30 DE MARZO, MONTEGO BAY
Por fin la primera escala y con ella las primeras excursiones:
COSTA SUR / CASCADAS YS FALLS: recorrido por el sur de Jamaica con visita a un parque de cocodrilos y paseo y baño por unas de las típicas cascadas de la isla. Duración: 8:30 horas. Precio: 68 € (adultos), 40 € (niños).
RIO MARTHA BRAE Y MERCADILLO: bajada por el río Martha Brae en canoas de juncos y visita al mercadillo de Montego Bay. Duración: 6:30 h. Precio: 58 € / 36 €.
MAYFIELD RIVER WALK: recorrido por el río Mayfield. Dur.: 5.00 h. Precio: 44 € / 29 €.
ROSE HALL Y COMPRAS: visita a la casa colonial famosa por una mujer, Rose Hall, que se dedico a envenenar maridos millonarios para hacerse con su fortuna (es casi seguro que su fantasma sigue merodeando por la casa y ese es su principal atractivo) y compras en el mercadillo. Dur.: 4:15 h. Precio: 43 € / 28 €
NEGRIL Y CATAMARAN: visita a la ciudad de Negril y paseo en catamarán. Dur.: 6:15 h. Precio: 75 € / 45 €.
Cuando planificaba el crucero mi idea era salir del barco y enrollarme con un taxista para que me llevara al Martha Brae o a las cascadas de Dunn’s River, pero como no nos pusimos de acuerdo y había división de opiniones al final contratamos las excursiones en el barco: los lunamieleros se fueron a la Costa Sur y los bodaplateros al rio Martha Brae. Asi se desarrolló el día:
A las 7:30 sonó el despertador, ya nos estabamos adaptando al horario del nuevo continente. Mientras nos levantábamos vimos por la ventana del camarote como el Holiday Dream atracaba en el puerto de Montego Bay entre barcos algo mayores. A las 8 desayunamos y a las 9:30 estabamos listos para desembarcar pertrechados con nuestra nueva mochila, una botella de agua, repelente de mosquitos, protector solar, gorras, gafas de sol, cámaras de vídeo y fotográfica, cintas y baterías para la cámara y unos cuantos dólares que habíamos traído de España. El desembarco fue rápido con la presentación de la famosa tarjeta de identificación que vale para todo (para salir y entrar, para abrir la puerta del camarote, para pagar las consumiciones en el barco,...) y con la recomendación de que no olvidáramos el pasaporte.
Nos dirigimos al autocar designado para nuestra excursión y salimos del recinto portuario. Las autoridades del “no problem” se limitaron a asomarse en el autobús y nos dejaron salir. Se cambió el orden del recorrido y en primer lugar fuimos al mercadillo (para que no se acumulara toda la gente de golpe en el río). El guía, dominicano por más señas, con su voz cadenciosa al estilo ¡me estáis estresando!, iba dando amenas explicaciones acerca del país y sus costumbres (no las voy a relatar ahora porque sí no maldita la falta que hará que hagáis el viaje y además ¡no me acuerdo! ¿vale?)
En unos 10 minutos llegamos al mercadillo y ¡hala! una hora a pelearnos con los vendedores. A mi no me gusta regatear, prefiero ver la etiqueta del producto y si me satisface lo compro, pero eso allí no funciona. Compramos varias cosas y nunca di más del 50% de lo que me pedían, en algunos casos salió bien a la primera con lo que me quedó la sensación de haber sido engañado y en otros no hubo manera con lo que cambiamos de parada. De entrada lo que te choca es la explosión de colorido de sus ropas y tenderetes, luego lo oscuro de su piel y por último lo fácil que es entenderse cuando de transacciones comerciales se trata, los idiomas son distintos pero los números son iguales y te escriben el precio en cualquier parte, precio que luego van reduciendo hasta que compras o te vas con viento fresco. Los había que daban miedo y te miraban con desprecio pero en general hubo buen rollo y el trato fue amable incluso cuando no les comprabas nada.
