DÍA 1 - COPENHAGUE - 04.07.09
Llegamos temprano a la nueva terminal 1 del Aeropuerto del Prat de Barcelona, como dormíamos en un hotel cercano a las 7 ya estábamos allí y hasta las 8.15 no empezaba la facturación así que, a esperar tocaba... Investigamos un poco la zona de facturación y demás de la nueva terminal, muy bonita y muy nueva aunque con poca gente aún y muchos perdidos, menos mal que había unos cuantos chicos que te indicaban donde ir... A la hora prevista empezó la facturación y ya ahí aparecieron la gente de Costa que resolvían dudas de última hora, daban las pegatinas de los camarotes a quien no las tenía y demás...
Una vez ya facturamos nos dirigimos hacia dentro para poder desayunar que ya había hambre jejeje la zona donde solo entran los pasajeros me gustó mucho, el suelo negro reflejandote en el, con mucha luz y casi todo de cristal/vidrio. Después de reponer fuerzas ya nos dirigimos a la puerta C73 y sobre las 9.45 empezó el embarque muy puntual; el vuelo salió a su hora (10.15) y duró unas 3 horas más o menos. Era un vuelo charter y tuvimos suerte pues una de las maletas pesaba un poco más de 20kg pero nos la dejaron pasar sin pagar, menos mal...
A las 13.15 llegábamos al aeropuerto de Copenhague, y ya desde el avión pudimos ver los famosos molinos de viento en el mar y "algo amarillo al fondo" que luego resultó ser el Costa Mediterránea:) Nada más salir ya están las chicas de Costa esperando y te dirigen hacia el autobús para llevarte al barco. Ah! Desde que facturas las maletas en Barcelona ya te olvidas de ellas hasta el barco, esto me gustó mucho jijiji.
Desde el primer momento que entramos en la ciudad supe que me iba a gustar, las calles en calma, unas casitas preciosas, bastantes iglesias todas diferentes, muchas bicis por las calles y muchos canales! Me sorprendió mucho lo de las bicis, luego nos enteramos que en la capital no suelen haber atascos porque más del 40% de la población se desplaza en bicicleta:eek:.
Al llegar al puerto nos recibieron 3 barquitos... el Zenith,
el MSC Orchestra (impresionante!)
y nuestro Costa Mediterránea, que sólo se veía en parte ya que le tapaba un edificio.
Al llegar te hacían rellenar un papel como que no tenías los síntomas de gripe A y te daban un número para ordenar el embarque. Nos dieron el 13 e iban por el 11, así que supongo que no tardarían mucho, nosotros por ser socios del Costa Club (bueno mis padres jeje) no teníamos que hacer cola y entramos directamente. A las 14.15 ya estábamos en nuestro camarote alucinando de lo rápido que se había hecho todo. Subimos a comer al buffet Perla del Lago y tuvimos suerte pues aún no había embarcado mucha gente. Terminamos pronto y como el barco no salía hasta las 6.30 pensamos en ir a dar una vuelta por el puerto y ver la famosa Sirenita.
Con los mapas de Copenhague en la mano y preguntando un poquillo a unos guardias nos fue fácil llegar a pie, eso si, más de 30 minutos andando bajo un sol de justicia (ese día hacían 32º en Copenhague, increíble pues el sábado siguiente apenas llegábamos a los 15º...). Nada más salir del puerto es girar a la izquierda y andar al lado de la valla que separa el puerto y la via del tren, una vez llegas a la otra terminal a la derecha entre unas fincas y alfinal de la calle otra vez a la izquierda hasta el final que ya llegamos a una indicación, al lado de un pequeño puertecito deportivo encontraremos la famosa Sirenita...
No había mucha gente por las horas que eran (sobre las 4.30) y la calor que hacía, así que pudimos sacarnos bien las fotos con ella... aunque se crea que no es la original si que lo es (en la escala del último día lo explico, que es cuando nos contó la historia el guía). No tiene mucho misterio la estatuilla esta, no te puedes ir de Copenhague sin verla claro, pero creo que tampoco pasaría nada si no la vieses... me pareció mucho más bonito el paseo hacia ella por el puerto con sus barquitos. Después de esto ya regresamos al barco a ver si podíamos darnos un chapuzón pero una manada de mosquitos invadía Copenhague y todo lo que había cerca del agua, y como la piscina cubierta no estaba cerrada era imposible estar fuera, pues los bichitos verdes te comían a la mínima... Así que nada, a descansar y empezar a descubrir el barco, que bastante nos costó!