<font face="Georgia"><font size="2"><font color="green">Hoy sábado, 14 de abril, no hemos madrugado tampoco, y menos después de haber pasado una noche (junto a la de navegación hacia Villefranche) algo movida (pero sin exagerar).
Nada más levantarme me puse a rellenar las fichas para bajar a tierra, y que me habían dejado la noche anterior. Las fichas tenían gran parte de los datos ya impresos, pero faltaban algunos más concretos, que rellené enseguida… a las 9.00 horas ya estábamos desayunando en el 7 Continentes, porque queríamos comer antes de desembarcar. Hoy íbamos los cuñados y nosotros (con nuestros respectivos hijos) con la excursión del crucero.
Durante las mañanas que hemos desayunado en el restaurante nos hemos ido encontrando a Muñoz, supervisor de camareros (quien no se arrimaba mucho a pesar de su cordialidad y simpatía, pues mi sobrina Cecilia lo controlaba y le marcaba la distancia con su seriedad en cuanto entraba en el salón); a Aldo, un camarero muy simpático que también tuvo que trabajarse una foto con la sobrina.
Tras desayunar, dejamos a las sobrinas en el Tibu (en la cubierta Premier) y nos subimos al Actor’s (la cafetería con mejor horario de todo el barco, desde las 8.30 horas de la mañana hasta las 1.30 horas de la madrugada), esperando el momento de nuestra llegada al puerto de La Goulette, en Túnez. Tomamos una copa, y cuando avistamos tierra nos subimos a la cubierta Sun para disfrutar de la brisa y ver cómo atracábamos… al entrar en el puerto, pudimos ver el Grand Voyager.
Al poco de atracar el Oceanic (sobre las doce y poco) anunciaron por megafonía que las autoridades aduaneras de Túnez subirían en breve al barco para visar los pasaportes, en la Disco Starlight [¡¡NO OLVIDAROS LOS PASAPORTES!! También son necesarios para embarcar…].
Nos fuimos a por las sobrinas (el visado del pasaporte es personal e intransferible) y nos fuimos para la Starlight… ya había una cola inmensa, que llegó a dar la vuelta completa a la cubierta Lounge (los que estaban para entrar a la Disco Starlight veían el extremo de la cola)… aún así y todo, la cola se movió rápida, pues cuatro personas de la policía aduanera (el otro iba de paisano), se pusieron a poner sellos como locos… cuando llegamos nosotros, nos cogieron el pasaporte con la ficha (pusimos la ficha correspondiente dentro de cada pasaporte) y nos sellaron el pasaporte y una de las partes de la ficha, devolviéndonos la otra parte de la ficha más el pasaporte. Salimos de la Disco y nos fuimos a comer…
A las 13.30 horas nos fuimos al Salón Broadway para desembarcar con nuestra excursión (Carthago-Sidi Bou Said). El salón estaba prácticamente lleno, y Pedro nos tenía más o menos controlados… empezó a dar salida a los excursionistas por secciones del Broadway… primero estos, estos ahora… bajamos a la cubierta Atlantic, de la cual descendimos y nos fuimos para el autobús. Solo te dejaban acceder cuando tu grupo/familia iba completo/a. Te cortaban el ticket de la excursión y a subir al autobús. A nosotros nos tocó el veinte, con Isham como guía (simpático, nos explicó perfectamente lo que íbamos viendo [metiendo alguna que otra palabra en italiano]).
Boleta de la excursión.
Este es el mapa con los sitios que visitamos:
a- Puerto donde atracó el Oceanic, b- Puerto púnico de Carthago, c- colina de Byrsa (Iglesia de San Luis y restos de Carthago), d- Termas de Antonino, e- Sidi Bou Said. El orden de visita fue Byrsa-Puerto-Termas-Sidi Bou Said.
Salimos del puerto y nos dirigimos a la colina de Byrsa, donde se fundó posteriormente Cartago. Isham, mientras circulábamos por las calles de La Goulette, nos relató la leyenda de la fundación, con su piel de toro y todo.
Lo primero que divisas es la catedral de San Luís (hoy en día desconsagrada y museo), en cuyo entorno se encuentran las ruinas de la antigua Carthago púnica. Enfrente de la misma, habían varios puestos de recuerdos, así como personas caracterizadas de romanos para la foto, como en el Coliseo de Roma.
Bajamos del autobús y una docena de vendedores tunecinos se avalanzó sobre nosotros, con vasijas, rosas del desierto, y (¿recordáis esos tamboriles que llevaban un palito y unas bolitas colgando de unos hilos?) un sonido machacón mientras te decían “un euro un euro un euro” y te agarraban del brazo para que no escaparas... Nos dirigimos deprisa hacia la entrada al parque arqueológico… y ellos deprisa detrás nuestra… me salen de noche y me da un canguelo…
Entramos, y nuestra sorpresa es cuando nos dicen que para hacer fotos hay que pagar un vale de 1000 dinares o 1 € (me gusta el cambio/change tan rápido y el redondeo de la moneda en Tunez).
