Día 4: jueves 11 de octubre de 2007. Sant Vincent: La Isla de Los Piratas.
Ayer nos avisaron de que debido a las malas condiciones meteorológicas se había cancelado la escala en Mayreau y que en su lugar visitaríamos St. Vincent. Lo cierto es que ya veníamos concienciados desde España de que el barco realizaba en contadas ocasiones la escala en Mayreau, por eso no nos importó demasiado el cambio. El día de barbacoa en la playa y la visita de los Cayos de Tobago nos apetecia muchísimo, sobre todo porque después de tanto tute el cuerpo nos hubiese agradecido un descanso, pero bueno, qué le íbamos a hacer, visitar la Isla donde se había rodado “Los Piratas del Caribe” nos hacía también mucha ilusión. Yo hoy me había levantado de muy buen humor, a pesar de sólo haber dormido unas cuatro horitas, pero es que era mi cumple y un par de amigos me despertaron con el cumpleaños feliz, además me habían traído una botella de champán la noche anterior, así que no podía pedir más. Como cada día, fuimos a desayunar a la terraza clipper. Lo cierto es que el día estaba algo oscuro, contrastaba con el verde de St. Vincent, ese contraste del cielo y del mar revuelto con la vegetación de la isla era impresionante. Desayunamos e hicimos el ritual de siempre. A las diez ya estábamos en recepción listos para bajar. Pero sorpresa, estaba lloviendo muchísimo, diluviando, y no podíamos ni bajar del barco. Estuvimos 10 minutillos pensando en qué haríamos y de repente escampó. El tiempo justo para correr hasta el centro comercial, sacarnos unas cuantas fotos en el cartel de bienvenida a la isla y negociar con los taxistas el recorrido. Hoy éramos 30 personas, así que necesitaríamos 3 vans. El precio era de 20$ por persona y el recorrido era de 6 horas y media incluyendo: Walilabou y el set de piratas del Caribe, el jardín Botánico, el Fortín Charlotte, la capital y la estancia en una playa hasta regresar al barco. Nos costó un poquitín distribuirnos en las vans, pero en unos minutillos ya estábamos en marcha. Por el camino los paisajes eran preciosos, ese día de tormenta los hacía impresionantes, porque el mar tenía un color azul turquesa mezclado con el marrón de la arena, eran las escenas de la película en la vida real, tal cual. En poco más de media hora llegamos a Walilabou, fue bajarnos del coche y empezar a llover, cada vez más fuerte. Pero no nos importó. Allí seguimos bajo la intensa lluvia disfrutando de todos y cada uno de los escenarios de la película: el puerto a donde llega La Perla Negra, la taberna donde reclutan a los marineros… sacamos fotos en cada uno de sus rincones y nos mezclamos con sus gentes. La mayoría habían actuado como extras en la película. Carlson, un niño que vende conchitas en el puerto, guapísimo, nos guió hasta la otra parte del set. Allí conocimos a su tío, que nos comentó que el había hecho de remero. Nos explicaron que el set lo construyeron en seis meses, y que el rodaje duró 3 meses más, que los actores y la gente del rodaje habían sido encantadores, los mismos taxistas que a nosotros nos guiaron por St. Vincent habían sido el medio de transporte del personal de la película…. Todo allí giraba entonro al rodaje. De hecho están esperando porque ya les han adelantado que en cuestión de meses volverán para rodar una cuarta parte. Tras la visita nos fuimos al bar. Es un típico bar de puerto del siglo pasado, con sus bollas de cristal colgando del techo y su centralita de hace siglos. Es auténtico, a nosotros nos encantó. En la parte de atrás, en la pared, tienen una especie de mural, con autógrafos de todos los actores, directores, etc. (en el medio, en una calavera, se puede ver el de Johnny Deep) y fotos del rodaje. Yo por mi me hubiera quedado aquí muchas más horas y eso que diluvió todo el rato y no pudimos disfrutar del lugar como realmente nos hubiera gustado. Hay una estructura en el mar, que es donde iban a ahorcar a Jack Sparrow, a la que, en caso de haber hecho buen tiempo, podríamos haber llegado nadando y pasar un buen rato sacándonos fotos y viendo sus entresijos. Aún así, no me quejo, el lugar me alucinó.
Seguimos camino, pero no paraba de llover y ya empezábamos a estar algo desesperados, además de calados hasta los huesos y muertos de frío. Imagínate que en la vanette el conductor nos puso la calefacción. Con eso os digo todo. Aún así no quisimos dar por terminada la visita. Nos llevaron al jardín botánico. Un grupo de guías se abalanzaron sobre los vehículos. Al parecer la entrada es gratuita y los que cobran son estos hombres por contarte la historia del jardín y de cada planta. El Jardín Botánico es al aire libre. Como seguía sin parar de llover (no penséis que llovía un poquito, sino que, diluviaba) decidimos suspender la visita.
