Viernes 7 de Marzo de 2008. 12 días después del asesinato.
El miércoles apareció publicada en la prensa la noticia de la repatriación del cadáver del industrial Amadeo Rius, cuyo féretro viajó acompañado por su afligida esposa Susana Bellpuig. El funeral y posterior sepelio se realizaría el viernes a las 11 de la mañana en el cementerio de Collserola. El periodista destacaba, además, que había recibido, de fuentes fidedignas, la información de que se iban a iniciar los tramites para el cambio de denominación de la empresa que pasaría a llamarse Bellcon en referencia a los apellidos de la que ahora se había convertido en principal propietaria, Susana Bellpuig Conde.
Susana, la tímida y temerosa esposa iba a pasar, una vez liberada del yugo de su déspota marido, a convertirse en una de las principales mujeres de negocios del país. Aunque tuviera a sus hermanos detrás no cabe duda de que estaba asumiendo una gran responsabilidad. Solo faltaba por ver si terminaba saliendo con éxito del trance.
A las diez y media me encontraba en el tanatorio, analizando, por deformación profesional, a la gente que acudía a dar el último adiós al fallecido.
En su mayoría se trataba de hombres de negocios, bien trajeados, acompañados en algunos casos por elegantes mujeres. Me sorprendió que todos aparentaran una edad muy superior a la de Amadeo, supuse que el hombre no tenía amigos y si los tenía no se encontraban en Barcelona, supuse que los asistentes al funeral asistían más por la relación que habían tenido con Rius padre o con Riuscor que con el propio Amadeo.
Paseando por la sala iba escuchando las conversaciones de la gente. Seguro que más de un negocio se cerraría ese día en ese lugar. Algunos llevaban años sin verse, para ser más precisos desde el entierro del Sr. Rius padre. Ninguno de los comentarios que escuché hacía referencia al accidentado Amadeo.
Un grupito de tres mujeres y dos hombres llamó mi atención. Desentonaban un poco entre la multitud y desentonaban porque sus vestimentas no eran tan elegantes, sus maneras eran más chabacanas, no pertenecían a la elite industrial catalana. Me acerqué lo suficiente para escucharles.
- ... no, familia no le quedaba. Solo la madre y está ida.
- ¿Sí? Pues a mí no me lo parecía. La veía tan formal y agradable cuando nos encontrábamos en la mercería. También hace punto de cruz. Cuadros no tan elaborados como los míos, pero se defiende bastante bien. Y lo poco que hablábamos ... bueno, parecía normal ... Claro que desde que enviudó ya casi no la veía, pero la víspera de reyes hablé con ella y no noté nada raro, es más estuvimos un rato charlando de lo bien que se conservaba.
- Pues han tenido que llevársela le ha dado un ataque y no paraba de gritar que su hijo no se había caído.
- Es que ha tenido que ser un palo. ¡Un chico tan joven! ¿Cuántos años tenía?
- 40.
- ¿Solo? Le hacía mayor.- Dijo la tercera mujer.
- 45.- Interrumpió uno de los hombres.- Lo ponía el periódico.
- Pues la madre no pasa de los 65, lo tuvo con 20 añitos.
- Esa sí que aparentaba menos, nadie le echaba más de 55.
- Además bebía.
- ¿Qué dices?
- Whisky.
- No me imagino a la señora Ciurana dándole a la botella, ¿estás segura?
- La señora Ciurana, su hijo o los dos. Y eso no me lo ha contado nadie, eso lo he oído yo de su propia boca.
- ¿Qué has oído que?
- Cuando se la han llevado yo estaba en el velatorio junto a la caja y ella no paraba de gritar que su hijo no se había caído, qué ni el whisky había podido evitarlo.
- ¿Ha dicho eso? ¿Qué ni el whisky lo había podido evitar?
- Bueno ha dicho una marca.
- ¿Qué?
