INCIDENCIAS SUFRIDAS EN EL CRUCERO “BRISAS DEL MEDITERRANEO” DEL 3-9-07 AL 10-9-07
Al llegar sobre las 2 de la tarde la cabina se encontraba fresca y en silencio y todo parecía correcto, el encargado de la habitación nos mostró como bajar el aire acondicionado en caso de que nos molestara por la noche, le pedimos que lo bajara un poco puesto que cuando llegamos la temperatura era bastante baja. Pasamos el día a bordo y cuando nos fuimos a dormir encontramos la habitación excesivamente caliente. Intentamos ajustar el aire sin resultado. La moqueta del suelo estaba tan caliente que molestaba andar descalzo sobre ella. La taza del wc literalmente quemaba, por lo que durante todo el crucero tuvimos que hacer nuestras necesidades “a pulso” o aprovechar las estancias en cubierta para ir a los aseos públicos del barco.
Puesto que teníamos que madrugar decidimos ducharnos antes de acostarnos en lugar de por la mañana para no andar atropellados. Nuestra sorpresa fue que por la noche quitaban el agua caliente, por lo que durante todo el crucero preferimos ducharnos con agua fría a levantarnos a las 6 de la mañana para ducharnos y que nos diera tiempo de desayunar para ir a las excursiones que, por lo general, empezaban a las 8.
La primera persona que intentó ducharse se quemó los pies al ponerlos sobre la ducha. Incomprensiblemente, y a pesar de que no había agua caliente, el plato de la ducha estaba a tal temperatura que levantaba ampollas, por lo que durante todo el crucero teníamos que refrescar el plato con agua fría durante al menos 5 minutos para que alcanzara una temperatura soportable.
Al apagar la tele, que siempre nos encontrábamos encendida y a un volumen notablemente alto, descubrimos que lo de descansar era otro problema. Un sonido parecido al de una cisterna que no para de echar agua nos mantuvo toda la noche en vilo, por lo que la primera excursión estábamos tan cansados y de mal humor que no la pudimos disfrutar debidamente.
Al volver a la cabina el segundo día descubrimos que ya no hacía calor ni había ruido (el barco había estado parado todo el día) por lo que aliviados pensamos que había sido un problema pasajero. Nos duchamos, esta vez con agua caliente, y subimos a cubierta. Al volver a la cabina para dormir nos encontramos exactamente los mismos problemas de la noche anterior, por lo que llamamos al servicio de habitaciones y la solución propuesta fue “tapones para los oídos”.
La Cabina se encontraba a alta temperatura de la mitad hacia la derecha, por lo que la persona que dormía en la cama izquierda tenía frio y las 2 personas que dormían en la cama de la derecha y en la litera tenían calor. Intentando ajustar el aire acondicionado descubrimos que el termostato de la pared no funcionaba y el mando que nos había mostrado el encargado del la habitación (una especie de grifo que se encontraba dentro de la máquina del techo) estaba pasado de rosca, por lo que no podíamos hacer nada al respecto. Al día siguiente rellenamos la hoja de incidencias adjunta.
El tercer día al llegar de la excursión el encargado de habitaciones nos sirvió una botella de cava y una cesta de fruta “por las molestias sufridas”. Comentándolo con otros pasajeros descubrimos que no éramos los únicos con problemas en la habitación y todos habían recibido el mismo regalo tras reclamar en recepción.
El cuarto día por la mañana había un silbido tan fuerte en todo el pasillo que numerosos pasajeros salieron de sus habitaciones malhumorados. Se trataba de un sonido continuo parecido al de una tetera a punto de explotar que se hacía insoportable, informamos al servicio de habitaciones y nos dijeron que llamarían a mantenimiento para subsanar el problema. Nos fuimos a la excursión y por la tarde comprobamos que tal ruido había desaparecido, algo aliviados nos fuimos a cenar. Al volver después de cenar a la cabina el ruido era incluso más fuerte que por la mañana. Indignados nos dirigimos a recepción y nos informaron de que “lamentablemente la avería no se podía subsanar con el barco en marcha”, por lo que esa noche no pudimos dormir ni con los tapones. Nos fuimos a la habitación perplejos puesto que el ruido empezó por la mañana y el barco había estado parado todo el día y sin embargo no habían reparado la avería. Afortunadamente la noche siguiente el silbido había desaparecido.
La conclusión es que de 7 noches dormimos mal 5 y otras 2 no dormimos prácticamente nada. Nos duchamos 2 veces con agua caliente y el resto con agua fría, una pasajera cogió un resfriado durante el crucero a causa del aire acondicionado mientras que los otros dos pasajeros no conseguían dormir a causa del extremo calor. La falta de descanso acumulada nos hacía ver cada día que pasaba peor que el anterior, no pudiendo disfrutar las vacaciones como creemos que nos merecíamos y habíamos pagado.