Tras un recorrido de unos 45 minutos por una deplorable carretera, a pesar de haber sido descrita como una de las mejores del país y de comprobar hasta que punto dos o más vehículos pueden acercarse sin tan siquiera rozarse, gracias entre otras cosas a las cunetas, llegamos a la localidad de Martha Brae para dirigirnos al punto en que se iniciaba el descenso del río. Por el camino tuvimos oportunidad de ver lo que es vivir muy bien y muy mal, según el guía en Jamaica no hay clase media: unos son muy ricos (principalmente los que han podido ir a trabajar al Canadá y han vuelto con buenos ahorros y pensiones) y otros muy pobres. Las casas de unos son mansiones , las de los otros son chabolas a medio construir, ya que el material de construcción es muy caro y lo van comprando a medida que disponen de algunos dólares.
Al llegar a la cabecera del río nos obsequiaron con un combinado de frutas que bebimos con reticencia ya que el principal consejo es no beber agua no purificada y a saber de donde había salido el agua con la que habían hecho el hielo (de todas formas nadie sufrió de nada). Un trío de músicos, que estaban rozando ya el fin de sus vidas, nos amenizó el momento.
Por fin embarcamos en las canoas: más artesanas no podían ser, 13 cañas de bambú atadas con alambres de unos 5 metros de largo y con un asiento, también de cañas, para dos personas. Por suerte les ponían un cojín para alivio de nuestras posaderas. Un barquero provisto de una larga vara y equipado con una mochila nos condujo río abajo.
En verdad que los 50 minutos que duró el descenso fueron románticos y encantadores, de vez en cuando en un perfecto jamaiqués (inglés mezclado con palabras criollas) el barquero nos señalaba una planta, un árbol, un pájaro, una araña,... yo asentía y sonreía, incluso las veces que no le entendí nada. La bajada no es nada peligrosa, aunque hay tramos relativamente rápidos y otros en los que el barquero tenía que hacer verdaderos esfuerzos para avanzar. Hicimos carreras con Carol y Victor que nos seguían y nos reímos un montón cuando vimos a un incauto pasajero que había tomado el control de la embarcación, mientras el barquero se enrollaba con su mujer y sudaba como un condenado haciéndola avanzar. Cuando llegábamos al final el barquero nos ofreció unas calabazas talladas y grabadas por él, como no nos terminaron de gustar no se las compramos y nos despedimos.
Cuando todos hubimos finalizado el descenso subimos de nuevo al autocar y regresamos al barco.
A las 15:30 comimos y como hasta las 17:30 teníamos tiempo de estar en tierra bajamos a las instalaciones del puerto a ver tiendas y realizar una última compra.
Los que hicieron la otra excursión se lo pasaron muy bien a pesar de las 2 horas de ida y 2 de vuelta por infames carreteras, les gustó el paseo por las cascadas y disfrutaron bañándose en las piscinas naturales, además vieron como le daban de comer a un cocodrilo.
El barco tenía prevista su partida a las 16:00 pero, según anunciaron, la avería de otro barco que nos bloqueaba la salida ocasionaba nuestro retraso. Mi mujer no entendía que el Holiday Dream no pudiera salir, yo intentaba explicarle que no podíamos maniobrar por culpa del otro barco y ella insistía en que si se separaba un poco del muelle y luego retrocedía salvaba el obstáculo del otro barco y luego ya podía dar la vuelta para enfilar el mar abierto. Incapaz de convencerla dejamos la charla y nos fuimos a la piscina interior y al jacuzzi.
A las 20:00 el barco empezó a moverse a pesar de que el otro seguía en el mismo sitio. Desde el puente de la cubierta 10, vimos como dirigido por el Capitán y sus subalternos y bajo la irónica sonrisa de mi mujer, el Holiday Dream se separó un poco del muelle inició el retroceso y luego viró para enfilar el mar abierto. No hay más comentarios.
A las 21:15 espectáculo “Noche de cine”, un musical ambientado en el cine que estuvo bien.
22:15 cena. El vestuario sugerido era negro y blanco, yo con pantalón negro y camisa blanca y mi mujer con un vestido blanco y negro. No hubo la unanimidad de la noche anterior y había ropas de todos los colores.
A las 0:00 elección de Mister Holiday Dream. No temáis, no me presenté. Y además hubo tongo, porque no gano ni el más guapo, ni el más cachas, ni el más simpático. Aunque quizás no hubo tongo porque ganó el más gracioso, que cuando se despojó de la camisa, en la prueba del streap-tease, nos deleitó con una camiseta que simulaba un cuerpo de culturista.
A las 0:45 humor para adultos con el Mudo Esperanza, chistes subidos de tono que nos hicieron pasar un buen rato. A las 2:30, por fin, nos acostamos.