Aunque son escasos los restos arqueológicos al aire libre, desde la colina se tiene una bella panorámica de la zona. Isham nos explicó lo que era cada uno de aquellos edificios (en numerosos casos solo el suelo) y nos explicó un poco qué ibamos a ver en el museo, diciéndonos el tiempo que teníamos para verlo y a qué hora nos marchábamos del lugar. Estaríamos en el lugar unos 30 minutos…
Dentro del museo hay numerosas piezas, mosaicos y estatuaria impresionante que te cuenta sin palabras la importancia que debió alcanzar la urbe en su momento.
De nuevo nos subimos al autobús (los vendedores nos volvieron a asaltar) y nos fuimos para lo que fue el puerto de Carthago (con su característica forma de “donut”), previo paseo por una de las más aristocráticas zonas de la ciudad (en época del protectorado) pero a la que se le notaba que había vivido tiempos mejores. También pasamos por delante del “Toffet” (santuario púnico, lleno de altares, donde nos dijo Isham que la aristocracia púnica sacrificaba a uno de sus hijos a sus dioses).
Me mosqueé un montón porque no paramos a verlo. No sé todavía cómo me salió tan bien la foto con el autobús en movimiento… para mí era más digno de ver aquello (estaban allí los altares de piedra grabados) que ver el puerto de Carthago, del cual sólo queda el anillo de agua y un montículo de tierra con vegetación en su interior.
Tras explicarnos el guía cómo debió ser el puerto, estuvimos allí un rato (más o menos unos diez minutos) y nos volvimos a subir al autobús para ir a las Termas de Antonino, a orillas del mar.
Isham volvió a explicarnos el lugar sobre una maqueta que existe junto a las ruinas y nos dejó allí diciéndonos que podíamos recorrerlas y que nos esperaba sobre las 14.45 en la salida (en unos 30 minutos, más o menos)…
La primera vista es impresionante (hoy prácticamente lo que se ve en realidad son los subterráneos, donde estaban las calderas, etc.) y observando la única columna completa que queda en pie puedes imaginarte la grandeza de las termas (terceras en tamaño en aquella época)… recorrimos los vestigios, nos hicimos fotos, vimos muchos ladrillos y poco mármol (algo quedaba del expolio [como en Byrsa] sufrido durante siglos para construir las ciudades cercanas).
Salimos del complejo y, enfrente, vimos tiendas de recuerdos. Cojí unas cuantas postales (6 postales, 1 €) y me fui a pagar. Solo llevaba piezas inferiores a 1 €, y no me las quisieron coger (en realidad esto pasa con todos los que te vendan algo a 1 €), no tengo ni idea de por qué.
Nos subimos al autobús y nos fuimos a Sidi Bou Said. Las calles estaban llenas de gente y de autobuses. Isham nos dijo que el autobús nos recogería en el mismo lugar a las 17:45 y nos llevó hacia la calle principal del pueblo y nos fue explicando las características del mismo, llevándonos hasta la puerta de un lugar donde nos dijo que se representaba el modo de vida autóctono, y que costaba 2 € la entrada. Gran parte de los que íbamos entraron, e Isham, al ver nuestra intención de seguir visitando el pueblo y no entrar, nos preguntó por qué. Le dijimos que queríamos ver el pueblo y él siguió insistiendo hasta que nos dejó por imposible.
Hay que ver Sidi Bou Said. Sus casas blancas y sus calles estrechas y serpenteantes pueden recordar a Ibiza, pero se distingue por sus puertas y ventanas de color azul. El pueblo es muy bonito, con tiendas de recuerdo por doquier… recorrimos las calles llenas de turistas y esquivamos vendedores… “Pepe, Pepe”, te llamaban, mientras intentaban cogerte del brazo… por mi hija me preguntaron “cuanto cameloz?” (más por atraerme a la tienda que con reales intenciones).
