Mayo 09, 2026
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Asesinato en el "Antillas y Granadinas"

26 Feb 2008 15:58 #629784 por PINGUI
Jotaeme, has vuelto?
Estoy deseosa de que me expliques tus pesquisas por "Las Antillas"......... ha habido asesinato?, espero y deseo que NO.
Bueno ya nos contaras cuando puedas.
Salutidos

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27 Feb 2008 17:41 #630667 por elgasa
Jotaemeeeeee donde estassssss?

Te estamos esperando!



Pacific 13-8-07 Fantasia mediterranea
Blue Moon 6 enero 2007 Antillas y granadinas
Holiday Dream eneo 2005 Sueños del Caribe
Bolero enero 2002 Mediterraneo

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27 Feb 2008 18:03 #630682 por JOTAEME
Todo lo que sube, baja. Todo lo que entra, sale. Todo lo que empieza, termina.
Lo que tenía que pasar, pasó.

Saludos,

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27 Feb 2008 18:04 #630683 por JOTAEME
Lunes 11 de Febrero de 2008 / Barcelona – Madrid – Isla Margarita . 13 días antes del asesinato.

A las 7 estábamos frente el mostrador de Pullmantur en el aeropuerto del Prat. Tres años antes en ese mismo punto un par de horas antes hora habíamos coincidido con dos parejas que iban a hacer el mismo crucero que nosotros, Carol y Victor de Igualada, celebrando, como nosotros, las bodas de plata y Judit y Victor de Castelló d’Ampuries que iban de luna de miel. Ahora las circunstancias eran un poco distintas.
Marga se sentó en un banco y quedó al cuidado de las maletas. Yo me acerqué hasta el mostrador. La persona que lo atendía llevaba el uniforme de otra mayorista, por lo que supuse que estaría sustituyendo al empleado de Pullmantur. Cuando se dignó mirarme le entregué el documento que había recibido en el sobre. Por un momento deseé que el hombre me dijera que lo lamentaba, pero que ese documento no era valido, que había habido un error y era imposible que volara hasta Isla Margarita ese día. Pero después de rebuscar en un fajo de sobres, sacó uno, lo abrió y fue extrayendo su contenido a medida que recitaba:
- Aquí tiene los billetes del vuelo hasta Madrid, los de Madrid a Venezuela, los bonos del barco y los del hotel. Recoja las tarjetas de embarque y facture el equipaje en los mostradores 60 a 63. Cuando llegue a Madrid recoja las maletas y diríjase al mostrador de Air Comet. ¡Buen viaje!- Volvió a guardar la documentación en el sobre y me lo entregó.
Había que empezar a trabajar.
- Perdone, ¿usted no me podría facilitar una lista con las personas que van a hacer el crucero?
- No señor.
- Es que me gustaría contactar a la gente de Barcelona para formar un grupo para hacer excursiones y tal.
- Lo siento señor pero no puedo hacer eso.
- Ya, pero si yo le garantizo que no le diré a nadie de donde he obtenido la información y le compenso con, digamos cien euros, por las molestias ...
- Señor, no puedo porque la persona que lleva esto nunca me autorizaría a darle esa información, hay una cámara que nos está grabando y me juego mi puesto de trabajo.
¡Perfecto! Ya sabía que la lista sería mía, ahora estábamos negociando el precio.
- Esa cámara, ¿graba también el sonido?
- No.
- Entonces si yo le entrego un sobre con 200 euros, usted ¿podría entregarme la lista?
- Aquí no hay ordenador y yo solo tengo una copia de la lista de toda la gente que hoy vuela a cualquier parte. Tendría que hacer una fotocopia y si ahora usted me entrega algo y yo le doy la copia puede resultar sospechoso y me pueden hacer muchas preguntas.
Efectivamente no había ningún ordenador en el exiguo espacio del mostrador, solo un teléfono con fax.
- Si yo me voy a por las tarjetas de embarque y regreso y le entrego un sobre que contenga 300 euros y le digo que ha habido un error en los pasajes, usted ¿podría entregarme otro sobre en el que hubiera introducido una copia de la lista sacada con el fax?
- Vuelva en una media hora. – Respondió.
- Hasta luego.- Dije y me dirigí al banco donde esperaba Marga.
- ¿Qué pasa?- Pregunto cuando llegué a su lado.
- Nada, que no sabe si las maletas hay que recogerlas en Madrid o van directamente hasta Isla Margarita.- Mentí.- ¡Vamos!
Siete personas aguardaban su turno, habían llegado mientras negociaba con el empleado. Las observé preguntándome si la que había deslizado el sobre bajo mi puerta se encontraba entre ellas y porque le era tan difícil darse a conocer. Mis dotes de observación, las que nos habían permitido resolver más de un caso, tenían que ponerse de nuevo a trabajar. Descarté a una pareja joven con un niño y me quedé con el rostro de las otras dos parejas de mediana edad que, al parecer, viajaban juntas.
Fuimos los primeros en facturar el equipaje y obtener las tarjetas de embarque. Nos dirigimos al control de la Guardia Civil, pero antes de llegar al arco detector de metales cogí el sobre que me había entregado el hombre y simulé que rebuscaba en su interior.
- No está el bono del hotel.- Dije.- Espera aquí un momento, ahora vengo.
Marga no tuvo tiempo de reaccionar. Mientras bajaba las escaleras miré hacía el lugar donde la había dejado para comprobar que seguía inmóvil en ese punto. Su expresión era interrogativa pero solamente me seguía con la mirada.
Por el camino vacíe el sobre y puse 300 euros en su interior. Cuando llegué al mostrador comprobé que había una cola considerable. Disponíamos de tiempo de sobra y sería un buen momento para analizar a la gente que esperaba. Pero si me demoraba demasiado Marga acudiría en busca de respuestas y era pronto para contar nada. Mientras me acercaba miré al empleado que asintió en un gesto casi imperceptible. Llegué al mostrador justo en el momento en que una pareja recogía su sobre y otra se disponía a ser atendida.
- ¡Perdonad!- dije en un tono que no admitía discusión.- Pero me han dado una documentación errónea y tengo que pedir la buena. Solo será un minuto.- Añadí, con la mejor de mis sonrisas.
No di opción a nada y me planté frente al empleado. La joven pareja se resigno a esperar un poco más.
- Creo que la documentación no está completa.- dije. El hombre abrió un poco el sobre, supongo que procurando que la cámara no captara su contenido, para cerciorarse de que contenía el dinero prometido.
- Efectivamente falta esto.- Dijo entregándome otro sobre.- Disculpe.
- No se preocupe, no pasa nada.
- Que tenga un buen viaje.
- Gracias. Adiós.
Tras dar un último vistazo a la cola de viajeros con la esperanza de descubrir, sin éxito, aunque solo fuera una mirada cómplice que me indicara a quien había que proteger, regresé al punto donde Marga esperaba pacientemente. Un breve vistazo al interior del sobre me había confirmado la existencia de varias hojas de fax con un listado de nombres.
- ¡Ya está! Todo listo.
Pasamos el control y nos entretuvimos paseando y curioseando por las tiendas libres de impuestos. Nunca comprábamos nada, pero se había convertido en un ritual cada vez que pisábamos el aeropuerto. Desayunamos en una de las cafeterías y a la hora prevista embarcamos en el avión. Antes de darnos cuenta ya estábamos en Madrid recogiendo las maletas para facturarlas de nuevo rumbo a Isla Margarita.
La anécdota del día tuvo lugar en la cola de embarque del vuelo a Porlamar. La zona era algo caótica con colas para los vuelos con destino Brasil, Cuba y Venezuela. Nos pusimos en la cola que suponíamos correspondía al vuelo de Isla Margarita hasta que descubrimos que estábamos en la de La Habana. Cambiamos de cola y nos pusimos detrás de dos parejas jóvenes que nos confirmaron que estábamos en la correcta. Nuestras mochilas de Pullmantur nos delataron y entablamos conversación, los cuatro iban a realizar, como nosotros, el crucero. Uno de los chicos comentó que había obtenido información sobre el crucero en un foro de Internet, la información era completísima y la había recopilado una tal bibi.
- Bibi Rodríguez.- Apostillé.
- Si creo que sí, ¡vaya currada! Ahí está todo explicado, la llevo impresa. En ese foro también hablaba uno que iniciaba hoy el crucero, su nick era JOTAEME.
Marga y yo cruzamos una mirada y una sonrisa. El chico se mostró intrigado.
- Aquí tienes a JOTAEME.- Dijo Marga.
Luego vino lo de ¡qué casualidad!, ¡el mundo es un pañuelo!, risas y esas cosas. Nos presentamos: Jenny y Juan de San Martín de la Vega, Madrid y Eli y Frank de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, ambas parejas estaban de luna de miel. La charla hizo pasable la espera ya que la salida se retrasó alrededor de una hora.
Cuando embarcamos la azafata nos indicó que nos sentáramos donde quisiéramos porque había habido un cambio en el avión asignado y las plazas de nuestras tarjetas de embarque no valían para nada. ¡Perfecto para el que había pedido una fila determinada y ahora se la encontraba ocupada!
Unos minutos después de las cuatro de la tarde nuestro avión alzó el vuelo y nos dispusimos a pasar las siguientes ocho horas y media de la mejor manera posible, algo bastante complicado en clase turista en un charter de Air Comet. Desde nuestros asientos se distinguían poco y mal los monitores por los que se emitían las películas, por lo que nos ahorramos su visionado. La toma de sonido del asiento de Marga no funcionaba así que compartimos la mía hasta que nos aburrió la música que se nos ofrecía. Estuvimos leyendo, haciendo crucigramas y sudokus y jugando a cartas hasta que nos sirvieron la comida. Para que extenderse en este tema: la típica comida de un vuelo charter de baja categoría: ayuda a mitigar el hambre y poco más. Luego nos dormimos en la incomoda posición que los incómodos asientos de ese avión nos permitía.
Abrí los ojos, Marga seguía durmiendo, busqué en la mochila el sobre que el empleado que sustituía al de Pullmantur me había facilitado y saqué su contenido. La relación contenía los nombres de todas las personas que ese día viajaban con vuelos gestionados por Pullmantur desde Barcelona a cualquier destino. Junto a nombre y apellidos, el número de vuelo y hora de salida y el destino final. Pero el destino estaba en código y no tenía ni la más remota idea de lo que significaban aquellas letras y números.
- ¿Qué haces?- La voz de Marga me sobresaltó.
- Leer.
- ¿Qué lees?
- La relación de pasajeros de Pullmantur.
- ¿Para qué? ¿De donde la has sacado?
Pensaba mantener el secreto del asunto el máximo tiempo posible. Es más, si al final no pasaba nada, tenía la intención de no comentar nada con Marga. Pero ahora ya había pasado algo y no se me ocurría nada que pudiera justificar la posesión de la lista. No se iba a creer que iba en el sobre con los pasajes y bonos. No se iba a creer ninguna mentida por muy elaborada que estuviera y no tenía tiempo para elaborar nada. Así que le conté la verdad. Con pelos y señales. Le conté todo lo sucedido desde el momento en que el sobre apareció bajo la puerta.
Si algo admiro de Marga es que nunca pierde los nervios, cuando está enfadada tiene la habilidad de no decir una palabra más alta que otra, de no variar su tono de conversación, de insultar sin que los vecinos de asiento se den cuenta. Y también tiene la habilidad de seguir haciendo su vida como si nada hubiera pasado. Cuando discutimos el mosqueó me puede durar horas o días, ella, cuando ha finalizado la discusión, es capaz de volver a la normalidad en un instante. Y eso fue lo que pasó: se molestó, se enfadó, me insultó, me amenazó y luego me perdonó, me sonrió y me cogió la hoja de papel.
- Y ¿qué pensabas hacer con esto?
- Pensaba eliminar pasajeros basándome en que el sobre me lo ha mandado una mujer de mediana edad que viaja acompañada por su pareja.