Nos acercamos entonces al Fuerte Charlotte y sacamos unas fotos de sus bonitas vistas. Si hace buen tiempo podréis sacar unas panorámicas preciosas del barco y de la bahía, a nosotros nos salieron algo oscuras. La entrada al fuerte es gratuita. Dentro hay un pequeño museo con algunos cuadros y se puede subir a la parte alta. Nosotros no estuvimos mucho tiempo porque estábamos calados y teníamos miedo de enfermar y no poder disfrutar del resto del viaje. Así que nuestro conductor, a ritmo de un CD made in Spain que iba subiendo a medida que veía que nos animábamos, nos llevó de regreso al barco. Previo paso por la capital, que nos pareció preciosa y que sólo pudimos disfrutar desde el taxi. Es pequeñita, pero muy cuquiña. Nos dejaron en la terminal de cruceros. Les pagamos lo acordado, porque los pobres fueron encantadores y no tenían ninguna culpa de que la lluvia nos hubiese chafado las visitas. Como siempre no podíamos dejar de visitar las tiendas de la terminal de cruceros. Un grupo nos amenizaba la visita. Lo más típico de la isla son las muñecas con trajes de carnaval. Al parecer el carnaval se celebra muchísimo tanto en Granada como en St. Vincent. De hecho camino de Walilabou os enseñarán un estadio en el que celebran el carnaval (como el sambódromo pero mucho más modesto, pero bueno, da una idea de la importancia que esta fiesta tiene para los lugareños). Los trajes son preciosos. Otros objetos que podéis comprar son los loros tallados en madera, artesanía… En la terminal de cruceros, si os bajáis el portátil tendréis WIFI, y por lo tanto, internet gratuito. Justo al lado de los músicos veréis unos bancos repletos de turistas con sus ordenadores. Hay también una tienda con colecciones de sellos preciosas, y a muy buen precio. Aquí está también la oficina turística, con mapas de St. Vincent y del resto de las granadinas.
Al llegar al barco nos cambiamos y aunque parezca mentira nos pusimos ropa de abrigo. Hombre, no un plumífero, pero sí una chaquetita. Hubo quien incluso tiró del pantalón largo. Comimos algo en la terraza Clipper, y de ahí directos al Belvedere. Es como si el día empezara de nuevo. Lo pasamos en grande. Resulta que como el día estaba tan malo, como fuera diluviaba, se habían suspendido las excursiones y la mayor parte de los pasajeros estábamos ya a bordo, pues Pullmantur le había pedido al personal de animación que saliese a entretener a los pasajeros. Nosotros en el Belvedere nos encontramos al mago, que estuvo durante más de una hora haciendo unos trucos fantásticos. Lo pasamos en grande con él. Además como mi cuñada le dijo que estaba de cumpleaños, nos citó para el espectáculo de la noche, para hacer un numerito. Tras el espectáculo de magia nos reunimos un grupito en los sofás del Belvedere y el otro grupito en la barra, y empezamos a beber mojitos, caipiriñas, cava, pacharán…cada cual su bebida preferida, que a estas alturas ya la teníamos clara, y a hablar, hablar y hablar. Estuvimos hasta casi la hora de la cena. Pasamos un rato increíble, nos conocimos muchísimo mejor, descubrimos que habíamos hecho un grupo fantástico y además que nos habíamos pillado un borrachera tremenda sin quererlo. Cuando me quise levantar para ir a cenar pensé que me iba mal. Y es que la caipiriña entraba estupendamente, pero a lo tonto a lo tonto habían caído unas cuantas. Pero bueno no era la única, quien más y quien menos estaba igual. Menuda montamos para ir desde el Belvedere hasta el camarote. En fin…… Una duchita y ya estábamos listos para ir al espectáculo, tal y como le habíamos prometido a Gustavo, El Mago.
Primer show y allí salgo yo. Yo ya sabía que aunque me había prometido que no me cortaría a la mitad ni nada parecido (aunque mi novio le había pedido que me hiciera desaparecer) algo de ridículo haría, y así fue. Resulta que yo tenía que elegir una carta, y hasta ahí sin problemas. El problema vino porque de lo nerviosa que estaba me olvidé de cual era la carta que había escogido. Entonces, tras tocar la flauta, hacer un show con una serpiente, etc. etc. llegó la pregunta que yo llevaba todo el rato temiendo. “¿Es esta la carta que has elegido?”. Y ni corta ni perezosa le digo “bueno, el número creo que sí, pero del palo no me acuerdo”. No veáis la cara del pobre hombre. Me dijo que entre la serpiente y yo le estábamos boicoteando el espectáculo. Así que desde entonces creo que Gustavo pasa de las cumpleañeras. Je, je. Se lo tomó con buen humor. Menos mal.
De aquí nos fuimos directos a cenar. La cena fue genial, porque mis compis que son estupendos, me pidieron una tarta, y se levantaron todos para cantarme el cumpleaños. Bueno, casi lloro y todo. Además me habían comprado los pendientes de tortugas de los que me había enamorado en Barbados. Creo que fue uno de los mejores cumpleaños de mi vida. Comimos tarta, brindamos y nos fuimos corriendo para apuntarnos a la elección de Miss Drag Queen, pero cuando llegamos ya habían cerrado la inscripción. Así que apesadumbrados buscamos nuevo plan. No teníamos Karaoke, no podíamos hacer lo de Drag Queen…. Vimos un rato a los que se presentaron, nos reímos un montón, tomamos algo todos juntos en el Belvedere y bajamos al Buffet Magnífico. Ya lo habíamos visto en otras ocasiones y quizás por eso, cada vez te sorprende menos. Aún así es un trabajo impresionante, muy laborioso y que tiene muchísimo mérito. Mientras veíamos el buffet fueron cayendo las primeras víctimas de tantos días de juerga. Cuando nos dimos cuenta ya sólo quedábamos 8. Así que una copita en la Starlight y para cama. Mañana el día prometía. Día de navegación: diversión a bordo, qué maravilla. Al fin podríamos levantarnos tarde.