Seis de diciembre de 2004. El día amanece con niebla aunque poco a poco va despejando hasta que el sol logra abrirse paso. Dispuestos a iniciar nuestro viaje “Sueños del Caribe”, sobre las 10:30 horas, llegamos al aeropuerto de Madrid Barajas con intención de tomar el vuelo de Air Pullmantur PL 1022, a las 13:00 horas tal y como estaba previsto.
El primer trámite, la presentación en el mostrador de Pullmantur para efectuar la facturación del equipaje y sacar la tarjeta de embarque, se desarrolló un poco lento y con bastante desorden, pero como ya estamos acostumbrados a este tipo de inconvenientes no hubo mayor problema que el de la incomoda espera.
Presentados en el mostrador, nos enteramos que el vuelo salía con 30 minutos de retraso, ¡Una magnifica noticia! Ya que lo “normal” es que los retrasos con esta compañía sean mayores.
Una vez acomodados en el avión, nos sirvieron una copita de cava y unos frutos secos como aperitivo para hacer más amena la espera hasta que terminara el embarque de todos los pasajeros que tras realizar los trámites pertinentes iban subiendo a bordo.
Después del despegue y una vez alcanzada la altura de vuelo, nos sacaron un almuerzo a la carta muy completo y con varios platos a elegir. El cual no estaba nada mal para tratarse de un avión.
Luego cada uno dedicó su tiempo a entretenerse de la mejor manera posible, lectura, ver alguna película o echarse una buena siesta.
Aunque el avión, un Boeing 747-300, se veía un tanto usado, la atención de la tripulación de cabina de Air Pullmantur fue muy buena. La acomodación en el avión era en Comfort Class.
Habiendo realizado, con anterioridad, algún vuelo más en el mismo tipo de avión y con la misma compañía en Clase Turista. Puede comprobar la gran diferencia existente entre la Comfort Class y la Turista.
Realmente, creo que pagar este suplemento fue el mejor dinero gastado de todo el viaje. Las butacas son amplias, pudiéndose reclinar y elevar los pies, tienes todo tipo de comodidades como: Hilo musical, canales de video en monitor individual, revistas, periódicos, información constante del desarrollo del viaje, comidas a la carta, y servicio de bar ilimitado, entre otras.
El viaje se hace un poco largo, a pesar de todas las comodidades del vuelo. Antes de llegar nos sirvieron un snack y aprovechamos para ir rellenando los papeles del embarque en el Holiday Dream y los de la aduana e inmigración de México.
Cuando aterrizas en Cozumel, lo primero que adviertes es el cambio de temperatura y el carácter “tranquilo” de aquellas gentes. Después de una espera recogimos nuestras maletas, que con calma y sin prisas “a ritmo caribeño” fueron descargando del avión.
Pasamos los trámites de inmigración y aduanas para después en pequeños autobuses o taxis tipo ranchera desplazarnos hasta el barco.
Cuzamil, nombre en maya de Cozumel significa "Lugar de golondrinas", y alude a la gran cantidad de estas aves que ahí hacen escala durante sus migraciones entre Norte y Sudamérica.
Atravesando la ciudad empiezas a familiarizarte con el ambiente. Casas de no muy sólida construcción, coches que evidentemente no pasan la ITV, normas de circulación un tanto extrañas, tres en una moto y cosas así.
Una vez en el barco, no tenemos la posibilidad de asearnos o acomodarnos ya que nuestras maletas no han sido llevadas a los camarotes y sin otra cosa que hacer, nos dedicamos a explorar el Holiday Dream.
La primera impresión, y que después no se modificaría, es mala en cuanto a la distribución de los espacios comunes del barco. Separados, en diversas plantas, es incomodo moverse de unos a otros, incluso a veces la incomunicación entre babor y estribor hace necesario subir o bajar plantas para acceder de un sitio a otro. El aire acondicionado no funciona correctamente, la diferencia de temperaturas en los diferentes espacios es más que notable. La decoración normal sin que ninguna área común, salvo la piscina interior, te llegue a llamar la atención. Los camarotes justitos, sin grandes lujos y de unas calidades muy diferentes incluso dentro de la misma categoría. La catalogación de 4 anclas Sup. se me hace excesivamente generosa.