- Pero no hay que descartar otras posibilidades, ¿no crees?.
- Por algo hay que empezar. Lo malo es que no sé a donde va la gente, está codificado.
Reconocí al instante la expresión de Marga, era la que usaba cuando yo había dejado pasar un detalle que para ella era evidente.
- ¿A dónde vamos nosotros?- Preguntó.
- ¡A Isla Margarita! ¿No lo sabes o qué?
- ¡Claro que lo sé! Si miras el código que hay junto a nuestros nombres podrás saber la totalidad de pasajeros que hacen el mismo viaje que nosotros.
Otra cosa que admiro de Marga es su capacidad para decir: “¡Eres idiota, no te enteras de nada!”, sin decirlo y lo más importante sin parecer que lo dice, es decir sin hacerte parecer idiota y que no te enteras de nada. Marcó con su bolígrafo el código de nuestro destino y luego fue señalando todas las líneas que contenían ese código.
A medida que señalaba iba contando en voz alta. La última señal coincidió con el número 45.
- ¡Cuarenta y cinco!- Exclamé.- Medio mundo. Y hasta que no les vayamos conociendo no podemos descartar a nadie. Y solo sabemos su nombre y con ello su sexo, pero no sabemos su edad ni con quien viajan.
- Podemos descartar a Frank y a Eli y, por supuesto, a nosotros. Ya solo quedan 41 nombres. ¿Cuántos pasajeros van en el barco?
- Unos seiscientos o setecientos.
- Pues ya hemos acotado un montón ¿no?. Gracias a la lista podremos centrarnos en unos pocos. Pensemos que ya estamos a bordo, ¿qué buscamos?
- A una mujer de mediana edad que vive en Barcelona.
- Bueno, pues a medida que vayamos tropezando con los 45, iremos descartando a los niños, a los muy jóvenes, a los muy mayores y a los que no residan en Barcelona. Claro que ...
- ¿Qué?
- ¿Cómo sabemos que tu amiga voló hoy desde Barcelona a Madrid?
- Es lo lógico ¿no?
- Sí. Pero ¿quién te garantiza que no decidieron pasar el fin de semana en Madrid y volaron hasta la capital el viernes o el sábado? Además, ¿quién te garantiza que vinieron en avión?
- Nadie, habrá que esperar que hayan hecho lo mismo que la mayoría, habrá que esperar que sus nombres figuren en la lista.
- ¡Ah!, otra cosa. Quiero disfrutar del crucero. Si además localizamos a esa gente, si además logramos impedir el famoso asesinato, perfecto. Pero, no quiero pasar las dos semanas pendiente de la búsqueda de un escurridizo fantasma. No creo que nadie se tome tantas molestias por nada, así que supongo que a bordo habrá alguien que se siente amenazado de muerte y que por algún extraño motivo no puede ser más explicito. Pero eso no significa que vaya a dejar pasar la oportunidad de gozar del crucero y de Isla Margarita. Solo siento que no hayan elegido una vuelta al mundo a bordo del Queen Mary II, pero puesto que esto es lo que hay quiero sacarle el mayor provecho, ¿vale?
- Si, si, por supuesto.
- Eso significa que si nos apetece pasar un par de horas en la playa, no dejaremos de hacerlo para perseguir a turistas desconocidos, ¿vale?
- Si, hombre, sí.
- Te conozco demasiado para creérmelo del todo, pero te daré un voto de confianza.
Quedamos en silencio ensimismados en nuestros pensamientos que, por lo menos en mi caso, giraban en torno a la misteriosa persona y su misterioso potencial asesino.
Me despertó un codazo de Marga.
- La merienda.- Anunció.
Recibí una bandeja con una frugal merienda que devoré en un instante. Faltaba poco para llegar y nos entregaron unos hojas que había que cumplimentar, un par de impresos para pasar los tramites de inmigración a la entrada a Venezuela y una hoja en la que había que anotar nuestros datos para el barco. Aproveché para cambiar la hora del reloj y adecuarla a la del barco. Marga mantuvo todo el tiempo la hora de España para no tener que calcular la hora más adecuada para llamar por teléfono a la familia.
Aterrizamos alrededor de las siete, pasamos el control de inmigración, comprobamos que nuestro equipaje había llegado sin novedad y pasamos el control de seguridad sin ninguna incidencia. A la salida del aeropuerto de Porlamar nos esperaba personal de Maloka que nos indicó que depositáramos las maletas en una furgoneta y montáramos en un autobús que nos iba a llevar hasta el barco.
La guía de Maloka nos dio las primeras instrucciones y un impreso para determinar el modo de pago de los gastos a bordo del barco. Treinta minutos después nos reencontrábamos con el Holiday Dream. Nos recibieron con un cóctel, recogieron el documento que había cumplimentado en el avión y nos entregaron nuestras tarjetas de identificación y un plano del barco, me quedé con la autorización para el cobro de los gastos a bordo con la indicación de que debía entregarlo en recepción. Estaba lloviendo a mares, nos tomaron la foto de rigor junto a un salvavidas del barco, nos facilitaron un paraguas para recorrer sin mojarnos el corto trayecto que había desde la terminal hasta el barco y, por fin, subimos la misma escalerilla que habíamos subido casi tres años antes en Cozumel. Un hormigueo de excitación me recorría el estomago y casi me hacía flaquear las piernas cuando entramos de nuevo en el Holiday Dream. Multitud de recuerdos vinieron a mi mente. Recuerdos sobre el barco y sobre el crucero pero sobre todo un sentimiento de añoranza por los amigos que habíamos hecho en aquel viaje y que ahora no nos acompañaban: Marivi y José de Talayuela, Judith y Victor de Castelló d’Empuries, pero sobre todo de Carol y Victor de Igualada, estos últimos se habían convertido en algo más que compañeros de viaje, se habían convertido en unos buenos amigos a los que ahora extrañábamos profundamente.
Fuimos acompañados hasta nuestro camarote, el 8061 que se convertiría en nuestro hogar la próxima semana. El camarero nos recordó el funcionamiento de la rueda de la entrada, mediante la que indicábamos si estábamos o no en el camarote y si podían o no realizar su limpieza. Tras una serie de consejos e indicaciones nos quedamos solos en el camarote. Solo había una diferencia con el que habíamos ocupado en Marzo de 2005: el gran ventanal que nos permitía ver si estaba nublado o hacía sol, si era de día o de noche, si nos encontrábamos en puerto o en alta mar, se hallaba sustituido por un par de cuadros.
- ¡No tiene ventana!- Exclamó Marga.
- No. Es interior. Ya lo sabía, ¿no te lo dije?
- No. No sé porque me había hecho a la idea que sería igual que el otro ... ¡Bueno! Tampoco importa demasiado. Por lo menos es igual de grande y no tiene literas.
Las literas, aunque plegadas, aumentan la sensación de claustrofobia, de espacio reducido. El hecho de que fuera interior o exterior no había sido determinante en el otro crucero. Marga siempre había dicho que el camarote era para dormir, que el resto del tiempo había que pasarlo en cubierta o en cualquier otro lugar del barco, así que poco nos tenía que preocupar la existencia o no del ventanal. Aunque en el fondo ahora lo echábamos un poco de menos.
El equipaje tardaría un poco en llegar, así que salimos del camarote. Habíamos quedado con vilocha y ermiki en el bar Lido a las siete, pero ya eran las ocho (además el bar Lido cierra a las seis, pero eso no lo sabíamos cuando decidimos el punto de encuentro). Llamé a la puerta del camarote de Mª Eugenia (vilocha) y Ángel, que era prácticamente contiguo al nuestro, nuestros amigos virtuales pasaron a ser de carne y hueso, nos presentamos y hablamos unos minutos. Habían quedado con Mari y Miguel Angel (ermiki) en el salón Broadway a la hora del espectáculo. Les dejamos para recorrer de nuevo las cubiertas que habíamos conocido durante la celebración de nuestras bodas de plata. Ahora, eso sí, con la novedad de que el “Todo Incluido” nos permitiría tomar tantas copas como quisiéramos en los lugares que quisiéramos.
Iniciamos el camino curioseando la pequeña zona de tiendas que se encontraba a pocos metros del camarote, recorrimos el karaoke y el salón Broadway que estaban vacíos en ese momento. Nuestra cubierta era la 8, según el plano que nos habían facilitado y nuestros propios recuerdos, sabíamos que hacía abajo, aparte de camarotes, solo se encontraba el mostrador de recepción, la oficina de excursiones, el pequeño bar Harry’s y el Grand Restaurant en la cubierta 7, el viejo conocido centro medico en la 4 y el gimnasio y spa en la 2, así que decidimos subir a la cubierta 9.
Atravesamos el desierto casino, pasamos por la discoteca Starlight y salimos a la terraza Clipper, disfrutando de la cálida brisa que la noche caribeña nos estaba ofreciendo. Había dejado de llover. Después ascendimos una nueva cubierta para reencontrarnos con el buffet Panorama en el que habíamos saboreado unos cuantos copiosos desayunos en 2005. Un nuevo tramo de escaleras y llegamos a la cubierta 11 donde nos encontramos con el solarium y los jacuzzis, rodeamos el espacio destinado a los niños y recorrimos la zona de la piscina Lido, sin agua en ese momento. Dimos una vuelta por el Club Belvedere y regresamos al camarote para comprobar que nuestras maletas aún no habían llegado. Sin poder cambiarnos de ropa nos dirigimos al Broadway, Mª Eugenia nos esperaba en la puerta y nos acompañó hasta la mesa que ocupaban los demás, nuevas presentaciones y ya nos conocíamos todos.
Por fin disfrutamos de nuestro primer combinado y de nuestro primer espectáculo. No pudimos charlar hasta que finalizó la actuación y eso hicimos mientras esperábamos la hora de la cena. Las dos cenas anteriores habían compartido mesa con unas malagueñas muy marchosas y a pesar de que habían comentado con el maitre del restaurante que a nuestra llegada queríamos estar juntos los seis, les sabía mal abandonar a las chicas. Empezamos a darle la lata al maitre para que nos asignara una mesa en la que cupiéramos todos, al final se consiguió pero en zona de no fumadores. A las chicas no les gustó la idea de no poder fumar, Marga y yo comentamos que no pasaba nada si no cenábamos juntos, pero vilocha y ermiki insistieron en que no querían dejarnos solos y al final las malagueñas se quedaron en su mesa y nosotros seis ocupamos una en la que no se podía fumar. Sin embargo cuando los ocupantes de las mesas contiguas terminaron de cenar y abandonaron el restaurante se abrió la veda y los fumadores pudieron dar rienda suelta a su vicio.
En la sobremesa acordamos el plan del día siguiente: buscar algún taxista que nos llevara a los sitios típicos de la isla para terminar en alguna playa y regresar al barco a tiempo de comer. Después podríamos dar una vuelta por Saint George, la capital de Grenada, hasta la hora del embarque.
Este era un aspecto que, al principio, me había hecho dudar. Si nos juntábamos con nuestros nuevos amigos, ¿no íbamos a perder oportunidades de encontrar a la misteriosa mujer y a su acompañante?, pero de todas formas ¿qué hacer?. ¿Era más probable encontrarles si contratábamos una excursión con el propio Pullmantur o incluso si buscábamos formar grupo con pasajeros, procedentes de Barcelona y que hubieran embarcado ese mismo día? ¿No provocaría eso un incumplimiento del compromiso que había adquirido con Marga en cuanto al disfrute del crucero? La simpatía de los cuatro nuevos contertulios me hizo terminar de decidir: iba a complacer a Marga, iba a pasarlo lo mejor posible y si además descubríamos algo pues mejor, pero no iba a hipotecar el viaje a no ser que descubriera alguna evidencia relevante, no simples suposiciones.
Después de degustar un buen café en el Harry´s comprobamos que las maletas ya estaban en el camarote, dejamos para más tarde la tarea de deshacerlas y pasamos por el karaoke y la discoteca donde tomamos la última copa del día. A las dos, unas veintiséis horas después de levantarnos, por fin, nos acostamos.

