Lunes 18 de Febrero de 2008 / Isla Margarita. 6 días antes del asesinato.
Como ya se había convertido en tradición, nos encontramos en el Harry’s para empezar el día con un buen café y subir al Panorama a desayunar. Estaba previsto que el Holiday Dream llegara a puerto a las 11, cuando subieran las autoridades de inmigración se desarrollaría el control de pasaportes y a partir de ese momento se irían produciendo los desembarques del pasaje. A partir de las 11:30 los pasajeros independientes o los que embarcaron en Aruba y querían visitar la isla por libre, de 12:30 a 13:00 los que tenían contratada alguna excursión y a las 13:00 los pasajeros con estancia en alguno de los hoteles de la Isla. El Holiday fondearía fuera del puerto y el traslado se haría mediante los tenders ya que el punto de atraque estaba ocupado por el Empress (el buque que tomará el relevo del Holiday en el “Antillas y Granadinas”) ¡¡¡Qué bien!!! Yo que me había librado, gracias a la escala fallida en Mayreau, de enfrentarme al ventilador que me agredió en 2005 iba a tener finalmente la oportunidad de verlo de nuevo cara a cara.
Pasamos el tiempo entre el desayuno y la llegada de las autoridades tomando el sol en la Clipper. Cumplimos los tramites y recogimos las mochilas y todo lo que quedaba en el camarote puesto que a las doce había que abandonarlo definitivamente. Eli, Frank, Jenny y Juan iban a nadar con los delfines antes de que les llevaran al aeropuerto para regresar a España y esperamos con ellos hasta que llegó su hora, tomando unas copas. Nos despedimos con el convencimiento de que pronto nos reencontraríamos (dada la proximidad) con los catalanes y que no dejaríamos pasar la primera oportunidad que se nos presentara para hacer lo mismo con los madrileños.
Nos quedamos definitivamente solos. En realidad había más gente, pero el genial grupo de diez convertido en seis, quedaba minimizado en dos, y eso más que grupo es pareja. Había pensado en comer algo antes de desembarcar, porque no tenía muy claro que al llegar al hotel tuviéramos oportunidad de hacerlo antes de la cena, pero no teníamos nada de hambre, el último desayuno había sido especialmente copioso y el estomago no aceptaba nada más. A la hora anunciada nos dirigimos al Broadway y en ordenada fila descendimos hasta la cubierta señalada para abordar el tender. Conseguí superar el fatídico momento, me senté lejos de él y contemplé su mirada asesina, a pesar de que le habían puesto una protección de caucho, pude ver como se lanzaba sobre la cabeza de un incauto pasajero, aunque la cosa terminó en un doloroso pero simple coscorrón sin sangre ni desmayo alguno.
- Cambiaria la semana en la isla por dar otra vuelta en el Holiday.- dijo Marga al desembarcar.- Aunque solo me dejaran bajar en Mayreau.
De nuevo pisamos la tierra de Isla Margarita y mientras esperábamos que nos indicaran que autobús nos llevaría al Hesperia Playa el Agua preparé la cámara. De forma distraída fui grabando como un turista más. Lo que en realidad intentaba hacer era capturar los rostros de todos los pasajeros que como nosotros iban al Playa el Agua porque, ahora sí, entre ellos se encontraba un asesino y su víctima.
- ¡Mira!, la duquesa va con nosotros.- Dijo Marga.
- ¿Estaba en nuestra lista?
- Supongo.
La guía de Maloka nos indicó que llegaríamos al hotel alrededor de las dos y que a las dos y media tendríamos la reunión de presentación con Fanny, tendrían sus motivos pero lo que parecía era que querían desembarazarse lo más pronto posible de todos nosotros aun a costa de que nos saltáramos la comida.
Cuando llegamos, en lugar de pasar por recepción, nos llevaron a la entrada de la Trattoria, uno de los restaurantes temáticos. Allí esparcidos sobre una mesa se encontraban unos sobres con información sobre el hotel y un par de tarjetas llave de las habitaciones. Sin esperar a que nos los repartieran la gente fue buscando sus sobres y yo, disimuladamente, aproveché para poner cara a unos cuantos nombres.
Si en ese hotel había botones estaban de vacaciones. Guiados por un tan bonito como inexacto plano y arrastrando nuestras maletas, encontramos la habitación. La primera impresión fue muy buena: nueva, limpia y espaciosa, con dos gigantescas camas, un mueble con estantes y un armario que escondía una vacía nevera y sobre el que descansaba el televisor, una terraza que daba al jardín, un gran armario con tres perchas y unos estantes, en uno de los cuales estaba la caja de seguridad de pago y por último un espacioso baño con ducha. Perfecto, pero no había tiempo que perder si queríamos ver que es lo que Fanny quería contarnos y lo más importante si queríamos comer, puesto que, ahora si, el estomago empezaba a protestar.
