4 DE ABRIL, COZUMEL / KANTENAH PALLADIUM
Excursiones:
TOUR DE COZUMEL: paseo por Cozumel. Duración: 3h. Precio: 29 € / 22 €.
TULUM: desplazamiento y visita de las impresionantes ruinas de Tulum. Duración: 8:30 h. Precio: 52 € / 39 €.
XEL-HA: desplazamiento y visita al parque acuático natural de Xel-Ha. Duración: 8:30 h. Precio: 69 € / 41 €.
XCARET: desplazamiento y visita al parque acuático de Xcaret. Duración: 8:30 h. Precio: 87 € / 51 €.
AVENTURA EN JEEP: recorrido en Jeep por zonas arqueológicas de Cozumel. Duración: 5:30 h. Precio: 52 € / 39 €.
Actividades acuáticas en Cozumel: practica de snorquel y buceo. Duración: de 1 a 3 horas. Varios precios.
Las excursiones están previstas para los pasajeros que embarcaron en La Habana, ya que a los que prolongamos la estancia en la Riviera Maya no nos dan ni una hora libre y los que terminan aquí el crucero, a lo sumo, tienen tiempo de dar una vuelta por su cuenta por Cozumel.
De todas formas cuidado con la excursión que elijáis:
Xel-Ha es un parque que merece una jornada completa, la excursión sale a las 13:00 del barco, apurando no creo que se llegue mucho antes de las 15:00, el todo incluido de la excursión implica que la comida se hace en el parque y ¡ojo! el parque cierra a las 18:00, con lo que a las 17:00 ya están cerrando instalaciones y como mucho a las 17:30 os estarán mandando a los vestuarios. En 2 horas no se puede ver nada y el precio resulta abusivo, aunque luego os dejen tiempo para que hagáis compras en Playa del Carmen.
Xcaret otro tanto de lo mismo. La ventaja de este parque es que está más cerca, cierran más tarde y tiene un espectáculo fascinante, el problema es el espectáculo empieza a las 20:30 (en verano a las 21:30) y la hora de llegada al barco es a las 21:30, con lo que un par de horas antes ya os estarán llevando a Playa del Carmen para que hagáis vuestras compras.
En el resto de excursiones no veo ningún problema. Y si queréis ir por libre, a mi modo de ver, tenéis 2 opciones: negociar con un taxista que esa tarde os lleve a ver el máximo de Cozumel o buscar el muelle de los ferrys que van a Playa del Carmen (por unos 170 pesos ida y vuelta), embarcar y una vez allí quedaros a disfrutar de la ciudad, si sois más atrevidos id a la calle 2 subid en una Van (taxi colectivo) que por 30 pesos por persona os llevará hasta las ruinas de Tulum, la entrada al recinto cuesta 36 pesos, disfrutáis de las ruinas, os bañais en su magnifica cala y por 30 pesos más volvéis a Playa del Carmen (266 pesos al cambio actual son unos 19 € por persona, las comparaciones son odiosas y si no queréis no las hagáis)
A las 8:00 nos despertamos, el balanceo del barco es apenas perceptible, tal como sucedió en todo el crucero a excepción de la tarde anterior.
A las 9:00 desayuno copioso en el buffet, pues no teníamos claro si podríamos comer o no antes de que nos llevaran al hotel.
A las 10:00 dejamos en la puerta la última bolsa de equipaje y acudimos al centro médico para que vieran si me podían quitar los puntos (no quería llevarme nada que no fuera mío). Los puntos fueron quitados y me informaron de que el precio de la asistencia médica tenía que abonarlo en el barco, que luego tras la correspondiente reclamación al seguro, me lo reembolsarían en España. Como no entendía que tuviera que pagar por el daño sufrido en un peligroso elemento del tender que no estaba nada señalizado decidí hacer una reclamación, solicitando además, compensación por los daños y perjuicios sufridos.
A las 11:00 abandonamos el camarote, llevando el equipaje de mano con nosotros.
A las 12:00 llegada a Cozumel. Emotiva despedida de Marivi y José que volvían a España al finalizar el crucero.
A las 13:00 tramites de inmigración con las autoridades mexicanas que habían subido al barco. Los tramites fueron rápidos y pudimos realizar nuestra última comida en el buffet Panorama.
Por fin a las 15:00, tristes por el fin del crucero pero ilusionados por la semana que nos esperaba en la Riviera Maya, se realizo el desembarco. Lo primero identificar las maletas que habían depositado en el muelle al lado del embarcadero del ferry que nos iba a llevar a Playa del Carmen (en adelante diré simplemente Playa, que es como los del lugar llaman a Playa del Carmen y así pareceré mas veterano). Nos cruzamos por última vez con Marivi y José que habían estado paseando por las tiendas de Cozumel y volvían al barco para comer y nos despedimos definitivamente.