Realizada la “inspección” nos vamos a cenar, ya que las maletas siguen sin llegar. Al tratarse del primer día y dada la hora tardía del embarque (al embarcar la hora se adelanta 2 h con relación a Cozumel) la cena se realiza en turno libre; con lo cual no tomamos contacto con los que posteriormente serian nuestros camareros habituales.
Después de cenar, vemos que según el Diario de a Bordo “El Espectáculo” comenzaba sobre las 23:30 horas, lo cual nos hace desechar la idea de presenciarlo dado que tras el largo viaje, el cambio de horario y demás, lo que realmente necesitamos es poder acomodarnos y descansar.
Nos vamos al camarote, no sin antes comprobar el Staff de la tripulación. Entre ellos dos viejos conocidos (La Directora de Crucero “Mandy” y el Chef de cocina “Roger”) De la primera, mejor no hablar para empezar bien el crucero. El Chef es un alemán grandote, tipo Oso Yogui, del cual guardo una opinión bastante mejor que de la señora Mandy.
Una vez en el camarote. ¡Por fin las maletas! Acomodarse, y ha descansar.
Al día siguiente nos levantamos realmente pronto, nuestro cuerpo no es fácil de engañar, a pesar de haber movido las manecillas del reloj. Y aunque no ha amanecido aun, el seguir acostados se nos hace difícil.
Después de un desayuno tipo buffet, a las 10:30 horas según el diario, se tiene que realizar el consabido y obligatorio ejercicio de simulacro de emergencia. Cosa curiosa es que los pasajeros que embarcaron en días anteriores también lo realizan hoy por primera vez, a pesar de que la Normativa Marítima obliga a hacerlo en el plazo de 24 horas después del embarque.
Realizado el ejercicio, el resto de la mañana lo dedicamos a disfrutar de la piscina, los jacuzzis, tomar el sol y participar en alguna de las actividades del crucero. Realmente, a pesar de ir el barco con sus camarotes al cien por cien de ocupación, no encontramos problemas para utilizar los jacuzzis ni agobios en las piscinas ni en ningún otro de los espacios comunes.
Este día de navegación culmina con la Cena del Capitán o Cena de Gala, la cual se me hace un poco prematura (segundo día de crucero) pero hay que tener en cuenta que para los pasajeros que embarcaron en La Habana es su cuarto día. Y es que el barco toma pasajeros el sábado en La Habana, el domingo también en La Habana y los lunes en Cozumel. Esta cuestión hace que el viaje sea un continuo ir y venir de maletas, recomendaciones e improvisaciones que en nada benefician al pasaje. Da más la impresión de que viajas en un Ferry con varias escalas que en un crucero vacacional típico.
Por la tarde, una partidita a las cartas y una sesión de lectura en la biblioteca para después ataviados con nuestras mejores galas, ir al Cocktail del Capitán. Tras la típica foto pasamos a la presentación de los principales responsables de la tripulación y posteriormente a la Cena de Gala.
Después de cenar unos bailes con una de las dos orquestas del barco, a fin de hacer tiempo para presenciar “El Espectáculo”.
El citado espectáculo, resultó decepcionante y tardío. Como lo fue el resto de los días que duró el crucero. Pobre en artistas, aburrido, mal organizado y presentado por un “Showman” llamado Joaquín Gasa al cual, más tarde, todos bautizarían como “Sosoman”, ya que más que un “hombre show” era un “hombre soso”. Lo único destacable, el día que actuó el Mago. Que por cierto era su última actuación para este crucero, al parecer “no entonaba” por su brillantez con el resto de los “artistas”. Como muestra decir que la sala difícilmente llegaba a la mitad de su aforo, cuando en otros cruceros suele haber cola para entrar.
