MARSELLA 20-06-2015
Llegada a las 12:00- todos a bordo a las 18:30
En cuanto bajamos nos dirigimos a pie hacia la parada del bus 35. La verdad es que es un paseíto para estirar las piernas. Debo confesar que nuestra aventura ya empezó mal, pues aunque sabía lo del bus me avergüenza decir que al principio pensaba que la ciudad estaba mas cerca. Al ver que el camino se cerraba, de vuelta a la marquesina del bus, mi marido pierde su sombrero en una ventada y un poco mas se mata resbalando por un sedero queriendo recuperarlo. Total que preguntamos a otra pareja que iba tan perdida como nosotros y en el mapa vimos hasta donde dejaba el bus. Llegamos a Joliette y allí esa pareja se va hacia el metro y no sabemos qué hacer. En metro te pierdes la vista de la ciudad. Damos una vuelta averiguando. De francés, ni mú. Volvemos a la parada y el 55 estaba parado. Preguntamos al chófer y logramos entender que él pasa por el Port Vieux y que allí hay que coger el 60, para ir a Notre Damme. Fue muy amable e incluso estuvo preguntando sobre fútbol y política, jeje... Mientras ,llega otra pareja jovencita y con miedo preguntan si hablamos español y yo le contesto que a la perfección y nos reímos los cuatro. Quieren hacer lo mismo que nosotros y le cuento lo último que sabemos. En Port Vieux, nos hacemos unas fotos mientras esperamos el 60. Por lo visto el bus de la naviera deja allí y una pareja mayor se unieron para subir, también semi-perdidos. Total, cuando llegamos cada uno por su lado, nos hicimos fotos y de vuelta fuimos a la Catedral de La Mayor. Subimos por la parte de atrás y conforme me acercaba le hacía fotos y la vi muy sucia. Subimos las escaleras traseras para rodearla.Me pareció curioso que tuviera una sinagoga al lado. De frente a la catedral estaban aparcados un grupo de coches adornados para una boda gitana. Los dejamos fuera y al poco tiempo sonaron claxons de los mismos que se alejaban. Como buena catedral es enorme pero sobria, a comparación con la Basílica de Notre Damme, pequeña y la encontré muy recargada. Yo no entiendo de arquitectura, pero me impresionó el trabajo que les llevó construir y adornarla. Años atrás ni me molestaba en entrar en ningún sitio eclesiástico, pero desde que puedo viajar me fijo mas y si puedo no me pierdo una.
De vuelta a Joliette, nos despedimos de la pareja mayor que nos acompañó. Ellos el bus de la naviera y nosotros el primer 35 que vimos. Estaba parado en descanso y sin querer pusimos el pie dentro. El conductor estaba con su móvil, levantó la cabeza con mala leche y ya pillamos la indirecta. Total que no preguntamos nada y esperamos para comprar el billete. Llegábamos al puerto y pensamos que ya sabríamos dónde apearnos. Total que el bus empezó a alejarse y alejarse y alejarse, entonces si le preguntamos y nos dijo con malos modos que a la vuelta. O sea, nos pasamos de largo mas de dos pueblos, literalmente. Cuando vimos que nos acercábamos, le pedí a mi marido súper nerviosa que volviera a preguntar y el chófer se puso como una fiera, sin saber qué decía. Se levantó un señor que chapurreaba español y le explicamos dónde íbamos. Habló con el chófer que no tuvo ni educación para ese señor que se limitó a escuchar y nos contó que en dos paradas llegábamos al lugar donde subimos la primera vez. Cuando bajamos le di las gracias gritando y para el barco que nos fuimos. Yo estaba de los nervios porque creía que no llegábamos a tiempo. Así que mientras despotricaba con mi marido, me dirijo a él y no estaba. Resulta que en un golpe de tramontana se le voló de nuevo el sombrero, intentó rescatarlo, pero al instante lo dio por perdido y yo no me había enterado porque era tal el viento que hacía que no me llegaba nada a los oídos y él mosqueado porque no me enteraba, jajaja, pobrecillo!!
Llegamos, comemos algo, ya eran las cinco de la tarde. Nos duchamos y descansamos hasta la hora del teatro. Hoy toca tributo a Michal Jackson. Estuvo muy entretenido, corto pero intenso.
Por la noche nos encontramos a la parejita que se fueron por su cuenta les pregunté dónde se habían apeado a la vuelta y me contó que se encontraron a muchos de los navegantes y todos bajaron en Puerto 4. La suerte fue no encontrar a nadie en nuestro bus y al chófer más simpático de Marsella.
A la hora de la cena, noche de gala, para concretar... nos encontramos a nuestros acompañantes, tres matrimonios: Seve y Encarni de Lleida, Yoli y Juan de Oviedo y la otra pareja, la siguiente noche se fue a otra mesa pues coincidieron con unos primos y los sentaron juntos. La gala no es para tirar cohetes así que fuimos a dar una vuelta, tomamos algo y al camarote. El día había sido muy intenso.
Mañana temprano, estamos en Génova.