Para prevenir posibles incidencias me tomé una biodramina. Cuando llegó el ferry, vimos con inquietud como cargaban el equipaje y nos acomodamos en la parte inferior que marea menos. Como jabatos nos portamos, tanto Victor como yo, y llegamos al embarcadero de Playa sin novedad. Allí nueva despedida con reparto de las 2 botellas que aún quedaban del cava traído de Madrid: Carol y Victor y Judit y Victor iban al Hotel Mandarín y nosotros al Kantenah. La sorpresa fue que por problemas de overbooking en lugar de al Mandarín los llevaron al Riu Yucatán, ¡vaya cambio! Para no perder el contacto quedamos al día siguiente en Playa a las 16:00 horas en el restaurante Carlos & Charly que se encuentra en el muelle Fiscal (se trata del muelle que utilizan los ferrys que realizan el trayecto normal entre Playa y Cozumel y está mas céntrico que el muelle donde nos encontrábamos y que es el utilizado para el traslado de viajeros procedentes de los cruceros, no es que sea un experto conocedor de la ciudad, le pedí al encargado de llevarnos a los hoteles que me dijera un punto céntrico de Playa y ese fue el que me dio)
Cuando por fin llegaron las maletas las cargamos en los autocares que estaban esperando y nos dirigimos al hotel. Eramos pocos los que llegamos a la vez y la admisión fue muy rápida. Acto seguido nos llevaron en unos vehículos eléctricos hasta el edificio donde se encontraba nuestra habitación. Amplia, con 2 camas de 1,35 metros (para facilitar la labor del personal de limpieza solo usamos una) y todas las comodidades que describen en el catalogo. Deshicimos las maletas y nos lanzamos a descubrir el hotel.
Esta inmerso en un jardín botánico con caminos, puentes y sendas cubiertas por una especie de pórticos mayas que llevan desde los edificios de habitaciones hasta los restaurantes, el lobby, las piscinas, el spa, las tiendas, menos mal que te dan un mapa que, por lo menos al principio, te permite orientarte y encontrar lo que buscas con más o menos éxito.
La tienda tiene artículos con precios abusivos y otros que compiten con los de las tiendas de Playa, por ejemplo me estaba quedando sin cinta de DV para la cámara y compre una que me costó 165 pesos, casi 12 €, en Barcelona las compro por 2,50 €, al día siguiente encontré una por 115 pesos, pero la misma la compré en otro sitio por 55 pesos, así que ¡mucho cuidado!, sin embargo piezas de piel grabada las compramos por precios similares a los de Playa.
Pero vayamos por partes: se trata de 2 hoteles el Kantenah Palladium y el Colonial Palladium que comparten todas las instalaciones, el Kantenah al lado izquierdo y el Colonial al derecho si nos situamos mirando al mar desde la recepción. En el edificio central están los 7 restaurantes, aunque no todos funcionan a la vez:
La Hacienda y Tikal son los principales y en función de la ocupación se abren los dos o solo uno, el desayuno, comida y cena son tipo buffet. ¡Pero que buffet! Si la comida del barco me había parecido muy buena esta ya era excelente, en cuanto a calidad y variedad.
El Gran Azul, desayuno continental, buffet para las comidas y snacks a media tarde. Con la ventaja o inconveniente de que las mesas estan al aire libre, bajo techo pero al aire libre.
Hay 4 restaurantes temáticos, solo cenas con reserva, servicio a la carta y capacidad reducida (por una semana de estancia tienes tres reservas en los restaurantes temáticos)
La Adelita, restaurante mexicano. El Dorado, a base de carnes. Il Vaticano, comida mediterránea. Y Sumptuori, comida japonesa.
11 bares repartidos por todo el complejo, uno de ellos con barra en la piscina y otro, el Beach Bar, con servicio de snacks las 24 horas (pero más que snacks parecen platos combinados)
4 piscinas, una infantil, otra inmensa (de más de 3.000 metros cuadrados) con jacuzzis integrados y 2 más pequeñas, también con jacuzzi, una de ellas definida como de adultos y en la que está permitido el top-less.
Además cuenta con gimnasio (lo único que no pisé), sauna, jacuzzi interior, campo de mini golf, pista de baloncesto y de voleibol, agencia de viajes y boutiques, discoteca y teatro, espacios con cómodos sofás, 2 lagos con flamencos y uno con cocodrilos, iguanas por doquier y bichos raros que se paseaban por los caminos (lo único que no encontré fueron mosquitos, ¡no todo me iba a salir mal!) Los lunes, miércoles y viernes por la noche se monta un mercadillo en el patio del Colonial (los precios no son malos , después del obligado regateo, pero son mejores en Playa)
En cuanto a las actividades, las hay en la piscina, en la playa y en el teatro, pero debido al tipo predominante de turismo que alberga, canadienses y estadounidenses, la mayoría se realizan en inglés.
Cambiamos unos pocos euros por pesos (el cambio en el hotel era de 1 € por 13,20 pesos, en Playa conseguimos 1 € por 14 pesos) y compramos la mencionada cinta para inmortalizar aquellos momentos. Un recorrido por los bares, el todo incluido implica bebidas gratis, hizo que nos entrara hambre, nos metimos en el Tikal y disfrutamos de sus viandas. Aquí las bebidas también están incluidas: vino blanco o tinto, vino espumoso (nuestro cava y además elaborado por Freixenet), cerveza, agua o refrescos. A la salida de la cena seguimos recorriendo los espacios, nuevos para nosotros, parando en un par de bares para recobrar fuerzas y tras un romántico paseo por los desiertos caminos que cruzaban la espesura de la selva nos dirigimos a la habitación para dar por finalizado nuestro primer día en la Riviera Maya.
Al llegar nos habían puesto unas bonitas pulseras, signo de identificación para el Todo Incluido. Con esas pulseras no necesitas el pasaporte, así que los guardamos en la caja fuerte, seguros de que mientras conserváramos las pulseras no los íbamos a necesitar (yo, hombre prevenido, por si acaso llevaba encima una fotocopia que nunca tuve que utilizar).