dia 2 MUSCAT:
Tras una pausada navegación por el Golfo Pérsico, llegamos a la escala más hermosa y escenica del crucero. Cuando sales a desayunar a cubierta, no puedes dejar de maravillarte ante la costa de la ciudad de Muscat. El Sultanato de Oman, lleva el desarrollo de forma más tranquila que otros emiratos. La tradición es uno de los ingredientes básicos de Oman, y por supuesto de Muscat, una capital situada en la antigua ruta del incienso. Si Dubai había sido un frenetico desarrollo, Muscat es una enorme sucesión de montañas de color caramelo, con capas de merengue blanco que son sus casitas bajas del paseo marítimo. Desde las cubiertas del Luminosa, podemos ver el paseo marítimo de Muscat, en donde no hay edificios altos, ni practicamente ninguna nota discordante. Fortalezas portuguesas encaramadas en lo alto, un enorme incensario, presentía que el destino valdría la pena.
Aunque es caminable, hay que tomar un shuttle gratuito hasta la salida del puerto, y caminar hasta el centro, hasta el zoco. Pero si queremos visitar otros puntos como la mezquita, el Palacio Real o el Museo Nacional, hay que pactar con los taxistas. Yo opté por una excursion de medio día que incluía esos puntos. La Mezquita de Muscat tiene una estructura peculiar. Tradicion, pero con un diseño de lo más actual. Hay que recomendar algunas cosas, con respecto al vestuario: pantalones largos, y nada de manga corta para las mujeres. Además, es necesario un pañuelo, chalina, o algo similar para tapar los cabellos. Un interior especialmente opulento, en donde podemos explorar con tranquilidad sin ser molestados por estrictas normas.
El Museo Nacional no reviste un especial interés (pero si una colección de objetos que muestra la evolución de la historia Omani), pero si la ruta sorteando villas blancas, y pasando previamente por el Palacio del Sultan, caracterizado por estar rodeado de fortalezas portuguesas, una inmensa esplanada con aceras de marmol y unos impolutos jardines en donde cada flor tiene un sistema de irrigación individual. Pero lo más excitante del viaje, es caminar por el paseo marítimo de Muscat, contemplar las fachadas blancas, y meterse en un zoco tradicional, con el aroma de las especies, perderse entre telas multicolores, o mirar las artesanos populares en un entorno de actividad. No se produce un especial acoso comercial a los turistas, como en otros paises árabes. A media tarde cuando, cerca del anochecer, los Omanies usualmente vestidos de forma tradicional, descansan al borde del mar, y descansan esperando el canto del moacin en una mezquita que mira al mar. No dejeis de fijaros en el enorme yate del Sultan, fondeado a la entrada de la bahía.
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