Una “anécdota” a comentar es que en “El Espectáculo” está prohibido reservar sillas (así lo hace constar el Diario de a Bordo) sin embargo encontré 4 o 5 mesas con sus correspondientes sillas reservadas en los mejores lugares, por nuestra conocida “Mandy” para sus amigos. Hecho este, que no me asombró conocido el talante y mal hacer de la Directora de Crucero. Pero dado el poco interés del evento, pase por alto este detalle de mal gusto y deje mis quejas para hacerlas directamente a la propia Compañía una vez finalizado el Crucero.
Así que sin más, tras un ratito en el Casino para probar suerte, me retiré a descansar en la confianza de que el sueño reparador iría arreglando un cuerpo que aun se resentía del cambio horario y de la mala estabilidad del barco.
Al día siguiente nuestra escala en Jamaica. Ya estábamos todos con ganas de tocar puerto debido a que la estancia en Cozumel se resumió en lo que es, el traslado del Aeropuerto al Puerto. Y también debido a que la navegación no era muy buena. No por culpa del mar, sino del barco. A pesar de que el estado de la mar, en toda la travesía, fue bastante aceptable, el barco mantenía un constante temblor o vibración (fuerza 3 o 4 en la escala Richter) que daba la sensación de estar en un permanente terremoto controlado, además de presentar así mismo un balanceo exagerado para el estado de la mar reinante.
Según mi opinión y teniendo en cuenta que el barco, en su día fue distinguido como mejor Crucero del Mundo por la guía de cruceros Berlitz, algo ha cambiado en el mismo. Tal vez transformaciones o remodelaciones en su estructura o compartimentos han hecho de él un barco bastante incomodo para navegar y a poco mar que haga se resiente considerablemente.
Atracados en Montego Bay (Jamaica), nos dispusimos a conocer el entorno de lo que sería nuestra primera escala.
El puerto, bastante sencillo, no ofrecía gran interés. Los clásicos trámites de aduanas y nos lanzamos a conocer Montego Bay por nuestra cuenta.
Tomamos un taxi de forma individual y nos desplazamos al centro de la ciudad muy a pesar de las recomendaciones de la Oficina de Excursiones del propio barco que entre otras cosas decían: “Evitar andar a solas por las calles, la tasa de asesinatos es bastante alta, cuidado con las ofertas de transporte; cuidado con los carteristas; si vas a la playa y haces buceo no tocar los corales ya que muchos son muy peligrosos o venenosos; precaución con la posible presencia de tiburones o cocodrilos”
A la vista de todo esto, uno se pregunta. ¿Coño si es tan peligroso a que carajo me traen aquí? ¡Pues empezamos bien el crucero! Por otra parte piensas si todo será una forma de asustarte para que compres una de las “excursiones programadas”
Afortunadamente por otros pasajeros ya conocíamos que las excursiones programadas estaban normalmente programadas al fracaso además de a aligerarte unos euros del bolsillo, así que optamos por armarnos de valor e irnos por libre.
Paseamos por sus calles, entramos en sus comercios, mercadillos y bares para acabar regresando al barco a la hora de comer.
La verdad que no encontré nada de interés, salvo la cara dura de los taxistas que en ambos casos ida y vuelta intentaron tomarnos por tontos y cobrar más de lo acordado. En ninguno de ambos casos lo consiguieron y poco faltó para tener que enganchar al último de ellos por el cuello. Pero en fin... ya nos habían advertido de la “hospitalidad jamaicana” donde uno de los eslogan que puedes ver en las típicas camisetas veraniegas es: “Jamaica no problem”. Mentira podrida, todo son problemas. Problemas de inseguridad, problemas de idioma, problemas de información, “problems and problems”
Las tiendas en general mantienen unos precios no muy diferentes a los acostumbrados en España y el regateo esta al orden del día.
Por la calle es habitual ver circular coches con 3 o 4 ocupantes (generalmente hombres) sin tener muy claro a que se dedican. Pero casi mejor no preguntar.