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27 Feb 2008 18:04 #630684 por helenlu
Pero que clase de respuesta es esta?
A que te matamos nosotros..[:D]
Venga..cuenta[;)]



Habia una vez un barquito chiquitito, habia una vez...

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27 Feb 2008 21:59 #630926 por zenithienta
Vaya!! Yo tan contenta leyendo el otro día toda la historia del posible asesinato de un solo tirón, pensando que lo iba a leer todo hasta el final y resulta que me quedé con tantas ganas como los demás!!! Y ahora que JOTAEME ha vuelto no nos cuenta el final tan esperado sino que de nuevo nos irá contando detalle por detalle... Jooooo!!!! Venga que quiero saber que pasó antes de irme yo de crucero!! jajajaja!!! No seas asiiii!!!! Cuentalo ya!!

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28 Feb 2008 10:38 #631202 por PINGUI
Holaaaaaaaaaaa Jotaeme, bienvenido.
Bueno ya veo que nos iras contando la historia de lo que pasó en el viaje por capitulos......pues me parece bien, así se hará más interesante. Pero porfa, no te retrases en las entregas que estamos deseoso de saber el desenlace. (A proposito, que casualidad, en septiembre cuando hice este mismo crucero estube en la habitación 8060, en frente de la que tu has estado ahora)

Lo dicho esperamos deseosos el siguiente capitulo.........

Saluditos

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28 Feb 2008 19:13 #631511 por JOTAEME
Martes 12 de Febrero de 2008 / Grenada. 12 días antes del asesinato.

