Pues nada, ya metidos en faena, vamos con esas fotos.
Con motivo del quincuagésimo cumpleaños de Celia le hice un regalo sorpresa que consistía en un fin de semana en un hotel cuyas habitaciones son, literalmente, cubos en medio del monte. El hotel se llama Consolación debido a que está en la ermita de Nuestra Señora de la Consolación, en el pueblo turolense de Monroyo.
Esta es la entrada al hotel, el arco de la derecha es el que da acceso a la ermita, que por supuesto se puede visitar a cualquier hora:
El núcleo principal del hotel y zonas comunes están en el edificio de la ermita:
Ahí hay unas pocas habitaciones, pero las que realmente hacen singular a este hotel son las llamadas Kube (cubos), que están aisladas unas de otras y en medio del monte. Este era nuestro cubo, se entra por la parte trasera:
La pared delantera es todo un ventanal, con terraza, que da al monte. Los cubos están construidos lo más cerca posible del borde de un pequeño precipicio, con lo cual están elevados sobre el paisaje y las vistas son preciosas, lo único que se ve "y se oye" es monte, naturaleza. A la izquierda de la foto se ve una moderna chimenea elevada sobre el suelo, y a la derecha se ve una esquinita de la bañera, que está excavada en el suelo:
Se tiene una sensación similar a la de estar en una tienda de campaña, abres los ojos por la mañana y te das cuenta de que has dormido en medio del monte (sólo que con las comodidades propias que nuestras edades requieren

):
Como veis, los cubos están lo más cerca posible del talud para que las vistas sean lo más diáfanas posible:
Fijaos si estamos en plena naturaleza que desde la habitación pude hacer una foto a esta enorme ardilla que se pasaba de rama en rama delante de nuestras narices:
Este es el jardín que hay junto a la piscina, con sus tumbonas, cada una tiene su propia mosquitera, para evitar que las moscas y mosquitos te amarguen el descanso, todo un acierto:
Y en esta se estaba de auténtico lujo:
La piscina parecía privada para nosotros solos, qué delicia. Uno de sus lados daba al monte y, como también está elevada, era un gusto contemplarlo todo desde el borde:
No os podéis imaginar lo placentera que fue nuestra estancia en ese hotel, todo fue tranquilidad, paz, descanso, y además el tiempo nos acompañó hasta el punto de que nos bañamos como si aún fuese verano:
Aquí estaban las fuerzas vivas del jardín reunidas tomando el sol en el borde de la piscina:
Hasta en el monte había rincones especiales para disfrutar relajados:
Fijaos si se esfuerzan en el hotel por que estés a gusto que el horario del desayuno es de 9 a 12h.
Y ahora toca visitar la ermita:
Merece la pena verla, tiene unos frescos bastante más acertados que el famoso Ecce Homo de nuestra vecina Borja:
Mi mujer intentando sermonearme:
Os pongo una captura de GoogleEarth para que os hagáis una idea de cómo está distribuido el hotel. En la parte superior derecha está la zona común del hotel con la ermita. Un poco más abajo la piscina, alargada. En el centro se ven las diez habitaciones-cubo, la nuestra es la tercera por la izquierda.
Cambiando de tema, estamos buscando sitio para cenar el jueves día 11, pues en la víspera del Pilar y siendo tantos va a ser imposible ir de tapeo. Necesitamos que nos confirméis quiénes estaréis ese día a cenar en Zaragoza para poder reservar algo. Ya diréis.