Acabo de llegar del Marco Polo en un crucero de Barcelona a Atenas. Como sabéis, hay unas ofertas de 2X1. Yo he cogido una de estas y me he encontrado con EL CHOLLO DEL SIGLO. Para no extendeme en valoraciones, si tuviese tiempo, me embarcaría en este barco y no me bajaría hasta que me echasen tras acabar su vida en Orient Lines. A estos precios no hay nada parecido en el mercado de cruceros.
El cuanto el barco, está cuidadísimo. Están todo el día arreglando, pintando, etc. Se nota que los nuevos propietarios (ahora lo tienen alquilado a Orient Lines, pues ya lo compraron) quieren tenerlo en perfectas condiciones, con todas las maderas relucientes, los suelos de teca con las tablas estropeadas cambiadas por nuevas, etc.
En mi crucero, en vez de ingleses, la mayoría absoluta provenía de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica; el resto eramos pequeñas minorías, entre las cuales cerca de 20 hispanoparlantes, en su mayoría españoles.
El barco, por dentro, es coqueto, agradable y bien cuidado. Es un barco en que todo el tiempo ves el mar, incluso, desde las tiendas (no tienen cegadas las ventanas como el QM2). Con sus 20.000 TRB, hoy es casi un yate. Tiene mucho espacio público y, aunque el barco vaya lleno, siempre hay sitio en los salones públicos.
La animación es discreta y adecuada al ambiente. No hay grandes espectáculos, sino artistas y un quinteto fijo de baile y cante. Tiene una orquesta de 8 miembros que es enorme para el tamaño del barco, y un pianista en el pianobar. Hacen cine pero, desgraciadamente, es con VHS y no tiene subtítulos.
El servicio de cabina, como en todas las navieras. El desayuno en el dormitorio sin platos calientes y el día de desembarco no se sirve. El servicio de comedor atento y servicial, mejor que en muchas navieras con más pretensiones (te quitan las migas antes del postre y te sirven la infusión en tetera y no en sobre en la taza, por ejemplo). Al mediodía se puede comer en el comedor, en el bufet y en la parrilla de la piscina. La comida del bufet, con toques exóticos orientales y sudamericanos, cuando no españoles, y bastante variada al mediodía. Normalmente comí en el bufet pues me apetecía más que el comedor, supongo que por que salía más satisfecho.
Para cenar hay dos turnos pero, además, el bufet se arregla con manteles, velas, servilletas, etc., como un comedor más, para los que quieran comer fuera de su turno o con otros comesales. No lo utilicé pero parecía agradable y con buen ambiente.
La comida de las cenas me pareció correcta. Solo eché en falta las raciones de carne de las cenas, pues solían ser extremadamente pequeñas (el rosbif cortado como jamón). El día de la langosta las raciones de la misma y de la carne eran normales.
El té por las tardes, en bufet, con scones y demás cosas habituales, como en otros cruceros.
Lo más original era que te encontrabas al capitán hasta en la sopa. No era un ser invisible que sólo veías las noches de fiesta, sino un señor que solía desayunar y comer (no sé si cenar...) en el bufet. También encontrabas allí a los oficiales. En esto, el Marco Polo me recuerda los transatlánticos antiguos, donde podías charlar con cualquier oficial y con el capitán a lo largo de los días. Esto le da al barco un ambiente marinero del que carecen los grandes barcos.
En resumen, un barco coqueto, agradable, para pasar una temporada, y actualmente el mejor chollo vacacional que puede encontrarse en el mercado.
Hay un crucero de 47 días que sale de Barcelona en noviembre y acaba en Usuaia, tras haber dado una vuelta por la Antártida, que me tiene robado el corazón.
Dado el tamaño del barco, llevarse calzado de deporte para el gimnasio, pues casi no caminas fuera de las excursiones. El gimansio adecuado y correcto y trez jacuzzis en la cubierta exterior superior, separados de la piscina.
El que pueda, que no se pierda la ocasión de probar el Marco Polo.