Bueno, hoy un poquito más.
En cuanto a las escalas en España, poco que decir, quién más quién menos ya conoce Málaga y Palma de Mallorca.
Lo cierto que en la primera, no me hizo ninguna gracia que nos hicieran volver al barco una hora y media antes de zarpar.
Teniendo en cuenta que el avión de Barcelona llegaba prontísimo y únicamente disponíamos de taquillas adecuadas para guardar el equipaje en la estación de tren (de eso me enteré más tarde), cargamos con todo y nos fuímos a hacer el check-in directamente. Hubo que esperar, claro.
Primera sorpresa ... agradable. A mi marido y a mí nos habían subido de categoría (la primera vez que nos pasa). Así que de camarote con balcón nos pasaron a una minisuite. ¡Genial!. No fuímos los únicos, pero mis
locas no tuvieron tanta suerte, se quedaron con el que habían reservado y además continuaban bastante cerca de mí

.
Con todo, ya comimos algo, dejamos los trastos en el camarote, arreglamos lo de la mesa del comedor, que nos habían puesto separados de ellas y cuando salimos a dar una vuelta, lo hicimos a la carrera por el rollo ese de volver mucho antes. Total, pa ná. El simulacro de emergencia lo hicimos sentados en el comedor y sin chaleco salvavidas
Otrosí, menos mal que estos barcos son de lo más seguro, porque la sorpresa fué que mi hija y sus amigas estaban en otro grupo, así que prefiero no pensar en qué hubiera sucedido en una situación real, porque ... vamos a mi no me separan de mi
ninia ni locos, bueno y de las otras tampoco, no quiero ni pensar en lo que me hacen sus madres a la vuelta.