A las 7 nos despertamos, solo habíamos dormido cinco horas pero no teníamos nada de sueño, nos encontrábamos ávidos de nuevas sensaciones, con ganas de vivir a tope las dos semanas que nos esperaban. Un repaso del Diario de a Bordo me hizo ver que a las 18:30 el barco zarpaba rumbo a Mayreau, me sorprendió ya que tenía entendido que después de Grenada el Holiday iba a Barbados, pero no le di mayor importancia, alterar un poco el orden no era preocupante.
La cita era a las ocho, el lugar el Harry´s, la excusa degustar uno de los mejores cafés que se ofrecían en el barco. Después subimos los seis al buffet Panorama. Unos churros con chocolate, entre otras cosas, formaron parte de mi desayuno. Lo sabía de antemano y en ese momento quedó confirmado: la dieta se iba al garete, empezábamos a acumular esos gramos que se convertirían en kilos y que al regreso nos darían quebraderos de cabeza sino queríamos renovar el vestuario.
Nos reencontramos con las dos parejas de recién casados. Eli y Frank habían contratado en el barco la excursión a la playa de Grand Anse para hoy y la de los Cayos para el día de Mayreau. Jenny y Juan no tenían nada previsto, les contamos nuestros proyectos y les ofrecimos que nos acompañaran a lo que aceptaron encantados.
Alrededor de la nueve el barco atracó en el muelle de Saint George’s. Media hora después habíamos contratado un tour por la isla de cuatro horas de duración por 20 dólares por cabeza. No hicimos nada del otro mundo salimos de la ciudad, paramos en un mirador para contemplar la capital desde lo alto y nos dirigimos hacia la cascada de Annandale haciendo una parada en una cabaña, donde nos dieron una charla sobre los tipos de especias que se cultivan en la isla y sus propiedades culinarias y curativas. La charla se desarrolló en inglés y tuve el dudoso honor de hacer de interprete. Mi inglés es tan malo como el de Aznar pero era el menos malo del grupo así que hice lo que pude para que nuestra gente se enterara de algo. El olor de la cabaña era intenso, una agradable mezcla de perfumes entre las que destacaba de forma especial la canela. El objetivo final de la parada, lógicamente, era la posibilidad de que compráramos algo. Estuvimos curioseando entre los lotes de especias y los recuerdos de la isla hasta que reemprendimos el camino.
El vehículo aparcó y nos dirigimos, entre mujeres con cestas de fruta sobre la cabeza y hombres con monos al hombro para la consabida foto a cambio de un dólar y vendedores de recuerdos, hasta la famosa cascada. Un senil grupo musical amenizaba con un poco de reggae la zona. Para un grenadino debe ser un espectáculo contemplar la caída de pocos metros de la cascada, para nosotros no se trataba más que un pequeño salto de agua, convenientemente comercializado y con unos chicos que se lanzaban al agua para que se les tomaran fotografías a cambio de otro dólar.
La siguiente parada, después de pasar por el punto más alto de la isla, fue el Parque Natural del lago Etang. Previo paso por taquilla y el pago de dos dólares por persona tomamos el camino de acceso al lago. La bruma del nublado día enmarcaba el cráter inundado de un viejo volcán y le daba un encanto casi sobrenatural. La amenaza de lluvia nos desaconsejó seguir un camino que llevaba hasta la orilla del lago y después de curiosear por los puestos de vendedores y de comprar, previo regateo, aceite de coco salimos del parque y nos reencontramos con nuestro taxista, hombre de pocas palabras que se limitaba a contestar si se le preguntaba algo.
Deshicimos el camino regresando a Saint George’s para visitar la fortaleza de Fort Frederick. La lluvia hizo acto de presencia e hizo que nos refugiáramos en las tiendecitas de la entrada, donde aprovechamos para comprar lotes de especias que iban a servir como recuerdo y como regalo para familiares y amigos. Desde ese punto gozamos de una espléndida panorámica de la ciudad y del Holiday Dream atracado en su puerto. Como no paraba de llover desistimos de visitar la fortaleza y seguimos la ruta.
La última parada era en la playa de Grand Anse, parecía una tontería ir, lloviendo, a la playa, pero el taxista insistió en llevarnos para que por lo menos pudiéramos verla. Menos mal que le hicimos caso pues cuando llegamos a la playa ya no llovía y el sol asomó en todo su esplendor. En menos de un minuto nos encontramos disfrutando de nuestro primer baño caribeño (para vilocha, ermiki y sus parejas se trataba del segundo, ellos se habían estrenado en Curaçao). A la una iniciamos el regreso al puerto y a la una y media embarcamos de nuevo para comer.
Dedicamos el tiempo que restaba hasta que el barco zarpara hacia Mayreau a pasear sin rumbo por Saint George’s, recorriendo sus tiendas. El grupo se disgregó y unos cuantos regresaron al barco, terminando el resto en el mercado local donde aprovechamos para comprar canela en rama y en polvo. Alrededor de las cinco y media dimos por finalizada nuestra estancia en Grenada y volvimos al frío del barco (quedaría más literario decir que volvimos al calor del barco, pero en el Holiday Dream hace frío y hay corrientes de aire, que a la larga provocaron que todos fuéramos adquiriendo bonitos resfriados con mayor o menor intensidad y gravedad).
A las seis sonó la alarma dirigida a los pasajeros embarcados en Isla Margarita, para la realización del simulacro de emergencia. Estábamos convenientemente preparados, con los chalecos puestos, en el camarote. Salimos sin habernos fijado hacía donde teníamos que ir, pero no era necesario: el personal de la tripulación nos iba señalando el camino a recorrer hasta llegar al punto de encuentro donde teníamos que aguardar nuevas indicaciones.
Yo que he llorado viendo como Leonardo DiCaprio moría de frío dejando sola a Kate Winslet rodeada de cadáveres en un gélido océano, me entretuve pensando en lo que sucedería si realmente se declaraba una emergencia a bordo. ¿Íbamos a permanecer todos tan bien alineados? Mujeres y niños primero, hombres bajitos después y el resto detrás. Supongo que sí la evacuación estuviera provocada por una avería y viéramos cerca otros barcos, se mantendría la disciplina. Pero si chocáramos contra algo, si tuviéramos la más mínima sensación de que el barco, aunque fuera muy lentamente, se estaba hundiendo, la cosa sería distinta. Me pregunté que haría si tuviera que ceder la última plaza en el último bote a una simpatiquísima y desconocida anciana ... Por suerte el silbato del fin del simulacro me impidió dar respuesta a esa pregunta.
Regresamos al camarote con la convicción de que como, en caso de emergencia, no nos indicaran el camino tan bien como nos lo habían indicado en el simulacro, probablemente apareceríamos en cualquier otro lugar distinto al del punto de encuentro. Pero no había que ser catastrofista: no iba a pasar nada y punto.
Cuando me quité el chaleco algo cayó al suelo.
- ¿Qué es eso?- Preguntó Marga.
- Parece un papel.- Dije mientras lo recogía.
- Sí, pero ¿de donde ha salido?
- Estaba en el chaleco.
Entonces palidecí. Se trataba de un trozo de papel doblado con unas pocas letras escritas: “19:00 Capitán” Lo que me hizo palidecer no fue el mensaje, sino la exquisita caligrafía en que estaba escrito.
- Es la misma letra de la nota que recibí en la oficina. Ves porque creo que se trata de una mujer.
- Si, parece letra femenina de hace medio siglo, pero ¿cuándo te lo han puesto? ¿Te has fijado en quien te rodeaba?
- En lo ultimo en que pensaba era en esto. No me he fijado en quien tenía a los lados o detrás, de todas formas puede haber metido el papel en el chaleco en cualquier momento desde que hemos empezado a bajar por la escalera. He notado roces y apretujones durante todo el tiempo.
- ¿Qué hora es?
- Las seis y cuarto.
- Aún faltan 45 minutos.
- A y media tenemos la charla de bienvenida en el Broadway.
- Y ¿cuánto dura?
- No sé. Si a las siete no ha acabado la dejamos y vamos a ver al capitán.
- Creo que es mejor que vayas tu solo,...
- Como quieras.
La reunión consistía en un mensaje de bienvenida, unas indicaciones básicas de comportamiento a bordo del Holiday Dream, una relación de los problemas y peligros con que nos podíamos encontrar si corríamos el riesgo de movernos por las islas de las escalas por nuestra cuenta y por último una descripción de las excursiones organizadas por Pullmantur haciendo especial énfasis en lo tranquilos que íbamos a estar y lo bien que lo íbamos a pasar. Antes del final de la reunión, casi a las siete, me encontraba en el mostrador de recepción preguntando por mi cita con el capitán.
- Aguarde un momento y le acompañaran hasta el puente de mando.- Me anunció la recepcionista.
- Permítame una pregunta, ¿quién concertó la cita?
- ¿Cómo?- Su mirada era de absoluto desdén.- Usted, ¿quién si no?
- Verá, tengo mucho interés en ver al capitán- mentí- y quería concertar esa cita, pero esperaba hacerlo el día de navegación. Me ha sorprendido que se haya concertado tan pronto y quisiera saber quien lo ha hecho.
- Es que no he sido yo quién ha tomado nota,- su semblante se dulcificó- solo veo que la gestión se ha hecho un poco antes de mediodía.
