee unos canales igualmente artificiales, de 4 kms de extensión y que son recorridos por abras solo utilizables para los huéspedes del hotel. Estábamos exultantes, entre la comida, la belleza del lugar y el paseíto nos sentíamos super felices.
El Zoco, la zona comercial, no es un zoco de estilo convencional, también ambientado en el más puro estilo árabe, posee 70 tiendas con buenos productos y precios en consonancia con el lugar y los productos. No se puede regatear.
Yo piqué en una de ellas y me compré una pashmina en cashemere y seda, por lo menos eso es lo que nos dijeron, de tacto muy suave y de colores turquesas, a juego con el traje pantalón que llevaba ese día. Después de casi dos horas de dar vueltas por las tiendas y los jardines, que a mi me parecieron muy cortitas, pero a mi marido y mi hijo saturantes, comenzaron las protestas y decidirnos irnos ya. Al salir otra sorpresa, todo estaba iluminado y la belleza que habíamos contemplado unas horas antes no se había desvanecido, sino que había cambiado de traje como si dijeramos, e igualmente pudimos comprobar otro tipo de paisaje. Pero lo mas sorprendente fue de nuevo la burj Al Arab, que estaba iluminada en amarillo, pero al rato su iluminación se tornó morada y así todo el rato, cada 30 minutos aproximadamente cambia todo el colorido. Nos encantó. Nos inflamos a hacer fotos. Ya empezábamos a notar el cansancio y decidimos irnos para el hotel. Cenamos ligero y nos acostamos.