- Ha dicho que ni el Jb había podido evitarlo.
- No sé, el hijo tengo mis dudas pero no creo que la señora Ciurana bebiera. Una señora tan agradable y con tanto estilo.
- Bueno es sabido que la reina de Inglaterra o su madre, no recuerdo, se tomaba buenos lingotazos de vodka ¿no?
- Ginebra.- Rectificó el hombre que acostumbraba leer el periódico.- Ginebra Beefeater, lo vi por la tele, y se trataba de la reina madre.
- La que no parece muy afectada es Susana ¿verdad?
- ¿Cómo va a estar afectada? Amadeo parecía poquita cosa pero se ve que le daba buenas tundas.
El movimiento de la gente les hizo callar. Habían abierto la puerta de la capilla y la gente se dispuso a ocupar los bancos para la ceremonia. El grupito de vecinos de la señora Ciurana desapareció rápidamente entre la multitud para conseguir un buen asiento. Yo me rezagué y al final tuve que permanecer en pie al fondo de la capilla.
La ceremonia fue breve, anormalmente breve, pensé. El sacerdote hizo referencia a la bondad del finado y a que por fin se reuniría con su padre y el resto de buena gente junto al creador a la espera del juicio final. Animó a la viuda y a la ausente madre a soportar con resignación la prematura ausencia de Amadeo y al resto de presentes a seguir su ejemplo y andar por el recto camino. Personal de la funeraria repartió recordatorios entre los presentes y después los familiares más cercanos se ubicaron en la puerta para que pudiéramos darles el pésame.
- La acompaño en el sentimiento.- Dije estrechando la mano que me tendía cuando llegó mi turno. A través de las gafas oscuras de la mujer distinguí sus ojos que por un momento se encontraron con los míos para volver a bajar. Hizo un leve asentimiento con la cabeza, movió los labios en lo que intuí una palabra de agradecimiento y soltó mi mano. -¿Nos veremos mañana?- Pregunté sin moverme.
- ¿Perdón?
- ¿Pasará mañana por el despacho?
- No le entiendo.
- ¿Prefiere que pase yo por su casa cualquier otro día? Tenemos una cuenta que saldar.– Ya no había motivo para tener un encuentro clandestino, ni para ocultar nada.
- No sé de que me está hablando.
Los murmullos de la gente que me seguía y esperaba su turno denotaban inquietud. Querían cumplir el tramite lo más rápidamente posible, ya habían hecho acto de presencia, ya habían acudido a dar la última despedida al difunto. Ahora unos cuantos acompañarían al cortejo hasta el panteón de la familia y el resto reemprendería la rutina diaria.
Uno de los hermanos se acercó a mí y me tomó por el codo, suavemente pero con energía me obligó a separarme de la viuda y me acompañó unos metros más allá. Si le daba un par de rápidos golpes le dejaría fuera de combate, era bastante menos corpulento que yo, pero los otros dos hermanos estaban pendientes de nosotros y yo no soy un héroe, además tampoco quería dar un espectáculo en ese momento.
- Usted es el testigo que declaró que se trataba de un accidente, ¿verdad?
- Si.
- Y ahora ha venido en busca de su recompensa ¿no?
- No es bien bien eso, pero se aproxima bastante.
- Usted hizo lo que debía hacer declarando lo que vio y le estamos agradecidos por ello. Ahora bien, no espere nada a cambio y menos en estos momento de profundo dolor.
- ¿Profundo dolor?- sonreí irónicamente.
- Profundo dolor.- Repitió, presionando con más fuerza mi brazo y obligándome a avanzar. Por el rabillo del ojo comprobé que los hermanos seguían pendientes de nosotros.- Le agradecería que se marchara y se olvidara de nuestra familia.
- Eso va a ser imposible.
- ¿Irse u olvidarse?
- Las dos cosas.
- Entonces vamos a tener un pequeño problema.
