
PREPARADOS PARA LEEEEEEEEEERRRRRRRRRRRRMuchos son los que se encaminan directamente a Dubrovnik o a algunas de las islas dálmatas olvidando por completo a Split, la segunda ciudad de Croacia, lo que es una lástima, porque tras los grises edificios comunistas, se esconde la antigua Spalato, con una herencia de siglos de historia que ha llegado perfectamente preservada hasta nuestros días. La historia de la ciudad se remonta al IV a.C. Cuando los griegos crearon una colonia aquí que bautizaron como Aspalathos. Cuando los romanos obtuvieron el dominio de la región crearon la provincia de Dalmacia, y nombraron capital a la cercana Salona, rebautizando a Aspalathos como Spalatum.
Ambiente en el centro: Plaza Narodni
Aunque Split prosperó gracias al comercio, fue durante el reinado del Emperador Romano Diocleciano (245-313 d.C.) cuando obtuvo la fama. Diocleciano había nacido en Dioclea, cerca de Salona, y en el 305 decidió retirarse de la política e hizo construir un palacio a orillas del mar en la cercana Spalatum en el que pasar sus últimos años de vida. Después de su muerte el palacio se continuó usando como lugar de retiro para los emperadores romanos, pero finalmente quedó abandonado. En el siglo VII Salona fue destruida por tribus de Avaros y Eslavos, y muchos de sus ciudadanos huyeron a Spalatum, para protegerse en el intLa ciudad vieja está dividida en dos partes, por un lado la que fue construida sobre las ruinas del Palacio de Diocleciano y la que se fue erigiendo al oeste de sus murallas. El palacio de Diocleciano fue construido en forma de fortaleza rectangular, y sus murallas medían 215 metros de este a oeste y 180 de norte a sur. Después de que los habitantes de Salona ocuparan el palacio y lo convirtieran en su residencia, el palacio fue cambiando progresivamente de aspecto, convirtiéndose en una ciudad en sí misma, mientras los habitantes reutilizaban sus ruinas como hogares o lugares de recreo. El gran cambio se produjo con la llegada del cristianismo, que eliminó gran parte de los antiguos símbolos paganos y convirtió los templos en iglesias y catedrales.
El palacio tiene cuatro puertas e iniciaremos este recorrido penetrando por la Puerta del Este, más conocida como la Puerta de Plata, que lleva directamente al corazón del viejo palacio. La primera estructura que destaca es el antiguo mausoleo de Diocleciano que después de la llegada del cristianismo fue convertido en la catedral de Split. A pesar de que la tumba desapareció y la mayoría de detalles fueron destruidos por los celosos cristianos, la arquitectura es claramente romana y los que tengan buena vista podrán contemplar el rostro de Diocleciano esculpido, que por lo que parece alguien olvidó eliminar.
Frente al mausoleo se halla el evocador peristilo donde poder sentarse y tomar un café mientras se intenta imaginar como era la vida aquí en tiempos de Diocleciano. En la parte sur del peristilo hay por un lado unas escaleras que llevan al Vestíbulo, una cúpula abierta con una maravillosa sonoridad y donde en ocasiones hay coros cantando para la delicia de los visitantes; las escaleras que bajan introducen al visitante en una especie de subterráneo hoy lleno de tiendas de recuerdos, que desemboca en una puerta en el lado sur de la muralla, que se cree que antiguamente servía para descargar las provisiones que venían por mar. El Peristilo
Palacio de Diocleciano: salas y mercado subterráneo
Junto a esta puerta se hallan también una serie de salas subterráneas hoy vacías pero igualmente misteriosas y evocadoras. Volviendo de nuevo hacia el peristilo y tomando una calle que sale de él, se llega el sobrio Templo de Júpiter, que fue convertido en un baptisterio, pero que continúa conservado el aroma de tiempos pretéritos.