De regreso por la calle principal nos metimos en una tienda, a comprar recuerdos, chilabas (algunas, las demás las traiamos de Alicante, salimos en las fiestas de moros y cristianos), babuchas, pañuelos, etecé etecé etecé…
Nos embolicamos con el vendedor (qué castellano más bueno) y a coger cosas, mira esta gumia, mira esta cara, piel de camello, no se estropea, mira como no le pasa nada cuando le pongo el mechero, esto también te va bien, eso también es muy bonito… para, para, que no me quiero llevar toda la tienda… luego llegó el momento de regatear… porque tienes que regatear, lo primero que te dice es que te ha subido el precio porque hay que regatear, si no no vende… pues nada, a regatear. Al final, cuando comprendimos que el precio era justo, se fue a buscar a su jefe porque estaba palmando pasta con lo que le daba… total, vino el jefe, hablaron en árabe y montaron el paripé (el jefe coge la maquinita y empieza a sacar la cuenta de lo que le va enseñando) y al final dice (todo con gestos y meneando la cabeza) que vale, que me deja comprar.
Total, cargados nos vamos bajando la calle, y aunque te ven que ya has comprado, te siguen tirando de la manga los vendedores con los que te cruzas.
Nuestro itinerario en Sidi Bou Said
a- Lugar donde nos dejó y recogió el autobús, b- casa de representación de las costumbres autóctonas, c- plaza con vista panorámica (dos fotos más arriba).
Llegamos al punto de reunión y al autobús, en el trayecto de vuelta nos enseñan (lo de enseñar es un decir, más bien lo intuyes allí donde te dice) un par de vestigios más y a subir al barco.
A pie de pasarela nos esperaba un guardia de aduanas, que nos recogía la ficha que nos habíamos quedado (luego las unirán por ver si alguien se quedó en tierra), mientras los de la cola compramos tambores (a 5 € los grandes y 1 € los pequeños) a un puesto de recuerdos que está frente a la escalerilla (para estar ahí tiene que ser familia de alguien). Pasamos bolsos y bolsas por el detector del barco y nos fuimos a dejar las cosas a la cabina y a ver zarpar al Oceanic... aún estaba el Grand Voyager atracado... se ve que no tenían cerveza, porque los pasajeros nos pedían que le echáramos alguna...
Nos tomamos una copita en el Heroes y Leyendas… y aprovechamos para hacernos otra foto con Fabián (siempre pendiente de que no nos faltaran mojitos).
Nos duchamos y vestimos con nuestros ropajes (si no os acordáis de compraros las chilabas en tierra [máximo 10 € las sencillas] puedes comprarlas en el barco por 15 €].
Quedamos en el casino y nos hicimos una copa (yo, un par de bloody marys), y a cenar. Esta noche todos los camareros llevan casacas moras, y hubo más “participación” por parte de los pasajeros.
Cenamos y nos fuimos a hacernos la foto de recuerdo con nuestra pajarera típica y todo.
Después, al Casino a escuchar música mientras charlábamos… no fuimos al espectáculo del Broadway, “un viaje de sueños”…
Más adelante nos fuimos al Héroes y Leyendas… esperando que se hiciera la hora del buffet magnífico, cosa que mi hija aprovechó para presentarse al concurso de Miss Sherezade en la Disco Starlight... al final los niños se fueron a dormir, cansados, y no vieron el buffet magnífico. Lo cierto es que el nombre le hace justicia. A la 1.15 horas abrieron el restaurante SOLO para que los que quisieran hicieran fotos y video… a lo largo del restaurante se había dispuesto una mesa larguísima, espléndidamente arreglada con estatuas de hielo y mantequilla, frutas esculpidas, comida y comida dispuesta artísticamente… ¡qué pena que algo que había sido preparado con tanto trabajo y esmero durara apenas diez minutos!
Cuando abrieron (termina la media hora de exposición y cierran nuevamente hasta que entras a degustarlo) la gente se comportó más o menos, pero había cierto tipo de personas que se dedicaban a “pillar”: uno por aquí se llenaba el plato de jamón, otro por la otra punta se lo llenaba de cigalas, etc… y eso que habían cenado hacía poco.
Bueno, nosotros cogimos lo que nos apeteció y nos sentamos en una mesa… pudimos observar que los cocineros reponían si se acababa algo...
Tras el bocado, nos fuimos otra vez al Heroes y Leyendas… nos retiramos a las 3.00 de la madrugada…
En fín… estuvo muy bien la excursión. No paramos en el Toffet (algo que tengo apuntado en el debe) y sobre todo me encantó Sidi Bou Said… en cierto modo me recordaba a nuestras casas de la costa mediterránea... eso sí, eché en falta la emoción de días anteriores, de descubrir las cosas, los lugares por uno mismo...
El buffet fue eso… magnífico. Un diez para todos los cocineros que estuvieron dos días (según anunciaron) trabajando para crear aquella obra de arte…
…bueno, nos fuimos a la cama satisfechos del día vivido, pero una sombra se cernía sobre todos nosotros…
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** Brisas del Mediterráneo en el S.S.Oceanic 9-16/04/07... qué bueno fue mientras duró...