<font face="Georgia"><font size="2"><font color="green">El miércoles 11 amanecimos en Livorno, desde donde teníamos pensado ir a Florencia y Pisa (ésta última si daba tiempo), aunque a sabiendas de que los itinerarios podían cambiar dependiendo de cómo se desarrollara el día.
Madrugamos sólo nosotros cuatro (mis cuñados y mis sobrinas tenían pensado ir sólo a Pisa, para visitarla en coche de caballos, y regresar al barco para comer... al final tuvieron prácticamente todas las instalaciones (jacuzzis, etc.) del Oceanic para ellos solos y unas treinta personas más), levantándonos a las siete y media. El barco ya estaba atracado en el puerto.
Hicimos un desayuno completo (el día prometía lo suyo) y bajamos del barco sobre las 8.20 horas, mezclados con los que habían decidido ir en las excursiones del barco y previo paso de la tarjeta por el lector magnético... se me olvidaba: este día bajamos por la cubierta Atlantic.
Nada más bajar del barco pudimos observar una hilera de unos veinte autobuses aproximadamente, en los que los excursionistas de contrato iban subiendo (sólo dejaban subir cuando el grupo o la familia estaba completa).
Nosotros nos fuimos a nuestra derecha: al fondo, a unos treinta metros, unos seis taxis y el Shuttle Bus del puerto. Los taxistas, sujetando carteles con precios y ofertas, te abordaban. Seguimos nuestro camino hasta el Shuttle y accedimos a él, tuvimos que pagar 1 € por cabeza, y el billete incluía el regreso (nos avisaron que el último partiría del punto donde nos dejaban a las 19.00 horas).
Aquí se nos empezaron a torcer las cosas, porque el autobús estuvo esperando cerca de 15 minutos hasta que arrancó, pues los que íbamos por libre descendíamos del barco con cuentagotas (recuerdo que un grupo de 6 personas bajaron y empezaron a negociar con un taxi, pero les faltaban 2 personas para llenarlo y les saliera más rentable. Les preguntaban a los que llegaban al autobús... finalmente el Shuttle se marchó con ellos en tierra, esperando una pareja. No sé si la encontrarían al final).
Como decía, el Shuttle arrancó, y nos llevó hasta la Piazza Grande de Livorno, en la parte inferior de la misma [está partida en dos], frente al Ayuntamiento (la Comune) [MAPA].
Tal como bajamos, nos acercamos al kiosco de información turística que hay frente a la parada, donde nos indicaron que los billetes de autobús y tren los podíamos comprar en el estanco que había enfrente un poco más arriba [MAPA]
... había que vernos!! Las cerca de treinta personas que íbamos, en grupo compacto de aquí para allá...
Nos acercamos al estanco y el dependiente, muy simpático, pidió un poco de silencio y dijo que iba a hablar para todos (estará acostumbrado a manejarse con grupos como el nuestro). Empezó a enseñarnos billetes, a decirnos su precio y a explicarnos para qué servían: que si éste para el autobús, que si estos para el tren (dos, porque allí compras billetes de distancias, no de destinos), etc... los billetes tenían una validez de 75 minutos para los del autobús (así que había que comprar los de regreso), y los del tren tienen una validez de 6 horas (comprar solo los de ida. Luego, si os pasáis de hora, ya compraréis más).
Resumiendo, nos costó el paquete [2 de autobús, y un billete de tren de cada] por persona cerca de 15 €. Aquí teneis los billetes comprados hasta ese momento.
Antes de marcharnos, el dependiente tuvo la amabilidad de decirnos directamente dónde se cogía el autobús (sabía que se lo íbamos a preguntar, el muy pillo)... otra vez, todo el grupo compacto hasta la parada... vuelvo sobre lo de torcerse el día. El autobús que debíamos coger aún tardaría 17 minutos en llegar (tienen paneles parecidos a los de los metros)... puro cachondeo lo del nombre de Prontobus.
Aquí un inciso. Durante esos 17 minutos tuvimos tiempo suficiente de comprobar cómo conducen los italianos... ¡¡¡Madre mía!!!
