Querida Mtse. La mirada de la foto no es otra que estaba yo ojo avizor, porque allá a lo lejos en el horizonte que me pareció divisar la silueta oscura de Sandokán, pero fue sólo un espejismo, no se atrevió a presentarse porque me vió demasiado bien atabiado con mis vestimentas. Por cierto esa miradita mía así como sin queriendo, a que vuelve locas a las señoras? jajaja.
Por cierto, no os he contado LA MAS GORDA del crucero:
El primer día cuando entramos, pues lo normal, te reciben en el vestíbulo, te acompañan al camarote, se presenta el camarero de la cabina, te asignan el comedor, la mesa -número 54- y turno de cena -que teníamos el 2º-, y te ofrecen el comedor ya nada más entrar, por si quieres picar algo.
Pues bien, en la primera cena, llegamos al comedor, nos acompañan a la mesa 54 muy próxima a la puerta de la izquierda -de las dos con que cuenta el comedor para entrar- Y allí estaban sentados una familia de Galicia, el Sr. de 45 años -Víctor-, su Sra. -Ino- y su hija una niña de 12 años -Raquel-.
Pues bien, yo haciendo muestra de la cordialidad y amabilidad que me caracteriza y de la que por cierto me siento muy orgulloso, antes de sentarnos a la mesa, me presento y saludo a los tres, y a continuación mi señora y mi hijo. Ya nos sentamos y en unos instantes, pues eso, te miras, te observas, te analizas con la vista, etc, las cosas que suelen pasar cuando estás con alquien desconocido. Bueno, me dije, a esto hay que darle una solución rápida y comenzar a romper el hielo, y como nadie entraba al trapo, pues me lancé yo, siempre con la mejor de las intenciones: De donde venís, de Galicia respondieron, bonita tierra respondí yo.... Y ya la conversación iba profundizando paulatinamente, le conté alguna de mis visitas a Galicia, que nosotros somos de Salamanca, etc. Aparece la camerera -Cleisse- una chica fantástica y tremendamente amable, nos ofrece la carta y nos recomienda unos platos en particular. Así pasó la primera noche.
-La segunda, como ya habíamos hecho las presentaciones oportunas la noche anterior, pues nos limitamos a conversar un poco nuestra excursión en Mónaco, etc. -creo que ellos no salieron a ningún sitio, sino limitarse a dar un paseo por Villefranche-. Bueno, pues conversamos otro poquillo, etc. Y así llegó la hora de salir del comedor.
-La tercera noche, después de una actuación en el salón -del humorista Señor Corrales-, pues nos entretenemos un poquillo y llegamos al comedor unos minutos tarde. Yo estaba un pelín intranquilo, porque no me gusta hacer esperar a la gente, sino que prefiero ser yo el que espere aunque tampoco me gusta que sea mucho. Bueno pues llegamos y me alegré de que ellos no lo hubieran hecho aún -así no tendría que disculparme-, nos sentamos a la mesa y se acerca -Cleisse- la camarera, con la carta, nos la ofrece y nos pregunta si esperamos a los acompañantes de mesa, a lo que lógicamente respondí sí. El tiempo va avanzando -pasaron ya unos 10 minutos desde que llegamos- y ellos aún no vienen, por lo que, para no hacernos esperar más, los camareros comienzan a servirnos. Empezamos a comer, seguimos comiendo, continuamos comienzo hasta el final, y ellos no aparecieron.
-Ya en la cuarta, quinta, sexta y séptima noche....... cenamos SOLOS.
-En el barco nos encontrábamos de cuando en cuando, por la zona de piscinas, comedores exteriores de cubiertas, etc, y cuando nuestras miradas se encontraban nos limitábamos a saludarnos, yo muy cortésmente, porque soy así. Nunca comentaron nada del restaurante. De vez en cuando me viene a la cabeza la pregunta: No les habremos caido bien???
Desde luego, en la primera noche nos presentamos muy cordialmente y fui yo quien comenzó a entablar una conversación, cuando menos entretenida para pasar el tiempo. Igual hice algo mal. Vosotros que ya tenéis experiencia en más cruceros, podéis decirme si hice algo mal?
Un beso y hasta luego