Hizo una seña y al instante los dos hermanos estuvieran a nuestro lado. Casi en volandas me llevaron hasta el aparcamiento y no me soltaron hasta que desaparecimos de la vista de la gente. Sin el factor sorpresa y contra tres energúmenos no tenía ninguna opción así que decidí apaciguarme y dejarlo para otra ocasión.
- No queremos volver a verle cerca de Susana, ¿ha entendido estas palabras o quiere que se lo digamos de otra forma?- Dijo el más fuerte de los tres con los puños cerrados y deseando la más leve provocación por mi parte para soltarlos contra mi cuerpo.
- He entendido a la perfección.
- Muy bien, ¡hasta nunca!
Los tres regresaron junto a su hermana. Caminé unos pasos tras ellos hasta ver como recuperaban el lugar que habían ocupado unos minutos antes y como Susana seguía recibiendo las muestras de condolencia de los presentes, indiferente a lo que estaba pasando conmigo.
Busqué el lugar donde había aparcado mi coche y me metí en él. Entendía la desproporcionada actitud de los hermanos, pero lo que no podía comprender era la indiferencia de Susana. Yo no le estaba pidiendo nada más que lo que me había prometido. No creía que ahora montara ese número para ahorrarse un dinero que había ofrecido y mucho menos quedando, como quedaba, con el control total de la empresa. No entendía esa actitud desagradecida cuando yo había conseguido hacer lo que ella de forma anónima me había suplicado. Llamé a Marga por teléfono.
- Me voy a la biblioteca.- Dije cuando contestó.
- ¿A qué?
- Hay algo raro.
- ¿No te quiere soltar más pasta?
- A parte de eso. Algo no me cuadra. ¿Cómo está mi bandeja? – No quería descuidar el trabajo.
- Tienes poca cosa, si me da tiempo le echaré un vistazo.
- Bien, hasta luego.
- Hasta luego.
Encontré un terminal libre en la biblioteca y me senté frente a él. La prensa digitalizada y las opciones de búsqueda simplificaron mucho la labor. Una lectura rápida de todas las referencias que encontré sobre Amadeo y Riuscor S.L. me dio nuevos datos pero nada de relevancia. Un niño con problemas que había pasado la mayor parte de su vida en Suiza hasta que regresó, se casó y se hizo cargo de la empresa. Una empresa que el abuelo de Amadeo había creado de la nada, que el padre hizo crecer hasta limites insospechados y que el propio Amadeo había estado gestionando de forma más o menos acertada.
Sobre Susana prácticamente no encontré nada. Sobre la empresa familiar, lo más destacable, las dos veces que las disputas familiares la habían hecho rozar la ruina y la fusión con Riuscor que la había reflotado definitivamente y a la que ahora iba a quitar el nombre.
El hecho de encontrar poco o casi nada de información sobre Susana, sabiendo que había participado en muchos eventos sociales, me hizo buscar en otra dirección. Repetí la búsqueda en la prensa del corazón y entonces empecé a forjar otra historia.
Amadeo había nacido con problemas. A pesar de intentar darle la mejor educación posible, sus limitaciones le pronosticaban un futuro poco boyante como director de una gran empresa. Las complicaciones en el parto habían dejado a la madre sin posibilidad de engendrar más hijos. Amadeo tenía que ser el garante de la continuación familiar del imperio textil que había iniciado el abuelo. Se creyó que en Suiza se le iba a dar una mejor educación y en un internado de ese país pasó el chico su adolescencia. Dio muy poco que hablar hasta que se casó con Susana. A partir de ahí había dos versiones: la que le pintaba como un cero a la izquierda al que habían engañado con un embarazo para provocar una boda política y la que decía de él que era un ser débil pero violento, que había dejado embarazadas a varias chicas y mujeres hasta que sus padres le habían obligado a casarse con una de ellas para dar estabilidad a su vida en vistas a la futura sucesión en la gestión de la empresa.
