Check-in y Embarque
La verdad es que el viaje desde Madrid en coche se nos hizo muy corto.
Elegimos un parking en la calle Motors que concertamos con una conocida agencia de excursiones

Nos ahorramos 6€ haciendolo así. El parking está muy bien, buen servicio e instalaciones y traslados al puerto incluidos. Se tarda 10 minutos en llegar (cronometrado)
Llegamos a la terminal del puerto y nos dejaron junto a los mostradores donde nos recogieron las maletas y nos dieron el número para embarcar. Iban por el 15, pero el señor que nos cogió las maletas, sin decirle nada, nos puso el número 2. Un punto para Costa! Nos dieron un cuestionario para rellenar con nuestro teléfono y en el que asegurábamos que no teníamos enfermedades tipo virus ni habíamos tenido diarreas ni fiebre en la última semana.
Pasamos el escaner, subimos a la primera planta y una azafata de Costa nos recogió el cuestionario y nos dirigió a la fila para el check-in donde había una fila......enorme! pero oh! maravilla! nos dio acceso por la fila VIP y no esperamos. Otro punto para Costa!
El embarque empezaba a las 15,30 y eran las 14,45 así que tocaba esperar: cerveza y coca-cola 7€... un poco careros
Al final abrieron el embarque y fue un caos, la gente se arremolinó al rededor del personal de Costa, no dejaban ver ni oir lo que decían, había una señora con el número 4 que no paraba de intentar colarse por todos lados, qué horror! siempre alguien dando la nota. Llamaron casi a la vez al 1 y al 2 así que me tocó sortear a la multitud, que no respondía a razones y pasando un miedo horroroso pensando que me iban a pisar
Accedimos a la fila, foto de rigor con el "timoncito" y mas fila hasta el personal del barco, recogida de papeles y foto de rigor.
La sensación al entrar fue de DIOS que pasillo... no voy a llegar nunca:
Pero llegamos, camarote acogedor y mas grande de lo que esperaba, muy bien, con un sofá donde ir amontonando ropa cada día
Lo bueno es que las maletas ya habían llegado a la cabina, fue muy rápido. así que subimos al buffet a comer algo, porque estábamos desfallecidos. Unos trozos de pizza, unos bocadillitos salados, una infusión... nos supo a gloria.