Las atracciones y sorpresas que esperan al visitante en el interior de las murallas del palacio son infinitas, y sería imposible describir cada rincón del enjambre de callejuelas, es por ello que el principal encanto es pasear sin rumbo a medida que se descubren siglos de historia escondidos entre los hogares medievales. Split es una de esas pocas ciudades en las que se puede sentir que la historia flota en el ambiente, y donde las piedras parecen susurrar al oído del visitante todo cuanto han visto pasar desde que la ciudad fuera creada.
Introducción El Palacio de Diocleciano Resto de la Ciudad Vieja Salona y el Museo Arqueológico Trogir Guía práctica
erior del palacio que acabó por convertirse en hogar de esta gente y sus descendientes.
La Puerta de Hierro
A lo largo de los siglos Split cambió de manos innumerables veces, pero los restos del antiguo palacio romano siguieron constituyendo el núcleo de la ciudad. Como gran parte de Dalmacia, Split estuvo muy influenciada por Venecia, de la que formó parte en varios periodos, y de la que heredó un toque italiano en su personalidad, siendo conocida durante mucho tiempo como Spalato. No sería hasta la llegada de los nacionalismos a finales del siglo XIX y principios del XX cuando abandonaría el nombre italiano de Spalato y sería oficialmente conocida por el nombre eslavo de Split, convirtiéndose en uno de los bastiones del nacionalismo croata. Durante la guerra de los Balcanes, aunque Split sufrió la crisis económica, apenas fue bombardeada y gracias a ello hoy podemos disfrutar de la belleza de sus estrechas callejuelas jalonadas por antiguos palacios medievales y restos romanos. La Catedral
Split no es tan sólo el Palacio de Diocleciano, más allá de las antiguas murallas hay multitud de tesoros por descubrir. Tomando desde el peristilo la calle Kresimirova en dirección oeste se atraviesa la puerta de Hierro frente a la que se abre la plaza medieval Narodni. Al penetrar en este espacio rodeado por antiguos edificios, entre los que sobresale el antiguo ayuntamiento de estilo veneciano, se tiene la sensación de haber llegado a Italia: el ambiente mediterráneo, multitud de gente paseando, niños jugando, terrazas con gente degustando deliciosos cafés y sosteniendo animadas charlas,...
Aunque esta parte de la ciudad se encuentre fuera del palacio, no por ello tiene menos encanto, pues la estructura laberíntica de pequeñas callejuelas tiene el mismo aspecto que su contraparte en el interior de las murallas. Tomando la calle Subiceva que emerge del otro extremo de la plaza, se llega a la pequeña plaza Brace Radica, vigilada por la Torre Norte, el único resto que ha sobrevivido de un castillo veneciano del siglo XV, que se extendía hasta la misma orilla. Desde la plaza se llega en apenas unos segundos al agradable paseo marítimo, con multitud de bares y terrazas ideales para disfrutar de las vistas del Adriático por un lado y de la ciudad vieja por el otro.
Después de haber disfrutado de una cerveza bien fresca se puede continuar por el paseo en dirección oeste hasta llegar a la Plaza de la República más conocida como Prokurative (pórtico), de claro estilo italiano y rodeada por un pórtico ideal para esconderse del potente sol del verano. Muy cerca de la plaza está la calle Marmontova, una deliciosa calle peatonal llena de comercios y grupos de jóvenes y familias paseando arriba y abajo y disfrutando del agradable clima mediterráneo. Paseo Marítimo
Plaza de la República
Dejando atrás Marmontova, vale la pena encaminarse al antiguo barrio de Veli Varos, normalmente olvidado por los turistas que visitan Split, y cuyas empinadas calles presentan una rica colección de casas de estilo dálmata. Callejear por Veli Varos también es una buena manera de llegar a la colina Marjan, desde donde se contemplan unas privilegiadas vistas de la ciudad, con el gran campanario de la catedral sobresaliendo entre las casas de color perla que conforman la ciudad vieja.
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RR