Sobre Susana había mucha más información. Se trataba de la menor de cuatro hermanos cuya familia aparentaba lo que no tenía. Vivían muy por encima de sus posibilidades y eso les había generado gran cantidad de problemas. A los quince años se había fugado con un novio del colegio. El hermano mayor la encontró en una pensión de Madrid y la trajo de vuelta a casa, del novio nunca más se supo. La versión de Susana fue que planeaban irse a Brasil y que cuando su hermano la encontró el chico estaba en Lisboa buscando la manera de trasladarse a Río de Janeiro. Pasó unos años sin dar que hablar hasta que empezó a asistir a todas las fiestas y eventos sociales que se realizaban en Barcelona y alrededores. Se le conocieron varios novios, todos miembros de la alta sociedad, pero las relaciones resultaban efímeras; se decía que las familias de los chicos nunca dejaban que la cosa fructificara y terminara en boda. Hasta que Amadeo la dejó embarazada.
Sobre la boda había grandes reportajes, sobre el aborto posterior una breve nota
En este punto me tropecé con una declaración que me dejó una extraña sensación en el estómago; lo atribuí al hambre, puesto que la hora normal de mi comida ya había pasado. Pero no era simplemente hambre lo que sentía. Un periodista comentaba que había recibido de una fuente que no quería que se la identificara, la información de que el embarazo y la boda habían sido muy oportunos ya que habían salvado a la empresa de la familia de Susana de una bancarrota definitiva y habían archivado el caso de espionaje industrial que hubiera podido llevar a más de uno de los hermanos de Susana a la cárcel.
A partir de la fecha de la boda se destacaba una feroz lucha de la familia de Susana por hacerse con el control de la empresa, lucha que se acrecentó a raíz de la llegada de Amadeo a la gerencia. Pero este siempre se resistió a los deseos de su familia política, quería mantener a toda costa el nombre que su abuelo le había puesto a la fábrica y seguir con el estilo de gestión que su padre le había enseñado sin embarcarse en las veleidades que la familia de Susana le proponía realizar. La ultima información destacaba que por fin Susana se había hecho con el control de Riuscor S.A., que pronto pasaría a llamarse Bellcon y que en círculos empresariales habían empezado a hacerse apuestas sobre el tiempo que los nuevos propietarios tardarían en cargarse la empresa. También se mencionaba el ingreso de la madre de Amadeo en una residencia psiquiátrica. La mujer, se decía, hacía tiempo que había perdido la noción de la realidad y su estado se había agravado con la muerte de su hijo, no paraba de chillar que se trataba de una conspiración, de que todo el mundo quería acabar con ellos. Lo mejor que se podía hacer por la mujer era ponerla en manos de personal especializado que la trataría de la mejor manera posible y con los mejores medios al alcance de la ciencia.
Esa noche cenando tuve una intuición.
- Ya se porque no te suena Riuscor.- Le dije a Marga.
- ¿Porqué?
- Porque sería un caso que tratamos,... que traté, a finales del 92.
- ¿92? ¿Cuándo los ligamentos?
- Efectivamente.- A finales de Octubre de 1992, una mala caída había provocado la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda de Marga. La intervención quirúrgica que solventó el problema la había dejado inmovilizada en casa unos días y la recuperación y rehabilitación posterior había durado unos meses, durante los que se había mantenido alejada de la oficina. Si había habido algo que nos relacionara con Riuscor lo había gestionado yo solo y mi memoria es buena para las caras pero no para los nombres.- Mañana miraré si hay algo guardado.
Los archivos de la agencia habían pasado años guardados en el piso. Cuando vimos que la oficina no se alquilaba, llevamos de nuevo las cajas al local vacío para recuperar algo de espacio en casa. Si en algún momento de nuestra actividad, Riuscor se había dirigido a nosotros, la evidencia estaría en una de esas cajas que la nostalgia nos había hecho guardar.