En bastantes zonas la inseguridad se hace patente y no es conveniente caminar solo.
En cuanto a las playas, preferí hacer caso a los consejos de la Oficina de Excursiones del barco y no ir a comprobar si era verdad lo de tiburones, cocodrilos y corales venenosos. A veces la ignorancia es una buena opción.
Sobre las 17:30 zarpamos del puerto de Montego Bay con rumbo a Cienfuegos.
Tarde relajante en el barco, aprovechando para charlar con varios camareros de la tripulación que curiosamente, en su mayoría, habían sido recientemente contratados por Pullmantur para este crucero. Unos largos de piscina y a prepararse para cenar.
Tras la cena y dado el pobre y soso espectáculo nocturno, nos fuimos a tomar unos combinados y poco más, ya que el cuerpo tarda en acostumbrarse al nuevo horario.
Por la mañana desde la cubierta pude observar la entrada en la bahía de Cienfuegos. Algo digno de contemplar, más que por el paisaje, por sus “barcos de pesca” pequeñas canoas con uno o dos ocupantes que con suma habilidad manteniendo el equilibrio en pie sobre sus embarcaciones se dedicaban a extraer del mar sus frutos.
También pude observar algún que otro barco pesquero de más envergadura pero de un aspecto desolador.
Continuamos adentrándonos en la bahía por sus sinuosos canales ya con el práctico a bordo mientras la gente asomada a patios y balcones, contemplaban con expectación la entrada del barco. Las boyas de señalización náutica marcaban continuamente el camino a seguir para guiar al barco a través de los sinuosos canales navegables. Virando a babor, a estribor, el Holliday Dream buscaba su rumbo entre ellas.
Fondeados en la bahía, fuimos transportados a tierra mediante los “tenders” del propio barco que en un continuo ir y venir nos facilitaban el acceso al puerto de Cienfuegos.
Al contrario que en Jamaica la gente con sus pocos medios resultó ser mucho más cariñosa y dentro de su situación lamentable se esforzaban en hacerte sentir bien. En la ciudad se pueden ver algunas construcciones coloniales de interés que llaman la atención del visitante.
Recorrimos sus calles por libre y pudimos comprobar la realidad que se vive en Cuba, algo de lo que prefiero hablar mas adelante en mi relato.
Como medio de transporte, además de caminar, usamos la bicicleta-taxi con el fin de desplazarnos a un restaurante para degustar la gastronomía cubana. El esforzado taxista nos llevó a un restaurante de los que allí denominan “privados”. Donde supuestamente se come mejor que en los “normales” y que además imagino dejen algún beneficio al guía, algo que considero razonable. La comida, nada del otro mundo, pero el precio como en España.
Después de comer y con el mismo medio de transporte regresamos al barco.
Por la tarde pusimos rumbo a Playa Paraíso. Una playa que al parecer Pullmantur a “contratado” para que los pasajeros disfrutemos de un día de playa en exclusividad, algo novedoso y que extraña dada la política cubana para esto de las exclusividades. Algunos comentarios oídos entre el pasaje apuntaban a que alguna relación debería de haber entre el Gobierno Cubano y el Holiday Dream para que esta escala fuera posible. Aunque estos comentarios no estaban apoyados por ninguna noticia contrastada y solo obedecían a la denominada “radio macuto”.
Conversando con unos amigos, me dijeron que a su camarote y a otros muchos habían llevado cestas de fruta y cava como obsequio. Pensé que tal vez otro día me lo harían llegar al mío. Esto nunca ocurrió.
Esta noche “El Espectáculo” estaba dedicado al mundo de la magia, el resto de días siempre era lo mismo balet, balet y balet. Así que me decidí a presenciarlo. Me pareció bastante bueno pero al despedirse el Mago nos informó que era su última noche de actuación en el Holiday Dream. Era evidente que no estaba a la altura del resto de “artistas”. Aproveché la ocasión para comprobar personalmente que continuaba habiendo mesas y sillas reservadas para “gente especial”.