- ¿Sería posible hablar con la persona que recibió la petición?
- Somos muchos y nos vamos alternando en todo momento, puede haber sido cualquiera.
- Si usted pudiera averiguar quien fue esa persona para poder hablar con ella le estaría sumamente agradecido.
- Lo intentaré pero no le garantizo nada, ¿de acuerdo?
- Por supuesto.
En ese momento se acercó hasta mi lado un camarero de rasgos orientales. La chica le indicó en inglés que me acompañara hasta el puente de mando para ver al capitán. Le seguí en silencio hasta que me franqueó el paso a través de una puerta anunciada como de uso exclusivo del personal. Supongo que dijo que me esperará y así lo hice mientras él seguía por un pasillo y abría una puerta que daba al puente de mando.
Al momento regresó acompañado por una persona con muchos galones en su uniforme. El camarero balbuceo algo de lo que solo entendí “capitán” y desapareció. Por un cuadro en el que se mostraban las fotografias y nombres de los principales miembros de la tripulación sabía que entre una oficialidad originaria de distintos países el capitán se llamaba Antonio Salvatela y su nacionalidad era italiana. Me sorprendió que se dirigiera a mí en un perfecto español:
- Así que desea visitar el Puente de Mando.- Dijo mientras tendía su mano para chocarla con la mía.
- Esto,... sí, claro.- Balbuceé.
- Por razones de seguridad hace tiempo que se han dejado de ofrecer este tipo de visitas, pero su insistencia ha sido tanta que hemos terminado por acceder a sus deseos.- Dijo de forma algo brusca.- Por aquí, por favor.
Le seguí a través del pasillo hasta una sala con un inmenso ventanal que ofrecía una perfecta visión de la proa iluminada y del negro horizonte hacia el que nos dirigíamos. Una inmensa luna llena y un cielo estrellado le daban al paisaje una espectacularidad extraordinaria. La sala estaba repleta de aparatos electrónicos y en ese momento solo estaba ocupada por dos personas que miraban pantallas ajenos a nuestra presencia. Durante unos minutos el capitán me estuvo hablando sobre sistemas de navegación, terminales de control, rumbos y derivas. Pero yo le oía sin escucharle, mi cabeza estaba buscando la manera de llevar la conversación hacia donde me interesaba, en otras condiciones habría disfrutado sobremanera con la visita y las explicaciones pero en ese momento no conseguía concentrarme en sus palabras.
- Verá, yo quería verle por otro motivo.- Aproveche una pausa en sus palabras.
- ¿Sí?
Extraje una tarjeta plastificada de mi cartera y se la entregué.
- Bien, yo soy más de la Roma.- Dijo, con cara de fastidio, devolviéndome lo que le había dado.
Le había entregado un carnet de socio del Centro de Deportes Sabadell Club de Fútbol. Muchos años atrás un cliente agradecido me había regalado el carnet valido para un año y me lo había ido renovando durante cinco años más, en realidad solo pisé ese campo de fútbol en una ocasión pero lo guardaba porque en la foto había salido muy favorecido y el propio carnet tenía unos colores muy bonitos. Lo devolví a la cartera, rebusqué un poco y le entregué, ahora sí, el carnet mutual de detective; hacia años que había caducado pero ese era un detalle sin importancia. El capitán lo tomó, leyó de que se trataba y me miro de forma interrogativa. Sabía que disponía de unos pocos segundos para captar su interés y que si no lo conseguía me echaría, aunque de forma amable, del lugar con la convicción de que no dispondría de una segunda oportunidad para conseguir su ayuda. La palabra “asesinato” despertó ese interés. Le conté lo más rápidamente que pude todo lo que había pasado hasta ese momento.
- Y ¿qué quiere que haga yo? No puedo poner a mi tripulación a buscar entre todo el pasaje.
- No, no, por supuesto. La cosa tiene que ser sigilosa y no pretendo que usted movilice a nadie en pos de una remota posibilidad que puede ser producto de una mente paranoica alejada de la realidad. Si alguien tiene que perder su tiempo en una búsqueda, que lo más probable es que resulte infructuosa, ese soy yo.- Mientras hablaba iba buscando algo en lo que el capitán pudiera ayudarme. Recordando la lista de pasajeros se me ocurrió:- Sería fantástico si se me pudiera facilitar una relación de los pasajeros que el lunes desembarcaran en Isla Margarita y se alojarán en el Hesperia Playa el Agua, ...
- Veré si es factible.
- ... y la lista de los que han reservado alguna excursión.- Añadí.
- Esa no es una lista cerrada, puede variar en cualquier momento.
- Claro, pero si hoy se me facilitara la lista de las reservas de mañana, prácticamente no sufriría variación, ... y así hasta el sábado ...
- Bueno, no sé ...
- Cualquier ayuda será bien recibida, sobre todo sí con ello conseguimos evitar una muerte.
Supuse que al implicarle en el posible éxito de la misión conseguiría que se mostrara más colaborador. El silencio posterior me indicó que la entrevista había llegado a su fin. De todas maneras no se me ocurría de que otra forma podía serme de utilidad. Fuimos caminando lentamente hasta la puerta de salida.
- ¡Ah!, una ultima cosa.
- ¿Sí?
- Le agradecería que me informara si sucede alguna muerte o algún accidente digamos “sospechoso”.
- ...
- En ese caso podría ayudarle a analizar si ha sido algo fortuito o intencionado.- Decidí darle a él todo el protagonismo, de todas formas él era el responsable de la seguridad de todos y el más interesado en que si algo pasaba se resolviera de la mejor manera posible para los intereses de la compañía naviera.
- Bien, si pasa algo y lo creo conveniente se lo haré saber.- Parecía una promesa muy remota pero no creo que el capitán quisiera, en principio, comprometerse de forma evidente a nada, aunque hubiera decidido colaborar.
- Mucha gracias. ¡Ojalá todo esto quede en una inútil charla! ¡Ah! y gracias por saltarse las normas y mostrarme el puente, ha sido un privilegio para mí.- Esto le halagó sobremanera y conseguí, por primera vez, verle sonreír.
- El privilegio ha sido mío.- Respondió formalmente.- ¡Hasta luego!
Encontré a Marga en el camarote.
- ¿Cómo ha ido?
- Muy bien, supongo que me dará una lista con los pasajeros que iremos al Playa el Agua.
- ¿Supones?
- Hasta que no la vea no lo creeré. Además le he pedido las listas de las excursiones.
- ¿Para qué?
- No sé, a ver si cruzándolo todo sacamos algo en claro.
- Hombre la lista del hotel es fundamental, la de las excursiones no sé que nos puede aportar, ...¡Ah, por cierto! Ya he tachado siete nombres más de nuestra lista.
- ¿Sí?
- Un matrimonio con su hijo pequeño y dos parejas de recién casados. Pero no sé, tu sistema de descarte no termina de convencerme. ¿Por qué no pueden ir acompañados de un niño?, ¿porqué no pueden ir en luna de miel?
- Tienes razón.- Me ahorre la coletilla de “como siempre”.- Pero, ¿se te ocurre algo mejor?
- No, ese es el problema, que no se me ocurre nada mejor. Esperemos que llegué la lista del hotel y , sobre todo, esperemos que llegue a tiempo.
- Sabes algo de ellos ...
- Ha llamado Mª Eugenia, nos guardan sitio para el espectáculo.
- ¿De que va?
- De algo tropical ... creo.
- A ver si conseguimos no dormirnos. Tengo sed, ¿vamos a tomar algo y luego nos duchamos?
- ¡Vamos!
Nos encontramos con Eli y Frank que se mostraron disgustados por como había ido su excursión, más cuando les detallamos la nuestra y lo que nos había costado. Acto seguido quisieron anular la de Mayreau, pero les dijeron que ya era tarde. Lo que si les quedó claro era que en Barbados, Aruba y Curaçao irían con nosotros.
Esa noche hubo un pequeño descontrol, por un lado sugerían que a la cena se acudiera vestido de blanco y negro y por otro el espectáculo y la fiesta tropical que se desarrolló a medianoche indicaba acudir floreado. Una parte de cruceristas vistió de blanco y negro, otro utilizó vestimenta tropical y el resto como le dio la gana.
Después de cenar, mientras los fumadores fabricaban humo, preguntamos al camarero como sería el desembarque en Mayreau. Su respuesta fue inquietante:
- Creo que iremos a Saint Vinçent.
- ¿Ah si? ¿No vamos a Mayreau? ¿Seguro?
- No sé, no sé, no me hagáis caso, son suposiciones mías.
Quizás pensó que no debía haber hecho ese comentario porque a partir de ese momento todo fueron evasivas y no conseguimos sacarle nada más. Mayreau estaba bien por la playa y los Cayos de Tobago a los que pensábamos ir en la primera barca que encontráramos en la playa. Saint Vinçent estaba bien porque nos daría la oportunidad de ver los decorados del rodaje de “Piratas del Caribe”. Puesto que no podíamos hacer escala en las dos islas tanto daba una como la otra.
Pasamos por el camarote y encontramos el Diario de a Bordo del miércoles, en el que destacaba la frase “Bienvenidos a Mayreau” y en el apartado de Informaciones Náuticas anunciaba que a las “07:00 Hrs El Holiday Dream fondea en la Bahía de Mayreau”. Después de todo igual si que íbamos a tomar un baño en los famosos Cayos.
Nos reencontramos en la terraza Clipper, donde pudimos tomar un par de copas, bailar y degustar el buffet Tropical. Alrededor de la una decidimos acostarnos.

