Gracias, Maria de Buenos Aires, por complementar la información de Keltic, aunque me desanima saber ciertas cosas.
Es evidente que sería más beneficioso para las navieras ponerse todas de acuerdo y respetar el principio de rebaja máxima por compra anticipada, resistiéndose a las ofertas de última hora. Como los potenciales clientes sabrían a qué atenerse, no se esperarían hasta última hora para ver si bajan los precios y no se quedarían, muchos, en casa si finalmente la rebaja no es la esperada, lo cual es evidente que no es bueno para dichas navieras, que, además, sabrían con mucha más antelación que volumen de reserva van teniendo sus barcos, etc. Es aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”.
Y sería también mucho más beneficioso para los clientes, que pueden planificar y reservar sus vacaciones con la anticipación necesaria para preparar con ilusión su crucero (no sé vosotros, pero yo creo que uno de los momentos en que más se disfruta un crucero es en el de la espera laboriosa, mirando información, buscándola, hablando con los que la tienen) y saben que no habrán “ofertas” mejores que estropearán la sensación de haber hecho un buen negocio con la reserva anticipada. Es decir, con las ofertas de última hora no sólo se rompe con la promesa hecha al cliente sino con el mejor sistema de mercado posible, el transparente: el de los precios seguros, anunciados y comparables. No sé a vosotros pero a mí no me gustan las rebajas de última hora, no es jugar limpio, tan sólo a las personas muy acomodadas y con una libertad que sólo el dinero puede dar les es posible aprovechar este sistema de ofertas que implican marchar en cualquier momento de vacaciones. Lla mayoría de personas tienen un trabajo con un calendario de festivos muy restringido, con unos hijos que tienen que ir a la escuela, etc. etc. No es un sistema equitativo, es un sistema para privilegiados. A mi siempre me han gustado más las tiendas con precios fijos y marcados en el escaparate que los bazares árabes donde hay que regatear forzosamente. Como la sensación de poder no emplear bien el poco dinero sobrante de que dispongo me tiene siempre preocupado, odio no saber a qué atenerme cuando realizo una adquisición costosa como es el pasaje de un crucero. Prefiero poder reflexionar, hacer números, planificar con tiempo, organizarme, etc.
En fin, creo que la seriedad y la confianza son valores importantes para ganar una clientela satisfecha y fidelizarla. Y que los cambios de última hora, sean en precios, sean en cambios de itinerarios, sean en anulaciones, llevan siempre a desconfiar y a desanimar a la demanda. Insisto, preferiría que todo lo que he averiguado sobre precios (la necesidad de ser muy “enterado” para conseguir un buen precio, que los catálogos que son papel mojado, etc.) no fuera cierto y que nos moviéramos en un mercado en que todos los amantes de los cruceros estuviéramos en igualdad de oportunidades. Vaya rollo os acabo de soltar. Perdonarme.