Al día siguiente. Playa Paraíso, un día climatológicamente magnifico, con un sol de justicia y un mar que invitaba a darse un buen chapuzón. Las hamacas estaban disponibles, las palmeras, un tanto decrepitas, hacían las veces de sombrillas. Pullmantur improvisó un “Self Service” playero para almorzar y unos pequeños bares donde refrescarse del calor. Para el ir y venir del barco se utilizaron nuevamente los “tenders”.
La mañana la pasamos en la playa, tomando el sol, bañándonos y paseando. Comimos en el improvisado “Self Service” mientras el barco se mantenía frente a nosotros.
Ya de vuelta al barco, mientras esperaba la salida de nuestro “tender” fui testigo de una agria discusión de varios pasajeros con el personal de excursiones de Pullmantur, al parecer alguna de las excursiones no se había desarrollado tal y como estaba prevista. Me alegré por que nuevamente, había pasado de las excursiones y nos habíamos tomado el día a nuestro aire.
Por la tarde me apunté a una de las no muchas actividades que tenia el barco. Se echaba en falta música en directo en los bares, alguna actuación divertida, etc...
Después de la cena y de deambular por el barco para hacer tiempo. Haciendo un esfuerzo y para no opinar con poca experiencia o de oídas, esta noche volví a presenciar “El Espectáculo”. Como estaba previsto resulto simple y aburrido, de tal manera que abandoné el recinto antes de que acabara. No sin antes comprobar que nuestra Directora de Crucero (Sra. Mandy) seguía saltándose las normas por ella establecidas a la torera y sus amigos no solo disfrutaban de silla y mesas reservadas, sino que además ubicados en la zona de estribor (no fumadores), algunos se estaban metiendo unos puros habanos que quitaban el sentido.
Prefiero no entrar en valoraciones, ya que valorar a semejante personaje es perder el tiempo a la vista de que sigue contando con la confianza de Pullmantur, considerándola además uno de sus mejores baluartes (esto dicho por tripulantes de la compañía).
Pasando página, arribamos al puerto de La Habana dejando a babor el Castillo del Morro, lugar este, que me trae a la memoria la historia del Valbanera, aquel trasatlántico español que escribió una de las historias más dramáticas y misteriosas de la navegación de aquellos años.
El Holiday Dream atracó en el puerto de La Habana sobre el medio día. Con ganas de conocer la ciudad desembarcamos para pasear por sus calles, mezclarnos entre sus gentes y observar sus edificios, donde a pesar del lamentable estado en se encuentran, se puede apreciar que allí en algún tiempo la vida fue muy diferente. Algunos aun se conservan en buen estado, mayormente los dedicados a la hostelería, edificios Gubernamentales o Embajadas.
Convenimos con un guía improvisado que nos mostrara la ciudad a pie. Y caminando entre viejos edificios coloniales de colores llamativos, calles sin asfaltar o con grandes socavones, coches que a pesar de sus años continuaban circulando, gentes que nos miraban con ansiedad pero sin envidia en su mirada, nos fuimos impregnando de La Habana de sus riquezas y de sus miserias.
Probamos algunas de sus bebidas típicas, mojitos, refrescos naturales de caña de azúcar y daiquiris.
Continuamos nuestro paseo por La Habana en una mañana soleada sin demasiado calor, mientras que de vez en cuando, aparecían rincones dignos de fotografiar, por su belleza, por su historia. Fuimos conociendo típicos rincones llenos de historia, sus calles y sus gentes, estuvimos entre ellos, incluso entramos en sus casas que con hospitalidad nos brindaron También conocimos a sus niños que con menor reparo se acercaban a obtener su premio fuera este un simple caramelo, un lapicero o cualquier objeto por simple que este fuese.
La gente es muy amable y los contrastes de los diferentes ambientes llaman bastante la atención.
Se pueden tomar taxis, para desplazamientos largos, sin problemas con los precios
Después del paseo volvimos a probar la comida en un restaurante de los privados, resultando la misma parecida a la que tomamos en Cienfuegos (normalita y cara).
