CIVITAVECCHIA
Nos tocó madrugar en esta escala, a las 6:45 estábamos poniendo en marcha a las petardas. Qué sufrido es ser turista

. Teníamos contratado una excursión con la naviera para ir a Roma. Nosotros hemos estado varias veces, pero las petardas no, y nos apetecía pasear con ellas por varios sitios, y digo pasear y no visitar, porque es imposible con el poco tiempo del que disponemos. La verdad es que se puede ir por libre a Roma perfectamente, mi marido y yo lo hemos hecho otras veces y sin problemas. Pero en esta ocasión preferimos lo cómodo, más desde que han cambiado el tema del atraque en Civitavecchia y lo han convertido en una carrera de obstáculos. Cogimos una excursión por libre con tres paradas: el Coliseo, la Piazza del Popolo y el Vaticano.
El autobús nos recogió a pie de barco y tras una hora y cuarto de camino, llegamos a Roma. La primera parada fue el Coliseo. Madre mía qué de gente, pero además de turistas había cientos y cientos de vendedores, no podías dar un paso sin que te ofrecieran sombreros, palos de selfies, botellas de agua....un agobio, vaya. Por supuesto nada de entrar en el Coliseo o en los foros, ni tiempo ni ganas viendo las colas.
Paseo, fotos y listo.
Decidimos acercarnos a la Basílica de San Pietro in Vincoli, ya que estaba muy cerca de donde luego nos recogía el autobús. Allí le enseñamos a las petardas una de las maravillas del arte: el Moisés.
Después, nos dirigimos a la parada del autobús, no sin antes parar a comprar agua y pasar por el cuarto de baño, que en Roma no ves aseos públicos ni por asomo.
Segunda parada: la Piazza del Popolo. Había poco tiempo, así que salimos disparados hacia la Plaza de España y sus famosas escaleras, que sinceramente, no sé dónde tiene el atractivo, con la de rincones maravillosos que hay, pero supongo que son gustos personales. Seguimos ruta hacia la Fontana de Trevi, ya sabía que estaba en obras, pero no que estuviera taaaaan en obras, no se podía ni echar la monedita

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De nuevo corriendo, ahora hacia el Panteón.
Y de aquí a una heladería a la que vamos siempre que estamos en Roma.
Tienen tanta variedad de sabores que necesitas al menos un cuarto de hora para decidir.
Una vez repuestos con el helado, regresamos a la parada de autobús y de ahí al Vaticano. Allí disponíamos de dos horas, aún así, imposible entrar en San Pedro, el motivo: una cola de hora y media.
Mientras estábamos disfrutando de la plaza, se cruzaron delante nuestra una pareja peculiar, un cura y una monja, con hábitos haciendo juego. Hasta ahí todo normal, ya sabéis que en esa zona encontraréis cientos de religiosos. Pero lo que ya no fue tan normal fue el pedazo de i-phone 6 que se sacó la monja y con el comenzó a hacer una verdadera sesión de fotos a su compañero
Una vez descartada la visita a la catedral, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era buscar un sitio para comer y dar comienzo a un estudio de campo que resolviera una gran duda de la humanidad : ¿qué pizza es la mejor, la romana o la napolitana? Así que tiramos de aplicación de móvil para localizar un buen restaurante por la zona y acierto pleno. Probamos varias pizzas deliciosas, entre ellas la archiconocida pizza margarita con mozarella de búfala, albahaca y tomate que sería la que enfrentaríamos con su hermana napolitana.
De ahí al punto de encuentro. Por si alguien se queda con la duda de si se espera al que llega tarde, no, no se le espera más allá de 10 minutos. De nuestro grupo se quedaron en tierra dos mujeres que decidieron hacer la cola para San Pedro y luego no les quedó más remedio que regresar en taxi. Les salió mal la jugada porque la hora estimada de regreso al barco eran las 17:30 y no partíamos hasta las 20:00, así que dieron por hecho que las esperaríamos.
Acabamos tan cansados que anulamos una reserva de espectáculo y nos dedicamos a descansar el resto de la jornada.