Tú ves perfectamente los pasos de cebra, los ceda el paso (aunque con otro diseño), etc., etc., etc... nada, eso no sirve. Los coches, las bicicletas, los camiones, los peatones, cruzan cómo les parece y cuándo les parece. En la parada había livorneses y livornesas que nos miraban, extrañados de ver las muecas que hacíamos y cómo nos llegamos a echar las manos a la cabeza en algunos momentos, acompañadas de exclamaciones, ante los “rizar el rizo” de los conductores y viandantes... aún no nos explicamos cómo aquello era tan natural para ellos y no sucedía nada (adelantamientos in extremis, cruces de bicicletas de la concurrida avenida con coches a más sesenta, etc.)... un espectáculo.
Llegado el autobús, nos subimos todos y validamos nuestros billetes. Llegamos a la estación, y entramos... para comprobar como se consumaba nuestra mala suerte del día al darnos cuenta de que en esos momentos partía el tren a Florencia y de que nos tocaría esperar una hora hasta el siguiente... esa hora la echamos en falta después.
Total, a esperar. Miramos en qué via (tracce) tendríamos que coger el siguiente, y nos fuimos a tomarnos un capuccino en la misma estación. Tras el mismo, nos fuimos a nuestro andén, donde también están las famosas maquinitas amarillas de convalidación...
El tren llegó con diez minutos de antelación, convalidamos los billetes, y para adentro... salió a la hora estipulada, las 10:11 minutos. Nosotros llevábamos los horarios desde aquí (los cuales coincidieron en su totalidad en la práctica), y que los bajamos de aquí (recordar de poner los nombres de las ciudades en italiano: Firenze, Napoli, Pompei...):
www.trenitalia.com/it/4f19b222631f4010Vg...0045a2e90aRCRD.shtml
Bueno, por delante teníamos una hora y veintidós minutos para descansar (hay que aprovechar). A las 11.33 horas aproximadamente nos plantamos en la estación de Florencia... nada más salir del vial hacia la estación, los aseos a la izquierda, donde hay que pagar 0’70 € [exactos, no devuelve] si los quieres utilizar (al entrar, hay una máquina de cambio a la derecha).
Salimos de la estación. Enfrente hay una oficina de información turística, donde la chica (con cara de aburrida) se limitó a darnos una hoja con el mapa de la ciudad, en la que nos puso una equis de dónde nos encontrábamos (sobre la estación)... vamos, eso ya lo sabía yo.
Con el mapa que nos habíamos hecho, nos adentramos en Florencia...
Aquí os pongo el recorrido definitivo que hicimos (en verde) diferente al previsto (en rojo lo no realizado)... entre la hora que perdimos y el entretenernos en admirar Florencia en cada rincón, en cada esquina [a más de comer en restaurante, craso error], tuvimos que reducir el circuito además de tener que correr al final para tomar el tren de regreso, pues queríamos ir a Pisa.
1. Estación tren, 2. Iglesia de San Lorenzo y Capilla de los Medici, 3. Duomo y Battisterio, 4. Plaza de la Señoría, 5. Galería de los Uffizi, 6. Ponte Vecchio, 7. Fuente del Jabalí, A. Santa María Novella (no pasamos porque teníamos que coger el tren), B. Self service donde comimos (unas pizzas... mmmm!!)
Está claro que no entramos en el Duomo, ni subimos a la cúpula (las colas eran de una hora, por lo menos), y prefería sacrificar esas visitas (pienso volver a Italia) a dejarme por ver más cosas con un mínimo de tiempo para cada una (Santa Croce, Pitti y Musseo Della Galleria descartados, desplazamientos muy largos).
Aún así, vimos muchas cosas, y todas dignas de admiración:
¡Qué contaros de Florencia! No vimos las aceras, todo el rato mirando las fachadas y los monumentos. El conjunto del Duomo y Battisterio (con su Puerta del Paraiso) nos dejó profundamente impresionados. La Piazza de la Signoria y la Galleria dei Uffizi, impresionantes. El Ponte Vecchio (tenía enorme ilusión por pasearme por él) encantador (lleno de joyerías, con tres guardias enfrente de la estatua donde se ponían candados, ya no dejan y habían dos o tres), con preciosas vistas sobre el río... me estoy limitando a hablar de cuatro cosas, cuando realmente, toda Florencia en sí te habla del Renacimiento, época en que debió ser una de las ciudades más importantes de Europa.
Escarmentados de la mala suerte que habíamos tenido con el transporte, decidimos coger el tren para Pisa de las 15.27 horas, y que nos dejaba en la misma sobre las 16.31 horas.