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29 Feb 2008 20:47 #632340 por JOTAEME
Miércoles 13 de Febrero de 2008 / Ni Mayreau ni Saint Vinçent, rumbo a Barbados. 11 días antes del asesinato.

Me desperté a las siete y descubrí una hoja de papel en el suelo junto a la puerta. El pulso me temblaba cuando la cogí, pero no se trataba de una nueva misiva de mi amiga sino de una información en la que se nos decía que las malas condiciones del mar aconsejaban cancelar la escala de Mayreau y que atracaríamos en la isla de Saint Vinçent. Se hacía realidad el presagio del camarero y había que cambiar el chip: no habría Cayos, habría Piratas.
Discutimos la jugada en el Harry’s. La única alegría la tuvo Frank al evidenciarse que había conseguido que se cancelara la excursión contratada y que además prefería Saint Vinçent a Mayreau. Ya no había prisa, ya no hacía falta bajar de los primeros para poder alquilar la lancha que nos pasearía por los cayos y puesto que nos encontrábamos al lado del restaurante decidimos probar como se desayunaba en él. La experiencia no fue ni mejor ni peor, fue distinta. El tiempo que tuvimos que dedicar al desayuno fue bastante superior al del buffet, pero pudimos comer cosas que solo se encontraban en el restaurante.
Por los ventanales divisamos como nos íbamos acercando a la isla hasta quedar frente a lo que debía ser su puerto, pero a una considerable distancia. El Holiday navegaba muy lentamente, parecía estar parado. Resultaba incomprensible que nos quedáramos en ese punto sin, aparentemente, tener intención de atracar. El día era soleado, unas pocas nubes recorrían el horizonte, el mar estaba tranquilo, o eso nos parecía. A las nueve anunciaron por megafonía que dado el estado de la mar el Holiday Dream no podía atracar en Saint Vinçent y que, siempre velando por nuestra seguridad, el capitán había decidido proseguir rumbo a Barbados donde llegaríamos alrededor de las siete de la tarde.
¡Qué bien! ¡Ni Cayos, ni Piratas! Nos obsequiaban con otro bonito día de navegación. La llegada antes de tiempo a Barbados no nos iba a servir de nada, ¿qué íbamos a hacer de noche sin saber donde ir? Era una posibilidad que nunca habíamos previsto. Existía la duda entre Mayreau o Saint Vinçent, pero no hacer escala en ninguna de las dos era algo que hasta el momento nunca había pasado.
La decepción fue general, más cuando comprobamos que, efectivamente, el barco se iba alejando de la isla, que atrás se quedaba la única oportunidad que nunca íbamos a tener de ver el set del rodaje de la película. Porque ¿a quien puede ocurrírsele visitar esa isla? ¿a quien puede ocurrírsele repetir el crucero para intentar tener mejor suerte? A mi no, desde luego.
¿Qué hacer hasta las siete de la tarde? Nos entretuvimos tomando el sol, bañándonos en la piscina y bautizando a la gente. Así teníamos a Bo Derek, a Fran Rivera, a la Duquesa de Alba y a su estreñido compañero,... cuando encontrábamos a alguien que se parecía, aunque fuera de forma remota, a algún personaje famoso le poníamos su nombre y así los fuimos denominando hasta el final.
Alrededor del mediodía nos encontrábamos degustando un café con leche aderezado con un poco de Baileys en el Belvedere. Al parecer el movimiento del barco iba en aumento y eso era especialmente notorio en esa zona de proa . Poco a poco fui notando como el mal del mar iba adueñándose de mi cuerpo y antes de dar un espectáculo decidí retirarme hasta el lugar donde esa situación sería mas soportable: la cama del camarote.
Por el camino, estratégicamente situadas, descubrí bolsas de papel dispuestas para que los pasajeros depositaran en ellas, y no en cualquier otro lugar, las consecuencias de ese mal que me estaba afectando. Llegué sin novedad a mi cabina con la idea de tomarme una biodramina, pero no fui capaz de buscarla. Directamente me tumbe en la cama. Por lo menos en esa posición dejaba de sentir la sensación de mareo. Hasta que me levantaba, en ese momento todo empezaba a dar vueltas y el desayuno pugnaba por regresar por el camino por donde había entrado. Dos intentos hice de levantarme en pos de la pastilla que debía mitigar mi estado, pero en ambas desistí de mi empeño y seguí tumbado adormilándome en espera de que la estabilidad regresara al barco.
Unos golpes en la puerta me despertaron. Me levanté y conseguir abrir sin novedad. No era nadie que viniera a preocuparse por mi estado, se trataba del camarero que traía la versión actualizada del Diario de a Bordo del miércoles 13 de Febrero. Aproveché par tomar, por fin, una biodramina y regresé a la cama.
Sobre la una y media llamaron de nuevo. Era Marga.
- ¿Cómo estas?
- En la cama bien, si me levanto mal.
- ¿Vas a querer comer?
- De momento no. ¿Cómo están los demás?
- Hay de todo, no eres el único que te has mareado. ¿Te animas a salir?
- No, no, vete a comer. Luego ya veremos.
- Vale, hasta luego. Me llevo la tarjeta.- Se refería a la llave de la puerta.
Dormí hasta que regresó, después de comer, para ver como seguía.
- ¿Qué tal?
- Mejor.
- Vamos a tomar el sol, ¿vienes?
- Aún se mueve, ¿verdad?
- Un poco.
- Entonces seguiré tumbado.
- Eli tampoco ha venido a comer, he tenido a Frank. de pareja de mesa.
- ¿Qué tal la comida?
- Perfecta. El comedor estaba medio vacío.
Cuando me desperté de nuevo pasaban un poco de las cuatro. Me levanté y comprobé que la sensación de mareo no se reproducía. Por si acaso me tomé otra biodramina, me lavé la cara y me atreví a salir. El barco seguía moviéndose pero mucho menos que antes, eso o las pastillas estaban haciendo su efecto.
En la escalera tropecé con Eli y Frank.
- ¿Cómo estamos?- Pregunté.
- Mucho mejor.- Respondió Eli.- Con un hambre terrible.
- ¿Dónde se puede comer a estas horas?
- En el Clipper hay algo hasta las cinco.
- ¿Vamos a ver?
- Vamos.
Llenamos un par de platos con porciones de pizza y pequeños bocadillos y acompañándolos con cerveza y Coca-Cola merendamos. Después fuimos en busca del grupo que se tostaba al sol que aparecía y desaparecía entre pequeñas nubes.
A las siete nos encontrábamos en la cubierta cinco a la espera de la entrada de las autoridades y el permiso de desembarque. Fuimos de los primeros en salir, ávidos de tierra firme después de tantas horas de vaivén. Caminando por el muelle tuve la sensación de que el suelo se movía. No era un muelle flotante así que se trataba de una jugarreta de mi sentido del equilibrio que no se aclaraba con tanto trajín.
La terminal estaba desierta y oscura, todas las tiendas y puestos cerrados, solo unos cuantos taxistas que nos informaron de que la ciudad se hallaba a más de quince minutos andando o a dos dólares en taxi. Sabía por la guía de bibi que el trayecto no era mucho y que se podía ir paseando entre tiendas de recuerdos y regalos, pero era noche cerrada y todo estaba desierto así que decidimos ir en taxi. No todos hubo quien se quedó en el barco y hubo quien se añadió al grupo, las simpáticas malagueñas nos acompañaron en nuestra nocturna excursión.
Por el camino concertamos un recorrido por la isla para la mañana siguiente por 20 $ por cabeza. Michael, el taxista, nos esperaría a las nueve en el mismo punto donde ahora le habíamos encontrado. Nos dejó en el centro de la capital y quedamos que al cabo de una hora y media pasaría a recogernos para traernos de regreso al barco.
Iniciamos el paseo por una oscura y desierta ciudad. Quien más quien menos se iba arrepintiendo de la salida nocturna. No había nada que ver. Todas las tiendas estaban cerradas y algo inquietante: los escaparates de las joyerías vacíos de toda joya. No sabíamos si se trataba de una medida preventiva o de una reacción a la elevada delincuencia pero bastaba para aumentar nuestra intranquilidad. No había nada más que nos pudiera asustar, la poca gente con la que nos cruzábamos no mostraba el más mínimo interés por nosotros, pero éramos los únicos blanquitos que nos movíamos por las calles de Bridgetown. Caminábamos sin rumbo, sin saber hacía donde nos dirigíamos. No llevábamos ningún plano porque a esa hora no había museo ni monumento alguno que ver. Habíamos querido aprovechar al máximo las horas que pasáramos en Barbados pero ahora no sabíamos que hacer.
Lo siguiente sucedió muy rápidamente: estábamos cruzando un puente cuando vimos como se acercaban dos coches de policía con las luces encendidas, pararon de improviso y se bajaron cuatro policías que detuvieron y esposaron a una persona, la subieron a uno de los coches y desaparecieron por donde habían venido. Esa fue la señal, no hizo falta discutir nada, retrocedimos el camino andado y llegamos hasta el punto donde el taxista nos había dejado. Sin esperar a la hora convenida nos repartimos en dos taxis y regresamos al puerto.
Nuestro taxi llegó un par de minutos después que el otro. Los que habían viajado en él estaban negociando con el taxista la salida del día siguiente. Clyde nos ofrecía lo mismo que Michael por quince dólares por persona. Quedamos con él a las nueve de la mañana un poco más lejos del punto donde habíamos quedado con Michael. De camino al barco nos encontramos con Michael que se sorprendió de vernos en el puerto tan temprano, nadie pensó o se atrevió a decirle que no nos esperara al día siguiente.
Tuvimos tiempo sobrado para cambiarnos para el espectáculo. Esa noche el tema era “Décadas 60, 70 & 80” parecía especialmente dedicada a los patriarcas del grupo: música como la que bailábamos cuando despertamos a la adolescencia.
Antes de cenar nueva gestión con el maitre: Eli y Frank se aburrían con sus compañeros de mesa y querían pasarse a la nuestra. El pobre hombre creo que empezó a odiarnos, pero en ningún momento lo aparentó. Durante la cena Eli empezó a ponerse mala, estaba cogiendo un buen trancazo gentileza del aire acondicionado del barco. Miguel Angel había sido el primero y poco a poco íbamos a ir cayendo los demás.
Pasamos por el karaoke, copado por un numeroso grupo de valencianos y terminamos viendo el final de la elección de Miss Drag Queen.
Ya retirados en nuestro camarote y haciendo zapping descubrimos un canal en el que ponían imágenes grabadas durante el crucero.
- No nos han dado la lista del hotel.- Dijo Marga.
- ¡Anda, es verdad! Ya ni me acordaba.
- Parecía demasiado fácil.
- Mañana preguntaré en recepción.
- Creo que pierdes el tiempo. ¡Oye, mira! EL simulacro.
Las imágenes de la tele mostraban a los pasajeros con el chaleco salvavidas alineados en la cubierta.
- ¿Somos nosotros?- Pregunté.
- No sé, no reconozco a nadie. Espera, si, mira, esa mujer iba en nuestro vuelo.
Unos segundos después apareció el rostro sonriente de Marga en primera fila y el mío mirando a las musarañas en la tercera.
- Fíjate en los que te rodean.
- Detrás tengo al estreñido.- Dije.
- ¿Quién?
- El que va con la duquesa.
- ¡Ah sí! Pero no tienes a ninguna mujer cerca.
Estuvimos mirando el video hasta que volvieron a pasar las escenas del simulacro. Esos pocos instantes no nos revelaron nada que pudiera facilitar la identificación de quien había puesto la nota en mi chaleco. Claro que no tenía porque haberla puesto en ese momento.