Ya por la tarde realizamos algunas compras, fundamentalmente cigarros habanos que con gran calidad se fabrican artesanalmente en la Isla.
Regresamos al barco para la cena y posteriormente volvimos a desembarcar para conocer un poco el folclore y la noche cubana.
Esa noche del sábado, ya de regreso para pernoctar a bordo del Holiday Dream me encontré en la planta 4ª, zona de popa del barco a una pasajera, una mujer de edad, que sangraba abundantemente de un pie y buscaba con desesperación el acceso al Hospital situado en dicha planta. La mujer se dirigió a una persona de la tripulación, que pasaba por el lugar, preguntando por el acceso al Hospital. Esta person
ealidad cubana, pero hoy puedo decir que la conozco de primera mano y tratándose éste de un reportaje dentro de un foro dedicado a los Cruceros no voy a extenderme más en este tema, aunque por ganas escribiría muchas más páginas. Tan solo resumir que al atardecer del domingo (último día de estancia en el puerto de La Habana) no tuve la suficiente fuerza para disfrutar de un jacuzzi en la cubierta del barco, saboreando cualquier bebida o degustando cualquier tipo de fruta y ver desde allí, al mismo tiempo, la calle, los niños, ... Cuba.
Tras una travesía bastante desagradable y movida por la mala navegación del barco, ya que el viento no soplaba demasiado y el estado de la mar tampoco revestía mas allá de una leve marejada, llegamos a nuestra última etapa y puerto de salida, Cozumel.
Cozumel es uno de los puertos más solicitados del Caribe, según me dijeron, reciben sobre 30 cruceros semanales y en alguna ocasión hasta 18 cruceros en el mismo día.
El tiempo de escala en Cozumel fue realmente corto y no nos dio tiempo a ver muchas cosas debido a que había que desplazarse hasta el aeropuerto con la suficiente antelación para tomar el avión de regreso a España. Aun así, pudimos ver cruceros de otras Compañías que junto a nosotros hacían escala en dicho puerto. Uno de los puertos con las aguas más limpias que he visto en mi vida.
A pesar del poco tiempo de escala tuvimos la ocasión de “vivirlo con intensidad”, ya que, esta vez nos tocó regresar del barco al aeropuerto en un destartalado taxi tipo ranchera. En el cual el cinturón de seguridad del asiento delantero estaba atado al reposacabezas del mismo a fin de asegurar que el respaldo de dicho asiento no se fuera hacia atrás. En el trayecto una de las maletas se vino sobre uno de los pasajeros del asiento posterior tras una imprevista frenada del conductor, más tarde al pasar sobre un baden la puerta trasera del vehículo se abrió cayendo otra de las maletas sobre la calzada, pero no por ello el taxista se puso ni tan siquiera un poco colorado, simplemente detuvo el vehículo, bajó, comprobó que afortunadamente el coche que venia detrás había tenido la suerte de poder frenar, en caso contrario hubiese provocado un accidente, y sin darle más importancia al tema, volvió a cargar la maleta y aquí no ha pasado nada. Al fin llegamos al aeropuerto. Nos bajamos del taxi y tras besar tierra nos dirigimos a la terminal.
En la terminal nos esperaba una nueva sorpresa. La famosa “mordida mexicana”. Una señorita del Gobierno Mexicano nos exigió un pago de 50 euros por persona, en concepto de “tasas”, para poder abandonar el país.
Tras una discusión “rebajó” la tasa o impuesto a 40 euros. Vamos que tuvimos que regatear como en cualquier mercadillo de los hasta la fecha visitados por increíble que parezca.
El responsable de Pullmantur allí presente nos dio la solución: “Pueden ustedes negarse a pagar en cuyo caso Pullmantur les regresará nuevamente al barco, el avión partirá sin ustedes y una vez en el barco pueden presentar su reclamación pero no les garantizo que sea atendida”
Ante tal “esperanzador mensaje” optamos por pagar y subir al avión ante la posibilidad de volver en el mismo taxi al barco, lo cual “acongojaba” un poco, o bien que la señorita del Gobierno decidiera subir los precios nuevamente. Así que dejamos las reclamaciones para hacerlas cuando estuviéramos en España.
