TERCER DIA .....MANILA.
Habíamos concertado la visita a Manila y volcán Taal en Tagatay con la empresa Filipino Travel, os pongo la dirección de contacto con Mr Chay persona que se encargó de proporcionarnos todo lo referente a la excursión
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Contratamos la excusión por email y nos hizo enviar un numero de visa como reserva.
Nos recogieron puntualmente con un minibús, era suficiente para los ocho y nos acompañaba una gúia, Mila, una señora filipina de abuelos españoles profesora de Español en la Universidad De Manila, además es acupuntora y practicante de Zen, con lo que además de ser encantadora estar a su lado era pura relajación, la bautizamos "la abuela Zen".
La visita con ella fué todo un privilegio porque no se limitó al típico recorrido turístico sino que contesto a todas nuestras preguntas y se detuvo en los lugares por los que mostramos interés.
Hicimos un paseo por la ciudad y debo decir que nuestra guía nos lo enseñaba con el mismo cariño y emoción que me enseñaron a mí Versalles en París, lugares como el Parque Rizal, o la Iglesia de San Agustín no tienen a nuestro parecer europeo gran interés pero es lo que hay, Manila es una ciudad debastada por la corrupción y reconstruida tras la segunda guerra mundial, esperar grandes munumentos o edificios emblemáticos es inutil creo que debe verse esa ciudad desde un punto de vista más humano, la diferencia económica entre ellos es patente en cada rincón de Manila, contrastes como los de grandes rascacielos junto a barrios enteros de chabolas te hacen comprender porqué el filipino emigra de la forma en la que lo hace.
Comimos en Tagatay en un restaurante al borde del acantilado con vistas al volcán Tay, el sitio en cuestión es un restaurante frecuentado por los filipinos en sus comidas de fin de semana, teníamos incluido en el precio una comida de bufet y la posibilidad de comer de carta previo suplemento, pero como el bufet nos pareció bien (era lo suficientemente exótico) comimos allí, podeis imaginaros que hubo opiniones para todos los gustos pero la comida filipina es un tanto especial.
En cuanto al postre mención especial el "jalo, jalo" curiosidad gastronómica que fuí la única en probar. Consiste en servirte en un vaso todo tipo de fruta natural o escarchada troceada, flan, dulce de arroz (de color lila),así hasta que lleno el vaso hasta el borde de todo esa mezcolanza pequeñita y variada lo completas con leche evaporada y azucar.
La cara de mis compañeros tendríais que haberla visto, mi cuñado estaba seguro que por la noche mi silla en el comedor estaría vacía [

], pero resultó que el postre estaba exquisito y nuestra "abuela Zen" encantada de que hubiera seguido su recomendación.
Una vez comidos iniciamos el regreso un tanto preocupados por el tráfico, aún así nuestra guía paró para enseñarme un puesto de frutas o mejor dicho de piñas, jamás había visto tantas juntas ni tantas plantaciones al borde de la carretera.
En el camino de regreso paramos para ver el "palacio del cielo", que de palacio no queda mas que el nombre porque es el esqueleto de un edificio de los Marcos y que los filipinos no quieren restauran ni reutilizar, lo tienen como testimonio mudo del periodo de gobierno Marcos, una vista impresionante, lo más divertido fué que nuestra guía tuvo el detalle de contratar un paseo hasta la entrada con un Jeepes que es una especie de autobus pequeñito en el que cuando estás dentro te sientes como siendo niño,en la feria, te metías en la ambulacia o en el coche de bomberos, nos reímos un montón y se lo agradecimos porque eso no estaba incluido .
Al llegar al barco nos despedimos de élla sinceramente agradecidos, otra pareja que había contratado con la misma compañia la excursión pero en inglés tuvo un trato correcto pero no podía compararse al estupendo dia que nos deparó nuestra "abuela Zen".
Sinceramente os la recomiendo, nos costo 55e por persona y le dimos 30euros de propina al terminar (sin duda se la ganó), dejamos a su criterio la parte para el chofer.
Al comentar nuestra excursión con otros cruceristas fuimos la envidia de todos, esa escala no gustó especialmente a la gente pero creo que las espectativas eran las de ver una gran ciudad al estilo europeo y desde luego no es así.
Personalmente me gustó poder conocer Manila.
El barco zarpó y de momento nos acompañaba un tiempo estupendo y una magnífica navegación.