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02 Mar 2008 13:56 #633042 por JOTAEME
Jueves 14 de Febrero de 2008 / Barbados. 10 días antes del asesinato.

Por primera vez íbamos a recorrer la isla todos juntos. Les ofrecimos a las malagueñas acompañarnos pero declinaron nuestra invitación. Desayunamos en el buffet Panorama y descubrimos que Eli había pasado muy mala noche, con fiebre incluida, después de desayunar iban a pasar por la enfermería.
- ¿Y la excursión?- Les preguntó alguien.
- La excursión sigue en pie. Vamos a ver si el doctor le da algo.- Dijo Frank.
- ¿Te encuentras muy mal?
- Ahora mejor, pero antes de dormirme estaba fatal.- Respondió Eli.
Nos reencontramos un poco después de las nueve en la cubierta cinco junto a la puerta de salida.
- ¿Qué tal?
- Me han puesto una inyección y me ha dado unas pastillas. No creo que haya hecho efecto tan pronto, pero me siento bien.
Ya eran varios los que de vez en cuando estornudaban o tosían, pero había que hacer de tripas corazón y salir a recorrer Barbados. Todos estábamos ansiosos por nadar con las tortugas.
A las nueve y media llegamos a la carpa donde habíamos quedado con Clyde a las nueve. Al momento nos abordó Michael diciendo que nos habíamos retrasado, Clyde también apareció reclamándonos como sus clientes. Empezó la discusión. Michael decía que yo tenía su tarjeta, cosa que probaba que tenía un compromiso con él. Le dije que sí, pero que también tenía la de Clyde y que habíamos decidido ir con él. Pensé que las cosas iban a tomar un cariz malo, pero Clyde nos indicó que le siguiéramos y Michael se quedó protestando. Haciendo acopió de mi paupérrimo inglés le pregunté si habría algún problema, pero sonriendo me dijo que no, que nadie tenía la exclusiva de llevar a los turistas y que estuviéramos tranquilos que habíamos hecho una buena elección.
Nos aposentamos en la furgoneta. Lo primero que preguntó Clyde era si entendíamos el inglés. Todos me miraron a mí. Mi reacción fue preguntarle a Clyde si hablaba español. Su respuesta fue negativa, así que tuve que ofrecerme para intentar traducir lo que él nos fuera contando. Abandoné el sitió que hube ocupado y me senté al lado del conductor. En el asiento izquierdo, porque al igual que en Grenada, conducen por el lado equivocado de la carretera, menos mal que todos lo hacen mal porque si no el caos sería mayúsculo.
Clyde resultó ser, para mi desgracia, muy parlanchin. Al primer intento de traducción los de la ultima fila se quejaron de que no oían nada y Clyde me facilitó un micrófono que utilicé durante toda la excursión. Tengo que decir que lo hice lo mejor que pude, intentando no inventarme muchas cosas y alegando que lo que contaba no era importante cuando no me enteraba de lo que decía nuestro amigo Clyde.
Le pregunté sobre la seguridad y me dijo que “No problem”, Barbados es un país tranquilo que no destaca por la violencia y menos contra los turistas. Aprovechó para aconsejarnos que si en la playa nos ofrecían droga no la aceptáramos, la droga es mala, dijo, la mejor droga es esta y nos mostró un libro muy manoseado, de tapas negras: una Biblia. “En Barbados son muy religiosos y tienen gran cantidad de iglesias” traduje.
Nos enseñó la zona de copas de Bridgetown, el lugar que hubiéramos querido encontrar la noche anterior y nos repitió lo de “No problem”. La primera parada la hicimos en una pequeña playa, atlántica y con oleaje, tal y como la describió Clyde para añadir que la de las tortugas era Caribeña y tranquila.
Hoy era el día de los enamorados, en Barbados se celebra durante toda la semana y había actos y festejos en honor a San Valentín por todas partes.
A las once después de recorrer bajo sus atentas explicaciones, un pueblo de pescadores, el interior de la isla con sus campos de caña de azúcar, la zona del aeropuerto, un atasco por obras en la autopista,... llegamos a la parte oeste de la isla con sus hoteles lujosos y sus campos de golf. Terminamos en Blue Monkey Beach, la playa del Mono Azul (¡Uy parece que aún me queda el ramalazo traductor) donde nos dejó en buenas manos para que pudiéramos hacer snorkel y nadar con tortugas, con el compromiso de volver a las dos de la tarde para llevarnos de regreso al barco.
Atravesamos una zona con duchas y aseos y un bar restaurante, para llegar a la playa, donde la persona que nos acompañaba nos puso en contacto con el que contrataba el paseo en barca. Los 20 dólares que pedía nos parecieron perfectos y nos dirigimos a un punto de la playa donde embarcamos.
Primero fuimos hasta un extremo de la playa donde había un barco hundido. Provistos de gafas y tubo y de chaleco salvavidas, el que lo quiso, saltamos de la barca para contemplar los restos del barco y la multitud de peces de colores que acudían atraídos por la comida que desde la barca se les lanzaba. Marga es más de tierra firme y cuando comprobó que sus pies quedaban a mucha distancia del suelo le entró una especie de pánico que la hizo volver a subir a la barca lo más rápidamente posible. Pronto la acompañarían Juan y Ángel que no estaban mucho por la labor.
Con las cámaras acuáticas nos hicimos fotos y nos extasiamos entre los pececitos, hasta que desde la barca nos reclamaron porque no podíamos pasar todo el día en ese lugar. Mientras nos desplazábamos hasta la zona de las tortugas María Eugenia me hizo ver que mi cámara acuática había hecho agua, es decir se había llenado del líquido elemento. Fastidiado por las fotos de los peces que no iba a poder ver y las de las tortugas que no iba a poder hacer la guarde y decidí confiar en las fotos de los demás.
No todos bajamos para intentar nadar con las tortugas. Los que lo hicimos tuvimos el honor de tenerlas a pocos centímetros mientras comían lo que desde la barca les echaban o el jamón dulce del barco que nosotros habíamos traído. Solo vimos un par de tortugas pero la experiencia fue gratificante y además las tuvimos en exclusiva para nosotros pues la gente de otras barcas estaba muy dispersa y no nos molestaron.
Por fin desembarcamos y pasamos el resto del tiempo tomando el sol y bañándonos en esa idílica playa. Eli, Jenny, Frank y Miguel Ángel estuvieron peleándose con un coco, pero al no disponer de herramientas adecuadas no consiguieron abrirlo y nos quedamos con las ganas de probarlo.
Un poco después de la una nos cansamos de playa y decidimos esperar a Clyde tomando algo en el bar. A base de coco loco, cervezas y coca-colas y viendo como ante nuestras narices pasaban suculentas hamburguesas con patatas se hicieron las dos. No me había fijado en él, me parece que casi todos son iguales, pero supongo que se trataba del hombre que nos recibió, el que a las dos nos dijo que Clyde le había llamado porque iba a retrasarse un poco y que no nos preocupáramos, que ya nos avisaría cuando llegara.
A las dos y diez subíamos de nuevo en la furgoneta de Clyde y a la media llegábamos al puerto. Nos despedimos efusivamente del hombre que tan bien nos había tratado y nos dirigimos rápidamente al restaurante para comer y desembarcar de nuevo pues no habíamos comprado ningún recuerdo.
Un poco antes de las cuatro atravesábamos nuevamente el punto de control de la terminal del puerto, decididos a ir andando y curioseando los puestos y tiendas del camino hasta la ciudad. Teníamos unas dos horas y media hasta el “¡Todos a Bordo!”, tiempo suficiente para cumplir nuestro objetivo. Pero pronto comprobamos que las tiendas del camino estaban cerradas y los puestos desmontados o finalizando su desmontaje. Así que decidimos volver y hacer nuestras compras en el edificio de la terminal que seguía en pleno auge. A las cinco y media volvimos a “casa”.