Fanny nos dio la bienvenida, nos habló de las instalaciones del hotel, de las tarjetas para las toallas de la piscina, de la caja con cargo, de la seguridad / inseguridad en la calle, del tipo de cambio, de las excursiones,... Nos preciso que a nosotros lo que nos salía más a cuenta era pagar en bolívares y que había tres tipos de cambio: el oficial, el suyo y el de la calle. El oficial era de 2,15 bolívares fuertes por dólar y 2,75 por euro y el que ella nos ofrecía era de 4 bolívares por dólar y 5,2 por euro. El de la calle era más alto pero nos podían engañar, robar, violar y no se cuantas cosas más. El suyo era tan legal ¿? como el oficial y se comprometía a recomprarnos los bolívares que nos sobrarán al mismo precio que nos los vendiera.
Sobre la comida de ese día nos dijo que podíamos comer en el buffet principal o que por si lo preferíamos nos habían preparado un buffet frío en el lugar donde nos encontrábamos. En seguida rectificó y dijo que como eran pasadas las tres de la tarde el buffet principal estaba cerrado y tendríamos que aprovechar el buffet frío.
Por último nos indicó que ella estaba cada día de ocho a diez y media en una sala anexa al lobby y si no allí encontraríamos su número de teléfono celular por si la necesitábamos a cualquier otra hora.
El buffet nos dejo fríos: una bandeja de lechuga, otra de tomate y otra de zanahoria, queso y jamón dulce y de postre sandía. Llenamos los platos porque algo habría que comer pero no se trataba de lo que nosotros conocíamos como una comida decente. Curioseando la hoja con el plano del recinto comprobé que en el Restaurante Guayamurí se ofrecían snacks hasta las cinco de la tarde y hacia allí nos dirigimos, acompañados por Mariví y Manolo, una pareja vallisoletana con la que nos aliamos ese día. Las ensaladas, hamburguesas, perritos calientes, pizzas y pasteles acompañados de cerveza y de unos capuchinos pasables mejoraron nuestro humor.
De regreso a la habitación recogimos las tarjetas para las toallas y una pieza que había que introducir en la caja de seguridad para que funcionara. Deshicimos rápidamente las maletas, guardamos pasaportes, dinero y cosas de valor en la caja y nos pusimos el bañador para disfrutar de nuestro primer baño en la piscina que había junto a los bloques de nuestra habitación, por cierto, la única piscina con barra húmeda, que estrenamos de inmediato.
Cuando desapareció el sol recogimos los bártulos y nos fuimos a duchar. Guapos para la primera noche en el Hesperia dimos un paseo por el complejo antes de la cena.
Para nuestro gusto la gente cena muy pronto. Eso lo evidenció el horario del buffet de El Peñero, el restaurante principal: de seis y media de la tarde a diez y media de la noche. Claro que en Isla Margarita a las seis y media ya es de noche. Nosotros acudimos a cenar un poco después de las nueve y no sé si porque éramos de los últimos o desde el inicio había sido así, pero la impresión fue desastrosa. El restaurante olía a fritos, las ensaladas resultaron pobres, la carne y el pescado estaba mal dispuesta, lo que la hacía poco atrayente, los postres a base de fruta insípida y bizcochos con diversas formas y colores. Teníamos hambre y comimos pero sin ningún placer, encontramos el pescado seco, la carne dura, el pollo aderezado con extrañas salsas que lo hacían incomible. El personal resultó atento y respondía tan pronto como solicitábamos cualquier bebida.
Ya sabía que los hoteles de Isla Margarita no son como los de Republica Dominicana o Riviera Maya, ya sabía que la comida dejaba que desear, pero siempre pensé que no habría para tanto, que la comida no podía resultar tan mala, que la gente exageraba,... pues no, de hambre no te mueres pero gozar de la comida tampoco. Pero bueno se trataba de la primera noche, estábamos comparando con lo que comíamos en el barco y eso resultaba muy peligroso y, además, teníamos la opción de cenar en los “restaurantes temáticos”. Mañana las cosas iban a ser diferentes.
El hotel no tiene discoteca pero tiene un gran teatro a cielo abierto. Después de cenar nos dirigimos al teatro para distraernos con lo que allí se estuviera ofreciendo. Llegamos justo en el momento en que la actuación finalizaba. Claro, la gente cena a las siete o a las ocho, a las nueve empieza el espectáculo y a las diez y cuarto acaba. Luego un poco de música para que baile quien quiera y a la cama porque hay que levantarse pronto para poder ocupar con la toalla las hamacas con sombrilla de la playa y tenerlas dispuestas después de desayunar (eso no sabíamos si era si pero nos lo suponíamos).
Puesto que no nos gustaba la música decidimos dar otro paseo. Paseo con pocos alicientes y que se terminaba en unos veinte minutos. Además cuando llegamos a la verja de la playa, el guarda de seguridad nos informó que el hotel velaba por nuestra seguridad hasta ese punto y que lo que sucediera atravesando la puerta era bajo nuestra propia responsabilidad. Añadió que si salíamos y no nos alejábamos mucho no tenía porque pasarnos nada pero que, sobretodo, no fuéramos a pasear por la playa. En vista del panorama retrocedimos y decidimos regresar a la habitación.