Sigo con mi relato:
5º día
Flam
El barco atracó a las 9 de la mañana, con 1 hora de adelanto sobre el horario anunciado.
Eso nos permitió hacer una excursión extra (por nuestra cuenta) que en principio no tenía prevista porque no me coincidían los horarios: en el puerto de Flam hay unas lanchas que ofrecen un safari por el fiordo. La excursión corta dura 1 hora y media, y aunque cuesta 1.230 coronas noruegas 2 adultos y 2 niños, la verdad es que nos gustó mucho.
Te hacen poner un traje-salvavidas por si te caes al agua, aunque la lancha no tiene peligro si no te levantas cuando va en marcha. También te proporcionan gorro, guantes y gafas de esquiar, para protegerte del viento helado ya que se coge mucha velocidad sobre el agua. Nos hizo de guía Leonardo, todo en castellano porque había vivido un año en Esplugas.
La lancha va parando al pie de cascadas, granjas y pueblos del fiordo. Se ven de cerca y el guía da las explicaciones pertinentes. Por el camino si se tiene suerte se pueden ver focas o las ballenas del fiordo, que son parecidas a delfines, no os vayáis a pensar que son muy grandes. Cuando volvíamos ya de la excursión, el guía paró la lancha y empezó a decir: "¡Ballenas a la derecha!" Muy emocionante, pero sólo vimos su sombra, ya que no salieron a la superficie. En fin, otra vez será.
De vuelta al puerto de Flam, nos juntamos con Alcoyanos y Trueno para sacar los billetes reservados del tren turístico. Fue divertido, porque ya nos estaban esperando, y cuando nos acercamos el empleado noruego me preguntó si yo era Elena. Cuando dije que sí, teníamos pasillo VIP de entrada al tren, no pasaba nadie más que nosotros y nos llevaba directos al vagón que nos habían adjudicado, donde en la ventanilla constaba que estaba reservado a mi nombre. Teníamos 3 compartimentos reservados para 10 personas, con ventanillas a derecha e izquierda del vagón que se podían bajar para hacer bien las fotos. Nos reímos un montón con la anécdota.
Comimos en el bufet y los niños se quedaron en el barco con los amigos (por cierto, muchos recuerdos para Celine y David de parte de Montse y Miquel), mientras nosotros nos dedicamos a hacer senderismo por Flam. Caminamos hacia una cascada que hay a la parte derecha del río, por el camino que sale del cámping. Qué recuerdos, eh, Alcoyanos?
Un paseo relajante y con un paisaje y unas casas preciosas. Vimos y comimos fresas silvestres, y nos relajamos con las espectaculares vistas de Flam. Muy recomendable.
A la salida del barco nos quedamos en cubierta para ver los fiordos, no te cansas de mirar, menudas vistas...
6º día
Stavanger
Aunque era muy arriesgado, teníamos decidido intentar subir al Púlpito. La escala del barco, de 9 a 17 horas, nos permitía intentarlo, siempre que nos diéramos prisa en subir hasta arriba.
El horario es el siguiente: a las 9:30 sale el ferry hacia Tau desde el Fisketerminalen. Tardamos justo 30 minutos en llegar, ya que está en la parte opuesta al puerto donde atraca el Orchestra. Recomiendo coger taxi para ir con más tranquilidad, nosotros cogimos el ferry por los pelos.
Una vez en el ferry, se paga la excursión al Preikestolen (púlpito): ferry + autobús, ida y vuelta, 200 coronas noruegas cada adulto y 100 NOK cada niño. El autobús va enlazado con el ferry, se coge nada más llegar a Tau y en media hora te deja al pie del púlpito.
Empezamos la ascensión sobre las 11 menos cuarto, con muchos ánimos. Yo creía que el camino sería como el del glaciar, empinado pero transitable a buen paso, pero me equivocaba de medio a medio. Al poco de andar, el camino se convierte en un pedregal repleto de piedras, algunas mojadas y por tanto resbaladizas, con una pendiente que te obliga a subir como las cabras. La dificultad, claro, era el tiempo. Teníamos que subir y bajar en un máximo de 4 horas, ya que el autobús de vuelta lo teníamos que coger a las 15:10 si no queríamos perder el barco.
A las 12:45, mi hija y yo ya sin resuello, nos dimos por vencidas. No nos veíamos con fuerzas para aguantar el ritmo de marcha, y aún quedaba una buena media hora de camino, así que decidimos bajarnos tranquilamente.
Mi marido y mi hijo de 10 años decidieron continuar. ¡Y LO CONSIGUIERON! Ahora, eso sí, tuvieron que bajar a marchas forzadas, sin un descanso, pero a la hora prevista cogíamos el autobús de vuelta y el ferry (todo muy puntual), y llegábamos al puerto de Stavanger a las 16:30 horas.
Volvimos paseando hasta el barco, y aún pudimos ver por el camino la fachada de la iglesia. Las casas de madera las fotografié desde el barco, que atraca al lado, porque el día ya no daba para más. A mí las agujetas me duraron 3 días, y eso que no subí hasta arriba del todo. Pudimos hacerlo porque el tiempo acompañó: es imposible hacer el camino con mal día, además que desde el acantilado de 600 m sobre el fiordo no se vería la impresionante vista que puedieron disfrutar mi marido y mi hijo. A mí me dejaron impresionada, sobre todo el niño, por aguantar hasta el final.
Hasta aquí mi relato por hoy. Cuando pueda os contaré la escala de Oslo.
Ciao!