Una vez de que las Autoridades Mexicanas nos desplumaran 40 euros (sin recibo) por pisar suelo mexicano (en transito) no más de 3 horas, pasamos a la sala de espera para proceder al embarque. La hora prevista del vuelo era las 18:00. Pasaron las 18:00 y las 19:00, hasta que al fin, sin ningún tipo de explicación por parte del personal de Pullmantur, ni aviso megafónico por parte del personal del Aeropuerto, nos dejaron subir al avión y pudimos despegar sobre las 20:00 horas.
El vuelo, sin problemas. Una buena atención y las mismas comodidades que en el de ida. Por lo que aproveché para sacar algunas conclusiones del viaje
¿Que estuvo bien?
La comodidad del vuelo comparado con la clase turista. (un acierto)
La atención de camareros, y mozos de habitaciones (siempre muy atentos)
Los precios de los bares (razonables)
Las comidas (variadas y muy bien presentadas)
El uso de piscinas y jacuzzis (sin problemas de aglomeración)
La limpieza general (aceptable)
¿Que estuvo mal?
En la propaganda del barco dice tener Cine (mentira no existe)
En la propaganda del barco dice que todos los camarotes disponen de Hilo Musical (mentira)
El barco deja mucho que desear para estar catalogado como 4 anclas plus
El itinerario, salvo Cuba, decepcionante.
La navegación no es buena y las vibraciones son constantes.
La distribución del barco esta mal diseñada.
No hay información meteorológica ni de navegación
No existe oficina de cambio a bordo.
No se respeta la Normativa Marítima en cuanto a la Seguridad en la Mar
No se respetan las normas de a bordo, siendo la Directora de Crucero la primera en incumplirlas
No se tiene el mismo trato para con todos los pasajeros
Las excursiones generaron multitud de reclamaciones del pasaje.
El servicio de bares es malo. Para tomar café después de la comida solo dispones de un bar y precisamente el más pequeño del barco (50 m2)
Se echa en falta la música en directo, la cual solo existe a partir de las 20:30 horas, incluso hay días que más tarde, y únicamente en uno solo de los salones del barco.
El “Espectáculo” nocturno es en general soso, aburrido y comienza muy tarde.
A todos estos inconvenientes hay que añadirle que las diferentes escalas del barco con entradas y salidas de pasajeros los sábados, domingos y lunes hacen incomodo el crucero ya que generan problemas en los ascensores para embarcar y desembarcar maletas, problemas en las mesas del comedor para cuadrar a unos y otros, problemas con informaciones para los que bajan, para los que suben, para los que están etc... Además de desorientar bastante, el programa diario de a bordo se ve afectado.
También cabe reseñar, en la parte negativa, los retrasos aéreos, las largas esperas para sacar tarjetas de embarque, facturar maletas, para acceder a aduanas, inmigración etc..
Y como colofón los 40 euros por pasajero que nos limpiaron en Cozumel “By the face” y que ya veremos si Pullmantur esta dispuesto a abonarnos.
Conclusiones
Merece y mucho la pena, viajar en una clase superior en los aviones de largo recorrido
Jamás se me volverá a ocurrir ir al Caribe de vacaciones para 7 días.
Nunca más volveré a viajar en el Holiday Dream.
Hasta que cambien ciertas cosas no volveré a viajar con Pullmantur.
No viajaré jamás en un crucero, donde Mandy Kinnell sea la Directora de Crucero.
Jamaica para los jamaicanos, salvo que te guste tener problemas.
Mi concepto de México, como país desarrollado. A cambiado al de “País Bananero”.
Cuba ¡Que gran País podría llegar a ser!
En la confianza que mi relato os pueda servir en algo. Quedo a la espera de cualquier aclaración que me solicitéis.
juancar