En el hall de la estación, tal como se sale a la derecha, pero dentro de la estación, vendían los billetes de bus a la Plaza de los Milagros... otra que está aburrida de vender siempre lo mismo: le pides “biglietti para campanile” (italiano mestizo) y ella te suelta un “si, LAM RED” (inglés, vale). Menos mal que nos dijo donde estaba la parada (en frente a la derecha, a las puertas de un hotel), porque te pones a mirar el cartel y el bus es un LAM ROSSA. Estaba comprobado que hoy no era el día del transporte en Italia...
Mapa con las paradas. ¡No subiros en la parada de vuelta! Os llevará al aeropuerto.
Aquí podeis ver el cartel de la parada. Os teneis que bajar en la “Torre 1”.
Nada. Lo dicho. Otros diez minutos, más o menos. El bus nos dejó en la misma entrada a la plaza. Nos hicimos nuestras fotos (aquello era la repanocha, bueno, más bien parecía una escuela de mimo, doscientas o trescientas personas a la vez en parecidas posturas: que si la aguanto, que si la llevo a cuesta, como Obelix, que si la empujo, etc.), también sujetando el “campanile”, admiramos el conjunto (bello contraste: césped verde, mármol blanco, cielo azul) y compramos nuestros recuerdos entre las numerosas tiendas frente al conjunto (precios baratos, de verdad).
De regreso, ya más tranquilamente, volvió la suerte que nos había estado esquivando todo el día. El autobús estaba en la parada cuando llegamos y el tren estaba esperándonos (es un decir) para marcharnos. De aquí a Livorno apenas 15 minutos... también estaba el Prontobus en la puerta de la Estación... ¡qué suerte!, subimos a la sardinera (horario laboral, qué vamos a hacer) y a bajarnos en la Piazza Grande (estábamos pendientes, a todos los autobuses no les funcionan los letreros de las paradas). Nos acercamos al lugar donde nos había dejado el Shuttle, al que aún tuvimos que esperar. Allí subimos tanto pasajeros como tripulación (¡tranquilo, sin estos no nos vamos!), y tras esperar unos diez minutos nos fuimos.
Del autobús al barco, subes por la pasarela y, extraña y gratificante sensación: parecía que volvías a casa. Llamé al cuñado para decirle que habíamos llegado (llamada gratuita entre cabinas) y quedar en el Casino antes de ir a cenar, nos duchamos, nos arreglamos y a tomar nuestro bloody mary (abre el apetito).
Pasamos al restaurante, donde nuestros camareros (Paula y Alex) nos esperaban con una sonrisa. Nos pusieron la servilleta sobre el regazo, nos pusieron el agua y Alex, en un alarde de memoria, nos ofreció servirnos vino blanco de Canals & Nubiola (el vino que habíamos tomado las noches anteriores), a la par que ponía el resto de bebidas que tomamos. Esto se repitió durante el resto de noches. Decir igualmente que hicimos una gran amistad con ambos, charlábamos todas las noches (mientras nos servían o nos tomaban nota) y no tuvieron nunca un mal gesto o pusieron pegas a tomar nota de un nuevo plato (tras la comanda general) o retirar alguno que no había gustado (hay algunos que hay que probarlos para saberlo)...
Tras la cena, al Casino a por nuestro capuchino (el ser humano es un animal de costumbres), y después al Broadway, espectáculo de humor (en los espectáculos te ofrecían una copa mientras lo veías)... No podíamos parar de reir.
Aquella noche era la de Drag Queen. Los que quisieron se disfrazaron y se acercaron a la Disco Starlight, pues había concurso y todo.
Nosotros nos quedamos justo al lado, en el Heroes y Leyendas, recordando el día.
A modo de resumen, decir que Florencia es bellísima, y tengo seguro de que regresaré para conocerla con más detalle. Es puro Renacimiento en cada calle, en cada edificio. En cuanto a Pisa, parece que la Plaza de los Milagros la conoces de toda la vida, de haber visto tantas fotos. La ciudad (vista desde el bus) es diferente a Florencia, edificios también antiguos, pero más desperdigados.
Lo único que lamento de aquel día es la mala suerte con los transportes de la mañana... sólo pienso que si hubiera cogido el tren que tenía previsto, hubiera contado con una hora más para disfrutar (porque eso sí, disfrutamos como enanos) más de nuestra estancia en Florencia y Pisa.
...bueno, mañana toca Roma y hay que madrugar. A dormir.
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** Brisas del Mediterráneo en el S.S.Oceanic 9-16/04/07... qué bueno fue mientras duró...