Museo de Santa Sofía
Basílica de las cisternas
El segundo día en Estambul se planteaba con cierta tristeza, ya que era el día del desembarque del jade. Una vez desembarcados, nos encaminamos hacia nuestro hotel para poder dejar las maletas y continuar con la visita a esta gran ciudad. Aprovechando que nos hospedábamos en el Barceló Saray, situado frente al gran bazar, fue éste el objetivo de nuestra primera visita del día. Impresionante y de gran belleza, y con cerca de siete mil tiendas, puedes llegar a perderte en él literalmente. Aunque de carácter turístico creo que su visita es imprescindible. Los vendedores Turcos tienen un carácter comercial muy diferente a los “plomos” de los Egipcios o Magrebies. De hecho, como ellos mismos dicen, son Otomanos no tienen nada que ver salvo que son musulmanes. Entramos dentro de Santa Sofía, que había quedado pendiente del día anterior. También visitamos la mezquita de Solimán el Magnífico, si bien ésta se encuentra en restauración y no era posible su visita al interior, salvo una pequeña sala de oración en donde pudimos contemplar en fotografías la grandiosidad de la misma.
Después de comer los obligados kebabs, tomamos dirección hacia el bazar de las especies, lleno de coloridos y aromas de toda clase, en donde pudimos probar y comprar las típicas delicias turcas, y charlar animadamente con algunos de los vendedores de especias que nos mostraban sus productos y esas maravillosas hebras de azafrán, pimientas de toda clase, comino, clavo, etc…, y otras que ni siquiera había oído hablar de ellas. Muy bonito también el mercado del pescado por su presentación, en los exteriores del bazar.
Avanzada la tarde, tomamos de nuevo el tranvía y después el funicular que nos dejaría en plena plaza de Taksin, parte moderna de Estambul con la calle comercial más grande de la misma, con cadenas de tiendas multinacionales y una gran cantidad de restaurantes y auténticas mareas de gente. Sin mayor interés, al menos para nosotros, terminamos cenando allí.
Los otros dos días los dedicamos, primero a visitar el Palacio de Topkapi, enorme en tamaño y cuya visita pausada lleva varias horas.
Vistas del Bósforo desde los jardines del Palacio de Topkapi
Visitamos también el barrio de Gálata, callejeamos sin rumbo fijo, y descansamos nuestras maltrechas piernas después de tantos días de viaje en algún que otro café, fumándonos esas maravillosa pipas de agua con sabor a manzana verde que tienen. El paseo en barco por El Bósforo y otras muchas cosas nos las reservamos para la próxima visita a Estambul.Tampoco es cuestión de verlo todo, que si no se nos acaban las excusas para regresar de nuevo:D.
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