A las seis acudimos Maria Eugenia, Marga y yo a la clase de Bachata que daba Moisés en la discoteca. Maria Eugenia recriminó a Moisés que solo bailaba con una chica joven y guapa y este la tomó de pareja hasta el final. Los pasos que se nos enseñaron resultaron muy básicos, pero es que había más de una petarda que no los cogía de ninguna manera. Al final pasamos un rato entretenido. Después nos separamos y cada cual se fue hacia su camarote.
- Me apetece beber algo, voy a por un cubata. ¿Quieres?- Preguntó Marga.
- Tráeme otro. Mientras, me voy duchando.
No creo que sea cierto aquello de que siempre que estás solo en casa duchándote suena el teléfono o llaman a la puerta. Supongo que es una especie de leyenda urbana y que si cogiéramos un papel e hiciéramos un palote cada vez que nos duchamos estando solos y una cruz cada vez que llaman a la puerta o suena el teléfono estando en la ducha sin nadie más en casa, la diferencia entre palos y cruces seria abrumadora (a favor de los palos claro). Por otra parte algo que no entiendo es porque cuando eso sucede parece que sea el fin del mundo y acudimos de cualquier manera al teléfono o a la puerta para ver quien es, para saber de que se trata. Si pensáramos con lógica comprenderíamos que si en ese momento no estuviéramos en casa no podríamos atender a quien quiere contactar con nosotros y muy probablemente esa persona llamaría pasado un tiempo. La probabilidad de que se trate de un caso urgente que requiera nuestra inmediata actuación es mínima, la probabilidad de que un amable vendedor nos quiera contar las excelencias de su producto, por el contrario, es máxima.
Estaba enjabonado de pies a cabeza cuando escuché unos golpes en la puerta. Por supuesto me aclaré todo lo rápido y mal que pude, salí de forma atolondrada de la ducha, me medio envolví en una toalla y chorreando agua por el pasillo abrí la puerta.
- Perdone, ¿estaba usted en la ducha?- En su placa ponía “Emilia – Venezuela”.
Estuve a punto de soltar una sarcástica respuesta, pero el acento de la recepcionista venezolana me cautivó y conseguí contenerme a tiempo.
- Pues si.- Respondí con la mejor de mis sonrisa y ante la cara apurada de la joven, continúe:- Pero no se preocupe, no pasa nada.
- Lo siento. Traigo un sobre para usted.
Me tendió el sobre y lo tomé con la mano derecha. La izquierda tuvo que ir rápidamente hasta mi cintura para evitar que la toalla mal enrollada, que empezaba a deslizarse, cayera al suelo. No se si la recepcionista se dio cuenta pero noté un leve rubor en sus mejillas.
- Gracias.
- Bien, puede seguir con su ducha. Hasta luego.
- Hasta luego.- Respondí riendo.
La risa se contagió y terminamos los dos riendo mientras cerraba la puerta.
Abrí rápidamente el grueso sobre. Contenía varias hojas: la primera un escrito firmado por el Capitán en el que me rogaba que no hiciera ningún mal uso de los datos que me suministraba y terminaba deseando fehacientemente que no me fueran de ninguna utilidad. Aclaraba luego que ese deseo se debía a que esperaba que no sucediera nada de lo que le había vaticinado, ni en el barco, ni en las escalas, ni en Isla Margarita. Se trataba, por supuesto, de un deseo compartido.
La siguiente hoja era una lista de pasajeros, con su número de camarote, que iban a desembarcar en Isla Margarita para alojarse en el Hesperia Playa el Agua. “¡Fabuloso!”, pensé. En esa hoja estábamos nosotros y el asesino y su victima. Luego varias hojas más con las relaciones de pasajeros que habían contratado las diversas excursiones que se ofertaban en Aruba y Curaçao. Estaba enfrascado en la lectura de los nombres cuando llamaron de nuevo a la puerta.
- No podía abrir.- Se excusó Marga que llevaba un vaso en cada mano.- ¿Qué ha pasado aquí?- Exclamó.
- Nada, nada, ya lo seco.
- Si no lo digo por eso. ¿Qué ha pasado?- Si en casa hubiera dejado el pasillo chorreando de agua me hubiera ganado una bronca de campeonato. Pero no estábamos en casa.
- ¿A que no sabes qué estaba haciendo cuando han traído eso?
- ¿Sudokus?- Preguntó riendo.- ¿Qué es eso?
- Lo que le pedí al “Capi”.
- ¿Todo?
- Todo.
- ¿Y bien?
- Estaba empezando a mirarlo. Hay muchos nombres.
- Lo primero cruzarlo con la lista del aeropuerto.
24 pasajeros iban a alojarse en el Playa el Agua y de ellos ocho habían volado con nosotros desde Barcelona.
- Ahora es mucho más fácil. 22 personas. De las que podemos eliminar unas cuantas.- Dijo Marga.
- ¿No son 24?
- Pero tú y yo nos podemos descartar de entrada ¿no?- Preguntó con tono irónico.
- Si, si, claro.- Me apresuré a contestar.
Al final nos quedaron seis sospechosos, once posibles y cinco descartados. Los posibles eran los que no volaron con nosotros, los que tenían nombres más propios del continente americano y los que no viajaban en pareja, los descartados, una pareja que Marga había averiguado eran de Girona, una de las parejas de recién casados y un hombre que viajaba solo.
- Bueno ya lo vamos teniendo más claro: 6 que pueden ser y 11 que no hay que olvidar. ¿Qué hacemos con las listas de las excursiones?
Una hojeada rápida a los nombres de la hoja de Aruba me mostró que no habían contratado excursión ninguno de los 6 sospechosos y solo 2 de los 11 posibles.
- Supongo que nada.
- Pues nos centraremos en esta.- Dijo señalando la lista del hotel con los nombres señalados y diferenciados en tres grupos.- ¡Bébete eso que se calienta!
He decidido no entrar en detalles erótico festivos así que no voy a contar lo que pasó cuando, después de tomarnos la copa, Marga me arrancó la toalla y me empujó para tumbarme sobre la cama.
A las nueve empezamos a reír con los chistes, a veces previsibles pero siempre graciosos, de Ariel y Benito, su compañero de cartón piedra y que vestía exactamente como él. La atención de las camareras, en el espectáculo y en el barco en general, era exquisita. A la que nos sentábamos ya estaban preguntando que queríamos tomar y cuando veían nuestro vaso vacío lo recogían rápidamente e insistían en si deseábamos otra copa. Por lo menos yo siempre me iba a cenar algo contentillo, eso si, sin dar tumbos, solo me tambaleaba cuando el barco se movía, igual que todos los demás.
Nuestra mesa de la cena era de ocho plazas, esa noche nos sentamos diez. Jenny y Juan tenían asignada una mesa de dos y se aburrían.
- Hombre, así es más romántico.- Les dije cuando nos enteramos de que estaban solos.
- Para romanticismos ya tenemos otros momentos.- Dijo Jenny.- Para cenar nos apetece compañía.
Así que, ni cortos ni perezosos y pasando olímpicamente del maitre, pedimos permiso a nuestro camarero y añadimos un par de sillas a nuestra mesa. Un poco apretados, pero todos contentos: el grupo al completo.
Supongo que el camarero informó al maitre de nuestra acción, pues al poco tiempo le vimos hablando con él y mirando hacia nuestra mesa. Su mirada era reprobadora, supongo que por no haberle consultado, pero manteniendo la sonrisa de mejilla a mejilla, anotó algo en su libro y nos permitió seguir juntos.
No he comentado nada sobre la comida del restaurante. Pero es que no tengo palabras. Tratados a cuerpo de rey por el camarero y su ayudante, disfrutamos de tantos platos como quisimos, entrantes, sopas, ensaladas, carnes y pescados, todo ello acompañado por lo que quisiéramos beber, desde agua a cava, pasando por vino, cerveza, coca-cola, seven-up,... lo que nos apeteciera y de colofón postres y helados que quitaban el hipo. Los diez charlando, comiendo y bebiendo, quizás fueron los mejores momentos del crucero. La distancia mantenida el primer día con los que nos servían pronto se rompió y la sucesión de bromas y comentarios hizo más amenas, si cabe, las cenas.
Esa noche se ofrecía el Buffet Magnifico, pero solo Mary y Miguel Angel aguantaron con nosotros hasta el final. A la una de la madrugada lo filmamos y a la una y media hicimos un gran esfuerzo para degustarlo. No teníamos nada de hambre pero no podíamos resistirnos a probar las exquisiteces que tan artísticamente habían dispuesto. Hartos y cansados nos acostamos poco antes de las dos.

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